Gobierno debe ajustar rumbo
Muchos observan con enorme decepción y tristeza como el Gobierno que tomó posesión el pasado 1° de septiembre parece estar entorpeciendo y obstaculizando el desarrollo económico y social del país, al adoptar medidas contraproducentes cuyas consecuencias ya empiezan a sentirse y que en los próximos meses, al menos que se tomen medidas correctivas inmediatas.
Entre los errores cometidos sobresalen el aumento excesivo de los aranceles agropecuarios tan inconveniente como la drástica reducción del gobierno anterior , en ambos casos sin debida gradualidad; el anuncio de que se intentará utilizar el patrimonio del Fondo Fiduciario para obras diversas obras o la recompra de deuda; la posible revisión de las jubilaciones especiales; el rechazo al aumento de la tarifa eléctrica en abierta violación de las reglas previamente establecidas y convenidas; la permisividad con aquellos que interrumpen el tráfico vehicular para protestar diariamente, con o sin razón, contra cualquier decisión del Gobierno; la incapacidad para combatir la creciente ola de asaltos, atracos y secuestros; la inhabilidad para presentar proyectos de leyes que ayuden al desarrollo social y económico del país (con la excepción de la ley de intereses preferenciales); y el intento de suprimir la autonomía al Ente Regulador, la CLICAC, y la ARI.
Esto ha producido, desde ya, una innegable consecuencia, que es la reducción considerable en el nivel de inversión del sector privado nacional. Peor aún, como resultado de las equivocadas políticas económicas adoptadas por el Gobierno, las agencias internacionales de crédito han enviado señales adversas sobre el camino hacia el cual ellos perciben que el gobierno está enrumbando al país, lo cual, de dar lugar a una reducción en la calificación de riesgo del país, encarecerá considerablemente el costo de financiamiento, tanto para el Gobierno como para la empresa privada.
Este aumento en el costo del financiamiento obviamente tendrá que ser absorbido en su totalidad por el consumidor, es decir, los ciudadanos humildes de este país que siempre terminan pagando los platos rotos de las malas decisiones de sus gobernantes. Dichas políticas y sus secuelas podrían también incrementar el desempleo, la desigualdad social y la marginación de los más necesitados, de manera tal que el resultado final será directamente opuesto a las nobles metas de la Presidenta.
La Presidenta empero cuenta con un gran sentido de responsabilidad social y con una visión clara de lo importante que es que en nuestro país exista mayor equidad y que se puedan incorporar más eficazmente a nuestra economía las clases marginadas con las cuales ella tanto se identifica. No es tarde. Debe existir la disposición y la voluntad de cambiar de rumbo rápido y eficazmente, ya que de otra manera nos esperan cinco largos años de incertidumbre, dificultades económicas e inseguridad personal y jurídica, con lo cual se le ocasionarán daños profundos y difíciles de reparar a nuestro país. Todavía estamos a tiempo para rectificar.
Entre los errores cometidos sobresalen el aumento excesivo de los aranceles agropecuarios tan inconveniente como la drástica reducción del gobierno anterior , en ambos casos sin debida gradualidad; el anuncio de que se intentará utilizar el patrimonio del Fondo Fiduciario para obras diversas obras o la recompra de deuda; la posible revisión de las jubilaciones especiales; el rechazo al aumento de la tarifa eléctrica en abierta violación de las reglas previamente establecidas y convenidas; la permisividad con aquellos que interrumpen el tráfico vehicular para protestar diariamente, con o sin razón, contra cualquier decisión del Gobierno; la incapacidad para combatir la creciente ola de asaltos, atracos y secuestros; la inhabilidad para presentar proyectos de leyes que ayuden al desarrollo social y económico del país (con la excepción de la ley de intereses preferenciales); y el intento de suprimir la autonomía al Ente Regulador, la CLICAC, y la ARI.
Esto ha producido, desde ya, una innegable consecuencia, que es la reducción considerable en el nivel de inversión del sector privado nacional. Peor aún, como resultado de las equivocadas políticas económicas adoptadas por el Gobierno, las agencias internacionales de crédito han enviado señales adversas sobre el camino hacia el cual ellos perciben que el gobierno está enrumbando al país, lo cual, de dar lugar a una reducción en la calificación de riesgo del país, encarecerá considerablemente el costo de financiamiento, tanto para el Gobierno como para la empresa privada.
Este aumento en el costo del financiamiento obviamente tendrá que ser absorbido en su totalidad por el consumidor, es decir, los ciudadanos humildes de este país que siempre terminan pagando los platos rotos de las malas decisiones de sus gobernantes. Dichas políticas y sus secuelas podrían también incrementar el desempleo, la desigualdad social y la marginación de los más necesitados, de manera tal que el resultado final será directamente opuesto a las nobles metas de la Presidenta.
La Presidenta empero cuenta con un gran sentido de responsabilidad social y con una visión clara de lo importante que es que en nuestro país exista mayor equidad y que se puedan incorporar más eficazmente a nuestra economía las clases marginadas con las cuales ella tanto se identifica. No es tarde. Debe existir la disposición y la voluntad de cambiar de rumbo rápido y eficazmente, ya que de otra manera nos esperan cinco largos años de incertidumbre, dificultades económicas e inseguridad personal y jurídica, con lo cual se le ocasionarán daños profundos y difíciles de reparar a nuestro país. Todavía estamos a tiempo para rectificar.