Greenspan, ni frío ni caliente
La bajada del precio del dinero no acabará con las incógnitas sobre la evolución de la coyuntura norteamericana y sus implicaciones en la economía mundial, y hasta en la política. Sobre la primera se admite todo tipo de apuestas: ¿habrá bajadas adicionales de las tasas de interés el próximo mes, y en qué cuantía? Su respuesta depende sobre todo de los próximos indicadores macroeconómicos, entre ellos, la primera aproximación al decrecimiento del PIB del último trimestre del año, cuya publicación se hará en los próximos días.
El segundo interrogante tiene que ver con las repercusiones que una reducción del PIB norteamericano tendría sobre la economía mundial. Otra discusión es sobre cómo alivia la bajada del precio del dinero en EU sobre la tasa de interés de los países latinoamericanos, y principalmente, sobre el abaratamiento del financiamiento en los mismos.
Otra incógnita, esta vez política, es la relación que se establezca entre una recuperación de la economía norteamericana con nuevas bajadas del precio del dinero sobre el inicio de una nueva administración, que tendrá lugar el próximo 20 de enero. Hasta ahora los demócratas se pueden jactar de haber disfrutado de más de 120 meses de crecimiento continuado manejando las riendas de una buena política monetaria.
El papel de Greenspan se hace ahora más decisivo que en el pasado. Desde que asumió su puesto en 1987 hasta la fecha, ha tenido que lidiar con la disyuntiva de "enfriar sin congelar" en tres ocasiones, un problema de política monetaria muy diferente a la que se requiere actualmente de "calentar sin quemar" la economía. De modo que este personaje poliédrico, al que muchas encuestas le conceden el papel del hombre más importante del mundo (con más poder, incluso, que aquel que le nombra, el presidente de los EU), al que se le atribuye un protagonismo importante en la marcha de la nueva economía (alto crecimiento, inflación controlada, pleno empleo y aumento espectacular de la productividad), y al que la mayoría de los sondeos le conceden una altísima tasa de popularidad, se juega de nuevo su paso a la historia y los ataques de los economistas más ortodoxos, al intentar activar la economía sin despertar la inflación. Alan Greenspan se las juega todas otra vez.
El segundo interrogante tiene que ver con las repercusiones que una reducción del PIB norteamericano tendría sobre la economía mundial. Otra discusión es sobre cómo alivia la bajada del precio del dinero en EU sobre la tasa de interés de los países latinoamericanos, y principalmente, sobre el abaratamiento del financiamiento en los mismos.
Otra incógnita, esta vez política, es la relación que se establezca entre una recuperación de la economía norteamericana con nuevas bajadas del precio del dinero sobre el inicio de una nueva administración, que tendrá lugar el próximo 20 de enero. Hasta ahora los demócratas se pueden jactar de haber disfrutado de más de 120 meses de crecimiento continuado manejando las riendas de una buena política monetaria.
El papel de Greenspan se hace ahora más decisivo que en el pasado. Desde que asumió su puesto en 1987 hasta la fecha, ha tenido que lidiar con la disyuntiva de "enfriar sin congelar" en tres ocasiones, un problema de política monetaria muy diferente a la que se requiere actualmente de "calentar sin quemar" la economía. De modo que este personaje poliédrico, al que muchas encuestas le conceden el papel del hombre más importante del mundo (con más poder, incluso, que aquel que le nombra, el presidente de los EU), al que se le atribuye un protagonismo importante en la marcha de la nueva economía (alto crecimiento, inflación controlada, pleno empleo y aumento espectacular de la productividad), y al que la mayoría de los sondeos le conceden una altísima tasa de popularidad, se juega de nuevo su paso a la historia y los ataques de los economistas más ortodoxos, al intentar activar la economía sin despertar la inflación. Alan Greenspan se las juega todas otra vez.