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Ha sonado la alarma


Aunque poca ha sido la información conocida sobre el caso, el sólo hecho de que un banquero haya aparecido muerto en uno de los puntos de la capital es suficiente para que suenen las alarmas en todos los niveles de la sociedad. Suficiente porque, en estricto balance, se trata de una víctima atípica, si se consideran que las que comúnmente aparecen en los medios provienen de la guerra entre pandillas o de los llamados ajustes de cuentas entre grupos del narcotráfico. El banquero no encaja en este análisis, como no sea que el sector de la sociedad del que proviene haya sido colocado en la mira de la delincuencia organizada con quien sabe qué propósitos. Han transcurrido varios meses desde el secuestro del empresario cubano que, felizmente, fue liberado vivo, pero que podría acercarse en términos sociales a la víctima reciente, lo que haría esporádicos este tipo de delitos, pero la preocupación es que se ha repetido aunque hayan pasado meses. Ojalá la información que recaben las autoridades desplace este caso del balance que sugiere; lo que nadie puede ocultar sin embargo es la preocupación que implica, y la sugerencia que hace a los organismos policiales. El país no merece continuar así.

101 años de Panamá América

 
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