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Hace 20 años


EN EL LIBRO DE "La Risa y el Olvido", el gran escritor checo Milan Kundera escribe que "la lucha del hombre contra la autoridad es la lucha de la memoria contra el olvido". Desde la primera vez que la leí, hace casi 15 años, esa frase me ha impactado, porque la considero de un valor universal y tremendamente cierta. Los regímenes totalitarios o autoritarios se alimentan del olvido, apuestan a la corta memoria de los pueblos.
Nuestro país vivió poco más de dos décadas bajo un régimen militar. Quienes se beneficiaron de él, quienes lograron riquezas cuantiosas a costa del patrimonio estatal, han hecho todo lo posible y continuarán haciéndolo para que las presentes y futuras generaciones nunca recuerden o nunca sepan lo que sucedió en aquella época de nuestra historia. Amparados en ese olvido, es que pueden aspirar a quedar impunes o incluso, peor aún, volver a las andadas.
Hace 20 años, el General Manuel Antonio Noriega era el gobernante de hecho del país. El poder real residía en el Cuartel Central de la Avenida A y no en el Palacio de las Garzas. La dictadura había entrado en un período de creciente descomposición y crisis, que se había iniciado con el masivo fraude electoral de 1984 que había dado un triunfo inmerecido al candidato oficialista, Nicolás Ardito Barletta. Esto había provocado protestas ciudadanas que habían sido fieramente reprimidas por un grupo paramilitar, cuyo cabecilla, Silverio Brown, fue luego asesinado por la propias fuerzas de seguridad del Estado.
La crisis política se había agudizado posteriormente con el cruel asesinato del Dr. Hugo Spadafora que generó una repulsa ciudadana generalizada, así como con las reformas económicas que pretendía imponer el régimen, en cumplimiento de los compromisos asumidos en los planes de ajuste estructural pactados con los organismos financieros internacionales. El presidente Barletta (apodado "Fraudito") propuso una reforma fiscal, que incluía el aumento del ITBM, la cual fue rechazada ampliamente y motivó una primera movilización nacional, a través del movimiento denominado "COCINA", el cual fue parcialmente exitoso, al lograr que se echara para atrás en dicha intento de reforma.
Posteriormente, se aprobaron modificaciones al Código de Trabajo, que también generaron protestas. En aquel entonces, quien escribe estas líneas, había recién ingresado a la Facultad de Derecho de la Universidad de Panamá. Poco después, el Ministerio Público, que no era más que un instrumento represor de la dictadura, ordenó la detención de notorios opositores como Guillermo Sánchez Borbón y Miguel Antonio Bernal, lo cual también generó protestas en la Universidad.
Todo esto viene al caso, porque hace casi 20 años, en junio del 2007, se comenzó a escribir, a mi juicio, una de las gestas patrióticas más significativas de la historia panameña. Me refiero a la lucha civilista y no violenta, que miles y miles de ciudadanos panameños llevamos a cabo en contra de un régimen militar corrupto.
Y como puede apreciarse, el movimiento civilista no surgió por combustión espontánea, a raíz exclusivamente de las denuncias graves que hiciera el Coronel Díaz Herrera, sino que fue el resultado de un proceso de progresivo deterioro del régimen y un consecuente fortalecimiento del movimiento opositor que se venía gestando desde 1984, por lo menos.
El XX aniversario de la lucha civilista debe ser conmemorado por todos los panameños, sin distingo alguno, porque fue gracias a ese esfuerzo ciudadano que hoy podemos vanagloriarnos de tener una democracia estable, aunque todavía imperfecta, pero que, pese a esas imperfecciones, es mil veces preferible al régimen que nos oprimía en aquel año de 1987. Dediquemos buena parte de lo que queda del año, a recordar aquellos momentos de gloria para quienes creemos en la democracia. En lo que a mí respecta, éste es apenas el primer artículo que escribiré para compartir con ustedes las experiencias vividas en aquel entonces y sus lecciones para el presente y futuro de nuestro querido país.

101 años de Panamá América

 
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