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¿Hacia dónde va el transporte público?


Dentro de algunas semanas se cumplirán ya dos años de la terrible tragedia del bus 8B-06, que se incendió a plena luz del día en la vía pública y cobró las vidas de la mayoría de sus pasajeros, niños, mujeres y hombres que, súbitamente se encontraron atrapados en un vehículo que no contaba con las especificaciones mínimas de seguridad, y murieron calcinados en las llamas de tan espantoso accidente.

¿Ha servido la pérdida de vidas humanas para que las autoridades escarmienten y procedan a hacer cumplir la ley y los reglamentos de tránsito, y sancionen como corresponde a conductores y dueños de buses irresponsables? Apena decirlo, pero la respuesta es que no.

La única respuesta de las autoridades ha sido abrir una oportunidad a los negocios, por no decir al negociado. Han anunciado que compraran 400 nuevos buses, cuando la flota de la ciudad es de más de mil unidades. ¿Y qué han dicho sobre cómo cambiará el régimen del transporte público? Nada. Sólo se ha dicho que indemnizarán a los dueños de los cupos.

O las autoridades comienzan a tratarnos a los ciudadanos con más respeto, o llegaremos a la conclusión de que nos merecemos otro gobierno, uno que se comporte con un mínimo de transparencia y responsabilidad. Como ya ha quedado demostrado, es la vida misma la que está en juego cuando las autoridades no se comportan de modo serio y, además, responsable.

101 años de Panamá América

 
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