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Hacia la luz


MIENTRAS cada día más el mundo del conocimiento logra progresos extraordinarios, la gerontocracia de la Universidad de Panamá se complace en hundir a la institución en la ineficacia y la incapacidad. El sueño de Méndez Pereira y los académicos de antaño de que la Universidad fuese faro de luz, se ha convertido en una pesadilla en la que la falsificación de diplomas, la corrupción, el desgreño académico y administrativo son los favoritos de los que mantienen a la Universidad secuestrada y se preparan para una reelección más en sus cargos.
Urge entonces que rechacemos a los improsultos y que empecemos a poner en circulación algunas ideas que puedan contribuir a una plataforma deliberativa para la transformación de la Universidad. Ya es tiempo de enfrentar este reto dado que, los acelerados procesos de globalización vienen agudizando los desequilibrios estructurales de nuestro país, haciendo cada vez más evidente la actual incapacidad de respuesta de la Universidad.
Mis ideas giran, en torno al debate sobre sociedad de la información vs. sociedad del conocimiento y la recuperación de los espacios públicos. La ausencia de referencia alguna a este importante tema por los medios de información masiva debiera, de por sí, indicar que "algo no huele bien en Dinamarca"..
Creo que no pasará mucho tiempo antes que bajo los ropajes de la libertad y la eficiencia del mercado se intente implantar la sociedad de la información a través de políticas públicas impulsadas por la globalización. En este sentido creo que existe una oportunidad para que la Universidad saque el debate al tapete, generar conciencia crítica y, apoyándose en los argumentos de los proponentes de la sociedad de la información, apoyar e impulsar con seriedad, responsabilidad y decisión, la sociedad del conocimiento.
Por otra parte, creo que este debate está adquiriendo vigencia con las oportunidades que se abren a la participación ciudadana mediante la ley de transparencia, los intentos de descentralización administrativa y fortalecimiento de los gobiernos locales. Mi preocupación es que de no generarse nuevos enfoques y procesos de comunicación, tanto la tecnología disponible cómo las políticas públicas y la normatividad legal sólo contribuirán a la retórica demagógica y a aumentar las frustraciones sociales, de por sí exacerbadas por el oportunismo de los medios de información. Para el mundo académico, el reto implica la obligación de revisar su visión, contenido y el método.
Existe, una disociación creciente, entre las necesidades de conocimiento de la sociedad y las actividades académicas de la Universidad. Esta disociación se origina en la velocidad y trascendencia de los cambios que impulsa la globalización, ante la cual los estamentos académicos, han reaccionado con una mentalidad defensiva y en la práctica se han enclaustrado en las prerrogativas académicas, divorciándose de la sociedad en todos sus ámbitos. Esto ha dejado a la Universidad, sin un papel claro que desempeñar y con una creciente debilidad y falta de incidencia en el desarrollo de la cultura, la investigación científica y el desarrollo tecnológico.
Debe impulsarse la reflexión mediante la deliberación pública, para replantear la misión de la Universidad frente a los modelos que se impulsan y el nuevo mundo que está surgiendo, para entonces iniciar un proceso de identificación de necesidades, establecimiento de prioridades y rediseño del conocimiento que imparte la institución, estimulando la participación en el proceso. En este rediseño, se debe impulsar el desarrollo de destrezas relevantes para académicos, estudiantes y grupos específicos de la sociedad; ser consistentes con las oportunidades y tendencias actuales y tener una verdadera orientación interdisciplinaria.
Por otra parte, existe una disociación total entre los avances de la tecnología de la información impulsada por la tecnoestructura corporativa universal --como Cable & Wireless, Telefónica y Microsoft, por ejemplo -y el acceso y uso productivo de dicha tecnología por los centros académicos para generar conocimiento relevante a los sujetos y sus circunstancias. Frente a la situación de otros países, en Panamá esta disyuntiva es particularmente grave, al considerar el gran potencial humano desaprovechado.
Uno de los aspectos fundamentales para la transformación es, reestablecer los vínculos de la Universidad con la sociedad, mediante un proceso multidisciplinario de extensión, desarrollo e investigación, que promueva el desarrollo cultural y tecnológico con el concurso de gobiernos locales. Dicho proceso comprende la identificación de necesidades comunitarias, el fortalecimiento de los gobiernos locales y la participación comunitaria de los ciudadanos. Este proceso de extensión debe integrar necesidades y participación dentro del marco de los Derechos Humanos y de las políticas públicas.
La identificación de necesidades, según los criterios de los sujetos de desarrollo, debe generar procesos de investigación en proyectos de tecnología intermedia o tecnología adecuada, como también suele llamarse, para desarrollar respuestas o soluciones relevantes para los sujetos y las comunidades y debiera incluir a) generación de destrezas y capacidades individuales y comunitarias; b) reorientación de la tecnología como instrumentos social, en contraposición a su uso como bien comercial; c) aprovechamiento de recursos locales, humanos, materiales y culturales de las comunidades; d) programas de educación en línea; e) rediseño de cursos y carreras en el currículum universitario.
El esfuerzo que significa implementar algunas de estas ideas y la complejidad del proceso, exigiría descentralizar las instituciones y actividades universitarias. No se trata solo de formar profesionales para el mercado, sino también insertar en el mercado a los sectores más postergados mediante actividades de capacitación y entrenamiento y, de hecho, abrir por primera vez el mercado a estos sectores.
La planificación de este proceso requeriría en sí, un proceso de planificación detallado y la articulación de la Universidad con el Estado y la sociedad civil en una medida mucho más profunda y a un nivel mucho más elevado de lo poco que se ha hecho hasta ahora.

101 años de Panamá América

 
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