Haití, problema de todos
Aunque la situación de la ayuda ha mejorado en los últimos días, a más de una semana del terremoto, la situación todavía es caótica. Aunque con limitaciones, ya se puede acceder al aeropuerto de Puerto Príncipe; el puerto de esa capital ya entró en limitado funcionamiento; los aportes extranjeros ya pueden llegar a su destino. Su cercanía fronteriza con Haití ha convertido a República Dominicana en un actor importante en la atenuación de la emergencia, hecho que aplaude el mundo entero. Su Presidente, Leonel Fernández, además de visitar Haití, convocó en su país una cumbre de ayuda.
La pasada semana, en la reunión de Amigos de Haití que preside el Secretario General Adjunto de la OEA Albert Ramdin, el informe dado fue mucho más esperanzador que el de la semana anterior, a escasas 24 horas del suceso. Las pérdidas de vidas humanas de directivos y cooperantes de nacionalidades varias de las Naciones Unidas como consecuencia del movimiento telúrico ha servido como de ejemplo de todo lo que hacen los organismos internacionales por ayudar a proyectos en países con las necesidades que tiene Haití.
Cada una de las instancias del sistema interamericano dio un informe de los avances logrados por sus respectivos equipos. La Organización Panamericana de la Salud informó de la distribución de responsabilidades entre los diferentes países, correspondiéndole a Estados Unidos y Argentina el tema de los hospitales, donde países como Nicaragua, Turquía y Rusia, así como la Cruz Roja, han instalado hospitales móviles. República Dominicana se encarga de la ayuda a través de la frontera común, otro camino para llegar a quienes le dan la mano a la tragedia. El BID, junto a la CEPAL, están con la tarea de evaluar los daños estructurales sufridos, donde se calcula que en cinco años se necesitarán 10 mil millones de dólares para reconstruir Haití.
La Junta Interamericana de Defensa informa, además de la escasez de fuerza pública, sobre la inexistencia de combustible tanto en Haití como en Dominicana, el cual será suplido por Venezuela y con embarques desde Panamá. La Fundación Panamericana de Desarrollo reporta sus esfuerzos para llegar a donantes privados que están facilitando recursos, pero sobre todo de personal calificado, en la ayuda de la gobernabilidad del destruido país.
Haití, a través de su Embajador, sólo le queda darle las gracias a sus hermanos americanos: No hay abrigos; el sistema de teléfonos, agua y electricidad ha colapsado por completo. Los bancos están cerrados; la gran parte de la capital, por los niveles de su destrucción, tiene a su población durmiendo a cielo abierto. Hasta los 5.000 presos que había en la capital se escaparon al quedar destruida la cárcel. Sin embargo, como nos dijo casi con lágrimas, la actitud general de la gente es calmada y de mucha solidaridad.
No hay duda que Haití es un problema de todos.
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