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¿Hemos echado a Dios de las escuelas?


Hace algunos días, específicamente el 5 de enero de este año, el ex subadministrador del Canal de Panamá, Fernando Manfredo Jr., publicó en El Panamá América un artículo titulado "El día que echamos a Dios de las escuelas". El mismo me llamó la atención por el tema polémico del cual trataba, pero más que todo por la cantidad de sandeces que contenía. Es un potpourri o como decimos en buen panameño, un "guacho" de ideas y afirmaciones inconexas, altamente exageradas, y sencillamente falsas.
Manfredo sostiene que existe una campaña para erradicar la enseñanza de la religión en las escuelas públicas y para negar la existencia de Dios, específicamente la idea que Dios es el Creador y origen de todas las cosas. Para Manfredo esta campaña y esta pérdida de la fe en Dios ha tenido consecuencias casi apocalípticas, entre las cuales menciona las siguientes: la incapacidad de tener un sistema ético, la promoción de la delincuencia juvenil, la práctica de negocios inmorales, la pérdida de nuestro propósito e identidad como Nación y, por último, la pérdida de todo sentido de la vida.
Nuestro autor, con una aire de estar emitiendo verdades infalibles, termina su escrito llamando a todos los que no estamos de acuerdo con sus ideas, personas de "estrechez mental" y "modernos sabelotodos".
No es necesario, sin embargo, ser una persona estrecha de mente ni pretender ser un moderno sabelotodo para darse cuenta que casi todo lo que dice Manfredo es falso. Primero, es absolutamente falso que la enseñanza de la religión está desapareciendo de las escuelas públicas y que existe una campaña para acabar con ella. Le sugiero a nuestro autor que se informe un poco más, ya que hay varias materias de Religión que se dictan al nivel de Pre-Media en estas escuelas. Si ha habido una crítica es más bien que estas materias se enseñan de una manera dogmática y con muy poca discusión libre, casi a manera de catecismo.
También es falso afirmar que somos incapaces de tener un "sistema ético" sino está fundamentado en la religión. El Sr. Manfredo confunde la ética con la religión. La ética no es ni depende de la religión. Es, sencillamente, un sistema de deberes y normas de comportamiento que hacen posible la convivencia social. No hace falta creer en Dios y mucho menos en la idea contradictoria de un Dios que ha creado el universo de la nada, (como es el Dios judeocristiano) para poder saber, por ejemplo, que no debemos matar, robar, ni ser deshonestos si deseamos convivir con nuestro prójimo. Esta independencia de la ética de la religión es una verdad obvia, sostenida también por Santo Tomás de Aquino, uno de los grandes pensadores de la Iglesia católica. Y nos parece, por último, muy temerario afirmar, como hace Manfredo, que la vida humana no puede tener sentido si no está fundamentada en la creencia de que Dios existe. Si Dios no existiese, según Manfredo, la vida humana carecería de un fin o propósito. La vida está llena de frustraciones y desilusiones, y solamente puede tener sentido, si tiene como fin ser una prueba para prepararnos para la eternidad.
Que la vida humana tenga sentido sólo si Dios le ha otorgado el fin y la capacidad de vivir eternamente, es una visión increíblemente limitada del valor de nuestra vida. Normalmente pensamos que una vida sin objetivos, proyectos o aspiraciones es una vida sin sentido. Pero el hecho que nuestra vida contenga frustraciones y desilusiones no implica de ninguna manera que estos fines deben trascender nuestra vida mortal para que ésta tenga sentido.
Manfredo, en nuestra opinión, ha sido muy audaz en intentar resolver estos problemas sobre Dios, la ética y el sentido de la vida. Creemos, no obstante, que su artículo revela más bien una monumental confusión de conceptos que una solución a estos problemas.

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