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Hora de romper el silencio


Hace menos de un año, durante el Congreso Centroamericano sobre el VIH-Sida en Nicaragua, más de 100 adolescentes nos enfrentaron diciendo que nunca les habían hablado sobre el virus del VIH y cómo protegerse del contagio.

Ese silencio de sus padres, maestros, guías espirituales y demás adultos que los rodean tiene consecuencias mortales. Al inicio de la epidemia, hace 25 años, pocos habrían predicho que los niños y jóvenes constituirían el grupo más afectado por la propagación de la enfermedad. Sin embargo, miles de niños y niñas -7,500 sólo en el 2007- fueron infectados con el virus porque sus madres eran seropositivas y se los transmitieron durante el embarazo, trabajo de parto, alumbramiento o amamantamiento; una tragedia prevenible con un simple examen y tratamiento indicado. Más de 55,000 niños y niñas menores de 15 años y 400,000 jóvenes de entre 15 y 18 años vivían con el VIH en 2007.

En estos días tenemos una oportunidad única para romper el silencio en torno al VIH-Sida. Más de 15,000 científicos, líderes comunitarios, médicos y expertos en políticas del mundo se congregaron en México para explorar las cuestiones críticas y los próximos pasos a tomar en la respuesta global frente al VIH durante la XVII Conferencia Internacional sobre el Sida, la primera en América Latina. Por primera vez, los ministros de Educación y Salud de la región discutieron cómo encarar la pandemia en sus países y se comprometieron a integrar la educación sexual en los programas de educación primaria.

Prevenir nuevas infecciones es clave para detener esta pandemia. Sin embargo, a muchos niños, niñas y adolescentes se les sigue negando el derecho al acceso a información que les enseñe a protegerse y a los servicios necesarios para la prevención ante el VIH. Una encuesta realizada entre jóvenes de diferentes países de la región reveló que sólo 4 de cada 10 creían estar bien informados sobre el VIH.

La conferencia de México Sida 2008, recientemente finalizada, es un hito histórico y esta atención nos obliga a mirar a la pandemia del Sida a la cara. La falta de información, sumada al machismo prevalente y la violencia basada en el género dentro de los hogares, escuelas, y otros entornos sociales, aumenta los riesgos de infección de las adolescentes y mujeres.

En América Latina y el Caribe solo la mitad de las mujeres embarazadas recibe pruebas de VIH, y a menos del 36% de aquellas infectadas se les ofrece servicios para prevenir la transmisión del VIH de madre a hijo.

Aunque la región ha visto grandes avances en la ampliación de la atención y tratamiento para adultos (62% de los adultos recibieron ART en 2007), sigue rezagado el acceso de niños y niñas a la atención y tratamiento -aun cuando el VIH avanza agresivamente en los niños que en los adultos-. La falta de acceso a terapia costó la vida a 4,300 niños menores de 15 años en el 2007. Aún así, hay razones para ser optimistas, pues 16,571 niños y niñas con VIH recibieron tratamiento en 2007, comparado con 10,628 en 2005 -un aumento de 56%.

Nosotros, los adultos, crecimos en un mundo sin VIH. Nuestros hijos nacieron en un mundo donde el virus es una realidad y exigen tener acceso a información, servicios y oportunidades para prevenir la infección y llevar vidas saludables.

La responsabilidad de los gobiernos para garantizar el cumplimiento de los derechos y la protección de sus ciudadanos más jóvenes y promover acciones de prevención, acceso a servicios y tratamiento, es crucial e impostergable.

La conferencia internacional sobre el Sida en México marcó la hora cero para América Latina y el Caribe y su respuesta a la pandemia. Asumamos esta responsabilidad con liderazgo, pasión y coraje. Hagamos realidad el derecho de nuestros hijos a saber cómo protegerse.

101 años de Panamá América

 
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