Impunidad y corrupción
Varias personas me han preguntado por qué no escribo con la misma frecuencia. La respuesta no es fácil porque tanto un día leo declaraciones de Martín desbarrando contra las bellezas de corrupción de su administración antecesora, como al día siguiente salta a los titulares un supuesto problema con los dineros del FECE. Para reconclavar, al agregársele a esta sigla una "S" su versión en inglés equivale a heces.
La retahíla de corrupción que existe y se percibe en el presente gobierno tiene nada que envidiarle a la del gobierno anterior. Lo que lleva a la interrogante: ¿Dónde comienza y dónde termina la corrupción? Paralelamente persisten problemas como el paro de los médicos, el dietilengicol, el bus HB-06, el transporte (con todo y sus leales diputados), la permanente infelicidad de los docentes (esto sin que parezca importarles una mejor calidad de la educación), el trato preferencial de los pudientes e influyentes políticos, la justicia con impunidad, y... así sucesivamente.
La situación general es grave y, sin embargo, a veces da risa: Hablando con dos profesionales de la ingeniería uno preguntó qué se debe hacer con los policías, petejoteros y autoridades que sean cómplices de los delitos. El otro contestó, deben meterlos en La Joyita. El otro ingeniero replica inmediata y fuertemente, ¡Los matarían! Responde el primero, ¡Ah, eso es castigo! y eso está bien porque el gran problema no es la corrupción sino la impunidad. No podía agarrar ese trompo en una sola uña y comenté: ¡Este ingeniero se ha metido a abogado!
He decidido relatar lo anterior porque es evidente la confusión que existe en nuestro medio porque las proclividades de tirios y troyanos saltan a la luz pública con frecuencia y a la velocidad del rayo. Mientras, la respuesta del gobierno es que se hará justicia trátese de quien sea. Pero, los casos de banqueros viven en serena medida cautelar, igual que los de mariachis, perdón? charros. Sólo atino a pensar en los $35 que se reparten con presunta justicia, al azar, de vez en cuando. Por otra parte, la intensa propaganda del Ejecutivo, costosa o no, continúa imperturbable. ¡Peor! Ahora es adoptada por la Corte Suprema de Justicia con comunicados -de relaciones públicas- que prometen que se van a dar acciones demostrativas de que hay una campaña infame contra la imagen y reputación de sus hiperínclitos magistrados. ¡Nos salvamos! Pido disculpas por no sugerir soluciones prácticas a por lo menos algunos de los problemas, repito, los cuales no se sabe cuándo iniciaron y mucho menos cuándo terminarán. Mi única excusa es que ahora parece existir un adicional cerro de confusión en medio de otro cerro de posibles soluciones que nunca parece llegar.