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Influjo de la victoria de Fox


La repercusión de la victoria del candidato presidencial opositor Vicente Fox en México, trasciende con creces a su propio país, al erigirse en factor consolidante de la democracia en Latinoamérica.
Para arribar a esta conclusión ha de tenerse presente quién es México en la comunidad de naciones hispanoamericanas. La respuesta es sencilla, con sólo repasar la historia. Se trata en esencia de una de las naciones líderes de la América Hispana.
Su categórico aval al principio de "la no intervención" y su derivada doctrina de "autodeterminación de los pueblos" sirvió de freno y cuando no, descalificó la política intervencionista de Estados Unidos al sur de su territorio.
Pocos pueblos hermanos han escrito con tanta sangre y han desplegado tanta injusticia como México. Pocos han sufrido tantas agresiones, han caído y se han levantado altivos sobre sus propios pies. Pocos han detenido tantas veces en el aire el puño contra alguna víctima de agresión o amenaza, llámese Cuba, República Española, Panamá en su lucha canalera, la Guatemala de Jacobo Arbenz, la Nicaragua Sandinista y otros.
No por su influencia bienhechora pasamos por alto sus vicios. Setentiún años de dictadura de un partido era más que demasiado. Los gritos de los muertos de Tlatelolco todavía claman justicia, por no mencionar los incontables crímenes políticos cometidos bajo su férreo y corrupto régimen.
Mucho menos ignoramos sus aportes valiosos en el campo de la política exterior, su evolución decidida hacia la apertura económica, sus aportes culturales, su altivez y ejemplo de sus más insignes ciudadanos. México abrió también de par en par las puertas de sus universidades a los hispanoamericanos y con eso amalgamó para siempre una hermandad que trasciende a la sangre y a las generaciones.
Y el que nuestro hermano mayor nos esté enseñando con sus actos
el ejemplo de su determinación de redimir sus graves pecados que son tan propios en nuestras democracias, es un gran paso. Es una clara señal que la tolerancia con regímenes de facto llega a su fin.
En la práctica, es un mensaje para Fidel Castro en Cuba - ya Zedillo lo había dado durante la Cumbre Iberoamericana de La Habana -, de que debe emular el camino. Alberto Fujimori en Perú igual, ha prometido medidas concretas de democratización. En Venezuela, no ha de ser distinto, con un autócrata llegado al poder por votos, amenazado por un potencial golpe de estado. Lo mismo en Ecuador, Paraguay y el resto de Latinoamérica. La democracia, con sus altas y bajas es ya un proceso gradual, pero irreversible.


101 años de Panamá América

 
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