Intelectualidad y gestión ambiental
A pesar que con frecuencia escuchamos utilizar, e inclusive, utilizamos el sustantivo intelectual, no se hace la mayoría de las veces eco de la profundidad del significado del termino. Cuando consultado el Diccionario de la Real Academia Española, el mismo lo define como "perteneciente o relativo el entendimiento espiritual o sin cuerpo y dedicado preferentemente al cultivo de las ciencias y letras". Siendo así no se podría hacer referencia a esta actividad sin perder de vista la función dual del intelectual, de preocuparse tanto por las cosas espirituales, como de las cognoscitivas o del conocimiento. Es debido a la concepción espiritual sobre la naturaleza, como obra del Creador, que los intelectuales poseen una marcada afinidad por la misma. Los primeros intelectuales nacionales siempre mantuvieron interés por la adopción de modelos, tecnologías y prácticas foráneas, para interpretar, aplicar y manejar nuestros recursos naturales, las cuales a lo largo del tiempo han repercutido negativamente en nuestro medio ambiente, debido a la concepción de que los recursos naturales eran inagotables.
Por otro lado son estos intelectuales quienes se han percatado del error, procurando importar, adaptar y crear nuevos modelos, tecnologías y prácticas para revertir la situación. De allí que en nuestro país por paradójico que parezca, han sido intelectuales de áreas muy distintas o poco relacionadas al manejo de los recursos naturales, los que inicialmente han aportado y generado más conocimiento sobre la condición y manejo de los mismos. El hecho que los intelectuales se mantengan constantemente sometidos al análisis y comprensión de nuevas teorías, ha permitido comprender la importancia que los recursos naturales juegan como soporte del ecodesarrollo. Con la influencia mundial del asunto ecológico en la década de los noventa, como por la propia actividad científico - intelectual, se puede explicar el avance que las ciencias han tenido, convergiendo directa o indirectamente en la temática ambiental desde diferentes ámbitos: legal, administrativo, productivo, comercial, social, económico, político, científico, religioso y académico.
La intelectualidad cumple un rol importante dentro de nuestra sociedad, que es la de mantenerse de forma persistente en cuestionadores, transformadores y renovadores, no sólo por su interés de hacer cosas nuevas, como convertirse en contrapeso entre las relaciones de poder y saber, constructores de posibilidades entre el pensamiento y la acción, y sobre todo permitir la realización de constantes análisis del proceso enseñanza aprendizaje de la teoría y la práctica de nuevos conceptos y procesos. Es esa misma intelectualidad la que se ha mantenido en constante análisis del proceso de globalización, el cual es cuestionado por estos, por visar por un lado único y exclusivamente el tan deseado crecimiento económico y por otro lado la insostenibilidad del desarrollo humano o social, sin la búsqueda concreta de un modelo que satisfaga ambas necesidades de manera concreta.
Sin lugar a duda es esa preocupación por las cosas espirituales, las que le han permitido a los intelectuales ante que al resto de nuestra sociedad valorizar el desarrollo social y el estudio de estos procesos, como apreciar el papel de beligerancia que merece la administración de la gestión ambiental, sobre el desarrollo económico. Un ejemplo de la compresión por parte de los intelectuales de la importancia que los recursos naturales han jugado en el crecimiento de nuestra economía, ya que con anterioridad a la reversión del Canal a manos panameñas, fueron ellos los primeros en criticar férreamente la aceptación de los polígonos de tiro contaminados, como han liderizado la lucha por su respectiva descontaminación y su respectiva incorporación al desarrollo económico y social del país.
La Ley General del Ambiente 41/98, permite la participación ciudadana en la administración de la gestión ambiental. Aunque la sociedad esta dando sus primeros pasos en el sentido de incorporarse a este proceso a través de las organizaciones políticas existentes (tales como Consejos Provinciales, Consejos Distritales, Consejos Comarcales, Junta Comunales), organizaciones civiles y ambientalistas, por el otro lado el Estado intenta dentro de sus capacidades dinamizar e incorporar a la sociedad en el proceso de gestión ambiental más directamente. Es dentro de este espacio que considero la sociedad tiene él deber de permitirles a la clase intelectual jugar un papel sólido y beneficioso como orientadores del debate nacional de la gestión ambiental, e interesarse en el que hacer de la vida de nuestro Estado en este y otros temas. No sólo para mejorar nuestro entorno social y las condiciones del medio ambiente, como permitirnos incorporar la dimensión espiritual y científica que, sin duda alguna, mejorará la comprensión de los procesos sociales y ambientales, respectivamente.
Por otro lado son estos intelectuales quienes se han percatado del error, procurando importar, adaptar y crear nuevos modelos, tecnologías y prácticas para revertir la situación. De allí que en nuestro país por paradójico que parezca, han sido intelectuales de áreas muy distintas o poco relacionadas al manejo de los recursos naturales, los que inicialmente han aportado y generado más conocimiento sobre la condición y manejo de los mismos. El hecho que los intelectuales se mantengan constantemente sometidos al análisis y comprensión de nuevas teorías, ha permitido comprender la importancia que los recursos naturales juegan como soporte del ecodesarrollo. Con la influencia mundial del asunto ecológico en la década de los noventa, como por la propia actividad científico - intelectual, se puede explicar el avance que las ciencias han tenido, convergiendo directa o indirectamente en la temática ambiental desde diferentes ámbitos: legal, administrativo, productivo, comercial, social, económico, político, científico, religioso y académico.
La intelectualidad cumple un rol importante dentro de nuestra sociedad, que es la de mantenerse de forma persistente en cuestionadores, transformadores y renovadores, no sólo por su interés de hacer cosas nuevas, como convertirse en contrapeso entre las relaciones de poder y saber, constructores de posibilidades entre el pensamiento y la acción, y sobre todo permitir la realización de constantes análisis del proceso enseñanza aprendizaje de la teoría y la práctica de nuevos conceptos y procesos. Es esa misma intelectualidad la que se ha mantenido en constante análisis del proceso de globalización, el cual es cuestionado por estos, por visar por un lado único y exclusivamente el tan deseado crecimiento económico y por otro lado la insostenibilidad del desarrollo humano o social, sin la búsqueda concreta de un modelo que satisfaga ambas necesidades de manera concreta.
Sin lugar a duda es esa preocupación por las cosas espirituales, las que le han permitido a los intelectuales ante que al resto de nuestra sociedad valorizar el desarrollo social y el estudio de estos procesos, como apreciar el papel de beligerancia que merece la administración de la gestión ambiental, sobre el desarrollo económico. Un ejemplo de la compresión por parte de los intelectuales de la importancia que los recursos naturales han jugado en el crecimiento de nuestra economía, ya que con anterioridad a la reversión del Canal a manos panameñas, fueron ellos los primeros en criticar férreamente la aceptación de los polígonos de tiro contaminados, como han liderizado la lucha por su respectiva descontaminación y su respectiva incorporación al desarrollo económico y social del país.
La Ley General del Ambiente 41/98, permite la participación ciudadana en la administración de la gestión ambiental. Aunque la sociedad esta dando sus primeros pasos en el sentido de incorporarse a este proceso a través de las organizaciones políticas existentes (tales como Consejos Provinciales, Consejos Distritales, Consejos Comarcales, Junta Comunales), organizaciones civiles y ambientalistas, por el otro lado el Estado intenta dentro de sus capacidades dinamizar e incorporar a la sociedad en el proceso de gestión ambiental más directamente. Es dentro de este espacio que considero la sociedad tiene él deber de permitirles a la clase intelectual jugar un papel sólido y beneficioso como orientadores del debate nacional de la gestión ambiental, e interesarse en el que hacer de la vida de nuestro Estado en este y otros temas. No sólo para mejorar nuestro entorno social y las condiciones del medio ambiente, como permitirnos incorporar la dimensión espiritual y científica que, sin duda alguna, mejorará la comprensión de los procesos sociales y ambientales, respectivamente.