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Intolerancia religiosa en Afganistán


La imagen del Islam se ha visto afectada seriamente por fundamentalistas radicales que utilizan sus consignas para promover el terrorismo y la violación a los derechos humanos. La religión islámica enfatiza la relación entre Allah y el creyente, sin la necesidad de un intermediario y aunque el Corán no establece que las imágenes de otras religiones deben ser destruidas, hace unos días el régimen talibán de Afganistán destruyó los Budas de Bamiyán, en nombre del fundamentalismo islámico. El gobierno de Kabul, encabezado por mullah Mohamed Omar, ha justificado la destrucción de las gigantescas esculturas, argumentando que la conservación de las mismas es similar a la adoración de los ídolos. La destrucción de los budas ha sido la excentricidad más reciente del régimen talibán, un gobierno que desde 1996 se ha caracterizado por reprimir a las mujeres. Mientras los hombres están obligados a dejar crecer sus barbas y no a cortarlas, a las mujeres se les tiene prohibido estudiar y trabajar. Tampoco pueden salir de sus casas, a menos que estén acompañadas de sus esposos o hermanos. Las viudas no pueden ser objeto de revisión por un médico y el año pasado, una madre de siete niños fue apedreada hasta morir por haber cometido adulterio. Estas prácticas atentan contra los preceptos establecidos en la "Convención sobre todas las formas de discriminación contra la mujer" de 1980, al tiempo que el gobierno de Kabul se resiste a aceptar cualquier aplicación de normas extranjeras en materia de derechos humanos y permite que Afganistán siga siendo el santuario del cultivo del opio, del supuesto terrorista Osama Bin Laden y de la intolerancia religiosa.

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