Invasores en la Escuela Agroforestal de Arraiján
"La cuerda revienta siempre por lo más delgado", dice el refrán, que está más vigente que nunca en el caso de la deplorable invasión de precaristas sobre la Escuela Agroforestal de Peñas Blancas de Arraiján, la cual opera en terrenos de la Cooperativa de Agricultores Agroforestadores y Reforestadores de las áreas revertidas.
La escuela es una excelente iniciativa para preservar la cuenca hidrográfica del Canal, durante mucho tiempo afectada por agricultores sin tierra que trasladaban al delicado escenario ecológico sus técnicas de labranza que empezaban nada menos que con la tala de árboles y la eliminación de todo resto de vegetación y follaje mediante quema.
El bosque de la cuenca es esencial para preservar vigoroso el caudal del río Chagres y sus numerosos afluentes que nutren de agua dulce el lago Gatún, sin el cual el Canal no existiría.
La densa vegetación de la cuenca sirve además para preservar el lago de la incesante erosión que se sedimenta en su fondo, achicando su profundidad y amenazando el tránsito de buques por la vía. Ello a su vez incrementa los gastos de dragado, lo cual repercute negativamente sobre sus finanzas, que pronto serán panameñas.
Frente al problema de la presencia de agricultores y ganaderos en la cuenca, se optó hace algunos años por reconvertirlos hacia la preservación agroforestal en vez de expulsarlos sin darles alternativas para su subsistencia. En ese sentido, la Escuela Agroforestal de Peñas Blancas es piedra maestra de una concepción estratégica de inobjetables méritos.
Pero desafortunadamente, la presión migratoria sobre la cuenca se incrementa a medida que salen las tropas norteamericanas cuya presencia en el lugar servía de disuasivo para el precarismo y cuyo inexorable vacío no se vislumbra que será compensado por escasos guardabosques.
Las casi acostumbradas invasiones de la escuela agroforestal la hace lucir como una especie de paso de las Termópilas, barrera final de contención de una marea humana irredenta que fluye desde el campo y que ve en ese centro de enseñanza estadio obligado antes de internarse en la selva canalera y erigir otro Loma Cová.
Si sucumbe Peñas Blancas a la presión de Julio Lane y su avanzada de invasores, sucumbirá la cuenca canalera entera. Los precedentes al respecto no son nada favorables. En marzo pasado, 4.5 hectáreas de la escuela fueron cedidos por el Ministerio de Vivienda a 90 familias precaristas comandadas por la izquierdista Coordinadora Victoriano Lorenzo. Ahora viene un grupo más grande por el resto, frente al cual se levanta solitaria y frágil la corregidora María Martínez con el único apoyo de la directora de la escuela y la gran indiferencia del MIVI y el resto del gobierno.
La escuela es una excelente iniciativa para preservar la cuenca hidrográfica del Canal, durante mucho tiempo afectada por agricultores sin tierra que trasladaban al delicado escenario ecológico sus técnicas de labranza que empezaban nada menos que con la tala de árboles y la eliminación de todo resto de vegetación y follaje mediante quema.
El bosque de la cuenca es esencial para preservar vigoroso el caudal del río Chagres y sus numerosos afluentes que nutren de agua dulce el lago Gatún, sin el cual el Canal no existiría.
La densa vegetación de la cuenca sirve además para preservar el lago de la incesante erosión que se sedimenta en su fondo, achicando su profundidad y amenazando el tránsito de buques por la vía. Ello a su vez incrementa los gastos de dragado, lo cual repercute negativamente sobre sus finanzas, que pronto serán panameñas.
Frente al problema de la presencia de agricultores y ganaderos en la cuenca, se optó hace algunos años por reconvertirlos hacia la preservación agroforestal en vez de expulsarlos sin darles alternativas para su subsistencia. En ese sentido, la Escuela Agroforestal de Peñas Blancas es piedra maestra de una concepción estratégica de inobjetables méritos.
Pero desafortunadamente, la presión migratoria sobre la cuenca se incrementa a medida que salen las tropas norteamericanas cuya presencia en el lugar servía de disuasivo para el precarismo y cuyo inexorable vacío no se vislumbra que será compensado por escasos guardabosques.
Las casi acostumbradas invasiones de la escuela agroforestal la hace lucir como una especie de paso de las Termópilas, barrera final de contención de una marea humana irredenta que fluye desde el campo y que ve en ese centro de enseñanza estadio obligado antes de internarse en la selva canalera y erigir otro Loma Cová.
Si sucumbe Peñas Blancas a la presión de Julio Lane y su avanzada de invasores, sucumbirá la cuenca canalera entera. Los precedentes al respecto no son nada favorables. En marzo pasado, 4.5 hectáreas de la escuela fueron cedidos por el Ministerio de Vivienda a 90 familias precaristas comandadas por la izquierdista Coordinadora Victoriano Lorenzo. Ahora viene un grupo más grande por el resto, frente al cual se levanta solitaria y frágil la corregidora María Martínez con el único apoyo de la directora de la escuela y la gran indiferencia del MIVI y el resto del gobierno.