Irán y Venezuela
La noticia de que Irán estaría obteniendo uranio de las minas de Venezuela y Bolivia, llena de escalofrío a cualquiera. Aunque es absurdo, porque las nubes radioactivas no reconocen fronteras, el problema de un Irán nuclear nos parecía a los latinoamericanos algo lejano y ajeno. Sin embargo, para sumar una cuenta más al rosario de irresponsabilidades del régimen chavista, esta estúpida intromisión de Hugo Chávez y su pupilo boliviano, en un proceso que tiene al mundo en vilo, nos pone a todos más cerca del holocausto nuclear.
Si las bombas atómicas en manos de dirigentes despiadados como los soviéticos, o despistados, como algunos de los líderes que han tenido los países occidentales, no nos dejaban dormir durante la Guerra Fría, armas nucleares en manos de orates y megalómanos mesiánicos nos presenta un horizonte de pesadilla. El cuento de que dos países ahogados en petróleo necesiten la tecnología nuclear para producir electricidad barata, no se los cree nadie; y el lanzamiento periódico de misiles de cada vez mayor alcance, da un indicio claro de los objetivos militares de tal proyecto.
Se ha revelado hace poco que, durante la parte más álgida de la Guerra Fría, en el episodio de la “Crisis de los Misiles en Cuba”, un submarino soviético que portaba armas nucleares se acercó a las costas de los Estados Unidos y perdió comunicación por un tiempo prolongado con sus superiores. El protocolo de guerra de la época establecía que, en ese caso, el Oficial Superior, el Segundo al Mando y el Comisario Político tenían que decidir por unanimidad disparar sus ojivas nucleares contra los blancos en Estados Unidos, ya que la falta de comunicación podría significar que la Unión Soviética había sido atacada por misiles nucleares. Los dos oficiales militares votaron a favor de lanzar los cohetes, con lo que hubiera iniciado la Tercera -y seguramente última- Guerra Mundial; el Comisario Político insistió en esperar y seguir intentando restablecer la comunicación. Finalmente ésta se logró y se aclaró que no se había dado ningún ataque contra la Unión Soviética. El mundo se salvó por un pelo. Ahora imaginémonos la historia, pero reemplacemos al Comisario Político por Ahmadineyad o Chávez. ¡Es para no pegar el ojo!