Jóvenes atrapados
La Universidad de Panamá realizó sus elecciones en medio de pronunciamientos a favor y en contra de la educación que allí se recibe. Sin importar quién dirigirá la misma, los jóvenes panameños se encuentran atrapados en una paradoja: cada vez tienen acceso a una mayor educación universitaria, pero menos posibilidades de un trabajo seguro y bien remunerado, pues los estudiantes revelan, en general, una educación "masificada" y una calidad decadente. Se calcula que aproximadamente el 39% de la población del país tiene entre 15 y 29 años de edad, y constituye un grupo que es percibido por el resto de la sociedad como inconsecuente y riesgoso. Investigaciones sociales subrayan que, a pesar de que tienen más acceso a la información, leen mucho menos y sus conocimientos están exentos de profundidad.
Los jóvenes son percibidos como un grupo social vigoroso, práctico, consumista y superficial. Los sociólogos destacan que si bien aspiran a cierta autonomía familiar, política y económica, se arriesgan menos que las generaciones pasadas para obtenerla. En la actualidad, pocos jóvenes panameños ven con buenos ojos su participación en los órganos de poder y en hacer carrera pública. El resultado es una creciente indiferencia de la juventud por lo que ocurre a su alrededor, ya sea en el país o en su entorno educativo.
Es imperioso retomar el debate de la educación superior como tema de interés social fundamental. Planificar y estratificar el valor de la enseñanza superior no debe ser responsabilidad exclusiva de las entidades universitarias, también debe recurrirse a consejos abiertos y transparentes para asegurar una respuesta educativa cónsona con los requerimientos del desarrollo nacional. ¿Qué esperamos? ¿Acaso una nueva elección? Allí en definitiva no se hallará la respuesta.
Los jóvenes son percibidos como un grupo social vigoroso, práctico, consumista y superficial. Los sociólogos destacan que si bien aspiran a cierta autonomía familiar, política y económica, se arriesgan menos que las generaciones pasadas para obtenerla. En la actualidad, pocos jóvenes panameños ven con buenos ojos su participación en los órganos de poder y en hacer carrera pública. El resultado es una creciente indiferencia de la juventud por lo que ocurre a su alrededor, ya sea en el país o en su entorno educativo.
Es imperioso retomar el debate de la educación superior como tema de interés social fundamental. Planificar y estratificar el valor de la enseñanza superior no debe ser responsabilidad exclusiva de las entidades universitarias, también debe recurrirse a consejos abiertos y transparentes para asegurar una respuesta educativa cónsona con los requerimientos del desarrollo nacional. ¿Qué esperamos? ¿Acaso una nueva elección? Allí en definitiva no se hallará la respuesta.