Jugando la carta de Chávez
La política exterior se parece demasiado a un juego de buen póker. No es tan importante las cartas que se tienen en la mano en un momento dado, sino lo que se proyecta a los demás sobre lo que uno tiene.
El presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, no es ningún tonto, como se pretende. En mucho sentido él es también un buen jugador. De otro modo no puede explicarse que haya vencido en más elecciones y referendos que ningún otro mandatario del mundo en nuestros días.
Chávez sabía que venía a Panamá a ser utilizado; pero también conocía de antemano que era un servicio de doble vía. Para él era una excelente ocasión de dar un sonoro bofetón a los mandatarios de Centroamérica que han sido sordos a su propuesta de crear una empresa regional para refinar y distribuir petróleo bajo liderazgo venezolano.
De la otra mano, sin embargo, estaba el interés de Panamá, de jugar "pelota dura" con sus vecinos que, hace pocas semanas, en Santo Domingo, sometieron a su presidente Torrijos, a la incertidumbre de un insólito concurso con Guatemala y Honduras, para ubicar mejor a una futura refinería de petróleo bajo liderazgo mexicano. Y decimos que era insólito por cuanto que, sabido de sobra es que nuestro país cuenta con sitios insuperables para localizar ese proyecto, como es el caso de Bahía Las Minas y Puerto Armuelles, donde existen puertos de aguas profundas, además de fácil acceso por carretera y ferrocarril.
En otras palabras, tanto Chávez como su homólogo coincidieron en enviar un mensaje claro: la refinería puede empezarse a construir ya, con capital venezolano, sin las complicaciones y mezquindades de hasta ahora. ¿A cambio de qué? No es el caso, porque vamos a tener refinería; pero no de Chávez.
El presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, no es ningún tonto, como se pretende. En mucho sentido él es también un buen jugador. De otro modo no puede explicarse que haya vencido en más elecciones y referendos que ningún otro mandatario del mundo en nuestros días.
Chávez sabía que venía a Panamá a ser utilizado; pero también conocía de antemano que era un servicio de doble vía. Para él era una excelente ocasión de dar un sonoro bofetón a los mandatarios de Centroamérica que han sido sordos a su propuesta de crear una empresa regional para refinar y distribuir petróleo bajo liderazgo venezolano.
De la otra mano, sin embargo, estaba el interés de Panamá, de jugar "pelota dura" con sus vecinos que, hace pocas semanas, en Santo Domingo, sometieron a su presidente Torrijos, a la incertidumbre de un insólito concurso con Guatemala y Honduras, para ubicar mejor a una futura refinería de petróleo bajo liderazgo mexicano. Y decimos que era insólito por cuanto que, sabido de sobra es que nuestro país cuenta con sitios insuperables para localizar ese proyecto, como es el caso de Bahía Las Minas y Puerto Armuelles, donde existen puertos de aguas profundas, además de fácil acceso por carretera y ferrocarril.
En otras palabras, tanto Chávez como su homólogo coincidieron en enviar un mensaje claro: la refinería puede empezarse a construir ya, con capital venezolano, sin las complicaciones y mezquindades de hasta ahora. ¿A cambio de qué? No es el caso, porque vamos a tener refinería; pero no de Chávez.