Juntos acabamos al Seguro y juntos podemos revivirlo
Ciertamente, Juan Jované no era culpable de la situación calamitosa que aqueja a la Caja de Seguro Social, pero tampoco era parte de la solución. Por el contrario, durante su mandato como director general de la entidad, hizo gala de inflexibilidad y dogmatismo indeseables, los que al final forzaron su salida. Es un hombre honesto; pero hace falta mucho más que eso para salvar a la Caja.
Del diálogo de dos años auspiciado por el PNU, con la participación de sectores del gobierno, de los empresarios y de los trabajadores, surgieron valiosas alternativas de solución, algunas de las cuales contaron con consenso y otras no. Tan solo hacía falta que el Ejecutivo, en coordinación con una administración que no marchara en sentido opuesto, adoptara las decisiones que mejor considerara. De cualquier modo, no hay alternativa única posible, sino más bien una combinación de medidas, algunas simultáneas y otras escalonadas en el tiempo. Así por ejemplo, sólo cobrar la morosidad no es suficiente, como tampoco lo es la mera transfusión de activos de las áreas revertidas.
Es pues un hecho comprobado, que la presencia de Jované en la dirección general del Seguro Social conspiraba contra cualquier tipo de solución, que no fuera la de cruzarse de brazos y esperar a que el país aumentara su nivel de empleos, mejorara su situación económica y creciera algún día al 6% anual, cuando apenas esperamos el 2.5%.
Pese a lo anterior, reconocemos que ni Jované ni nadie por sí solo puede solucionar los problemas de la entidad. Para eso, es menester, además de un buen administrador y un buen equipo de colaboración, del apoyo de toda la ciudadanía, en especial de los asegurados y del gobierno. Porque tirar de la carreta cada cual en dirección distinta, la llevaría al desastre definitivo.
Para encontrar la salida, cualquiera que sea, lo primero que debemos aceptar es que todos, gobierno, administración, asegurados y sociedad civil, somos parte del problema y de la solución. Desde su fundación, no hemos hecho más que abusarla, buscando privilegios para unos y no para el resto. De eso tratan las jubilaciones anticipadas, con último sueldo, cuando los demás no teníamos igual derecho pese a pagar lo mismo o más. De eso tratan las planillas recargadas por favores políticos. De eso tratan los aumentos automáticos ganados por su personal a punta de huelgas, sin consideración al mérito o calidad del trabajo. De eso trata el que todos los gobiernos la hayan usado como caja menuda, o algunos la hayan saqueado, como se hizo con los programas de vivienda. De eso trata que un asegurado, aportando lo mismo, inscriba diez dependientes, y los demás tres. Igual ocurre cuando se sacan medicinas en exceso y se abusa de las consultas. Juntos, pues, matamos al Seguro y juntos podemos revivirlo.
Si las ganancias no cubren las investigaciones y el costo de cientos de experimentos que no resultan en una marca registrada, todo ello se paraliza. Esta demagogia burocrática no ayuda a los pobres del tercer mundo, pero sí ampara a países como Perú y Egipto que fabrican copias baratas de medicinas patentadas. El problema es que si desaparece el incentivo para las investigaciones y desarrollo de nuevos productos farmacéuticos, mañana no tendremos curas milagrosas.
Que EE.UU. haya cedido por las presiones en algo tan importante es una señal preocupante respecto a las negociaciones comerciales que se dan Cancún.
Los perdedores a largo plazo pueden ser tanto los habitantes de países ricos como los de países pobres.
* Director de TechCentralStation.com Este artículo fue originalmente publicado por el Wall Street Journal de Europa.
(c) www.aipenet.com
Del diálogo de dos años auspiciado por el PNU, con la participación de sectores del gobierno, de los empresarios y de los trabajadores, surgieron valiosas alternativas de solución, algunas de las cuales contaron con consenso y otras no. Tan solo hacía falta que el Ejecutivo, en coordinación con una administración que no marchara en sentido opuesto, adoptara las decisiones que mejor considerara. De cualquier modo, no hay alternativa única posible, sino más bien una combinación de medidas, algunas simultáneas y otras escalonadas en el tiempo. Así por ejemplo, sólo cobrar la morosidad no es suficiente, como tampoco lo es la mera transfusión de activos de las áreas revertidas.
Es pues un hecho comprobado, que la presencia de Jované en la dirección general del Seguro Social conspiraba contra cualquier tipo de solución, que no fuera la de cruzarse de brazos y esperar a que el país aumentara su nivel de empleos, mejorara su situación económica y creciera algún día al 6% anual, cuando apenas esperamos el 2.5%.
Pese a lo anterior, reconocemos que ni Jované ni nadie por sí solo puede solucionar los problemas de la entidad. Para eso, es menester, además de un buen administrador y un buen equipo de colaboración, del apoyo de toda la ciudadanía, en especial de los asegurados y del gobierno. Porque tirar de la carreta cada cual en dirección distinta, la llevaría al desastre definitivo.
Para encontrar la salida, cualquiera que sea, lo primero que debemos aceptar es que todos, gobierno, administración, asegurados y sociedad civil, somos parte del problema y de la solución. Desde su fundación, no hemos hecho más que abusarla, buscando privilegios para unos y no para el resto. De eso tratan las jubilaciones anticipadas, con último sueldo, cuando los demás no teníamos igual derecho pese a pagar lo mismo o más. De eso tratan las planillas recargadas por favores políticos. De eso tratan los aumentos automáticos ganados por su personal a punta de huelgas, sin consideración al mérito o calidad del trabajo. De eso trata el que todos los gobiernos la hayan usado como caja menuda, o algunos la hayan saqueado, como se hizo con los programas de vivienda. De eso trata que un asegurado, aportando lo mismo, inscriba diez dependientes, y los demás tres. Igual ocurre cuando se sacan medicinas en exceso y se abusa de las consultas. Juntos, pues, matamos al Seguro y juntos podemos revivirlo.
Si las ganancias no cubren las investigaciones y el costo de cientos de experimentos que no resultan en una marca registrada, todo ello se paraliza. Esta demagogia burocrática no ayuda a los pobres del tercer mundo, pero sí ampara a países como Perú y Egipto que fabrican copias baratas de medicinas patentadas. El problema es que si desaparece el incentivo para las investigaciones y desarrollo de nuevos productos farmacéuticos, mañana no tendremos curas milagrosas.
Que EE.UU. haya cedido por las presiones en algo tan importante es una señal preocupante respecto a las negociaciones comerciales que se dan Cancún.
Los perdedores a largo plazo pueden ser tanto los habitantes de países ricos como los de países pobres.
* Director de TechCentralStation.com Este artículo fue originalmente publicado por el Wall Street Journal de Europa.
(c) www.aipenet.com