Juramento hipocrático y paro médico
La sociedad rechaza de manera rotunda el paro indefinido decretado por los médicos agremiados en la Comisión Médica Negociadora Nacional (COMENENAL), al no lograr un acuerdo con las autoridades de salud sobre sus exigencias del pago del 5% de su salario neto por la disponibilidad. Estos profesionales parecen vivir en otro país o en otro planeta, pues mientras los distintos sectores económicos, profesionales, sindicales y el pueblo en general, están sufriendo con tolerancia y dignidad la grave crisis económica que atraviesa la nación panameña, este gremio médico cree tener privilegios por encima de los demás y se muestra intransigente frente a las exigencias de tipo salarial, poniendo en peligro con su posición, a miles de panameños y panameñas que tienen el derecho constitucional de contar, gratuita e ininterrumpidamente, con servicios integrales de salud que le garanticen su completo bienestar físico, mental y social.
Nadie niega que es de justicia que los profesionales de la medicina, por las delicadas labores que realizan, tengan derecho en lo individual a disfrutar de mejores condiciones salariales, pero ese derecho individual nunca puede estar por encima del bien colectivo de la población y mucho menos en las actuales circunstancias en que COMENENAL plantea sus reivindicaciones, cuando el país atraviesa la peor crisis económica en muchos años.
Por su parte, el Estado panameño tiene como función esencial y obligatoria, la de velar porque en todo momento la población pueda acceder y disponer con eficiencia y oportunamente, de los servicios de salud y de seguridad social. Para ello tiene que actuar con seguridad y firmeza, tomando las decisiones que se deban tomar, incluyendo el despido de los médicos intransigentes en paro. Hay muchos profesionales de la medicina que no tienen trabajo y gustosamente estarían en disposición de trabajar e incluso, de ser necesario, permitir temporalmente la contratación de médicos del exterior, porque lo que está en juego es la vida de seres humanos; valor que no puede admitir privilegios para un sector determinado.
Es necesario hacer un llamado a la reflexión a los/as profesionales de COMENENAL, recordándoles que el Juramento Hipocrático, catecismo del ejercicio de la medicina, es de tal intrínseca grandeza, que no ha tolerado ni la más ligera modificación a través de más 25 siglos. Es por eso que la responsabilidad moral de la profesión médica conduce a menudo a compararla con el ejercicio de un sacerdocio. Pero en este mundo globalizado y deshumanizado, ¿se puede decir que este juramento se practica a conciencia? ¿O se trata de un adorno más colgado en las paredes de las salas de espera de tantos consultorios? Estas interrogantes deben servir de reflexión profunda, para que este juramento siga siendo el principio fundamental de la dignidad y la ética médica.
Cuando el gremio médico demuestre más solidaridad, más humildad, más humanidad y más tolerancia frente a una población marginada, que parece no tener derecho a enfermarse; cuando ese gremio esté dispuesto a asumir la parte de sacrificio que le corresponde en los actuales momentos de crisis, podrá contar con el apoyo de la población y de los demás sectores para lograr con éxito el justo reconocimiento a sus reivindicaciones. Hacerlo ahora no es ético, ni es justo, viola derechos humanos fundamentales y es un atentado al juramento hipocrático.
*El escritor y periodista Alvaro Vargas Llosa está escribiendo, bajo auspicio del Independent Institute, un libro sobre las reformas latinoamericanas de los años 90.
(c) www.aipenet.com
Nadie niega que es de justicia que los profesionales de la medicina, por las delicadas labores que realizan, tengan derecho en lo individual a disfrutar de mejores condiciones salariales, pero ese derecho individual nunca puede estar por encima del bien colectivo de la población y mucho menos en las actuales circunstancias en que COMENENAL plantea sus reivindicaciones, cuando el país atraviesa la peor crisis económica en muchos años.
Por su parte, el Estado panameño tiene como función esencial y obligatoria, la de velar porque en todo momento la población pueda acceder y disponer con eficiencia y oportunamente, de los servicios de salud y de seguridad social. Para ello tiene que actuar con seguridad y firmeza, tomando las decisiones que se deban tomar, incluyendo el despido de los médicos intransigentes en paro. Hay muchos profesionales de la medicina que no tienen trabajo y gustosamente estarían en disposición de trabajar e incluso, de ser necesario, permitir temporalmente la contratación de médicos del exterior, porque lo que está en juego es la vida de seres humanos; valor que no puede admitir privilegios para un sector determinado.
Es necesario hacer un llamado a la reflexión a los/as profesionales de COMENENAL, recordándoles que el Juramento Hipocrático, catecismo del ejercicio de la medicina, es de tal intrínseca grandeza, que no ha tolerado ni la más ligera modificación a través de más 25 siglos. Es por eso que la responsabilidad moral de la profesión médica conduce a menudo a compararla con el ejercicio de un sacerdocio. Pero en este mundo globalizado y deshumanizado, ¿se puede decir que este juramento se practica a conciencia? ¿O se trata de un adorno más colgado en las paredes de las salas de espera de tantos consultorios? Estas interrogantes deben servir de reflexión profunda, para que este juramento siga siendo el principio fundamental de la dignidad y la ética médica.
Cuando el gremio médico demuestre más solidaridad, más humildad, más humanidad y más tolerancia frente a una población marginada, que parece no tener derecho a enfermarse; cuando ese gremio esté dispuesto a asumir la parte de sacrificio que le corresponde en los actuales momentos de crisis, podrá contar con el apoyo de la población y de los demás sectores para lograr con éxito el justo reconocimiento a sus reivindicaciones. Hacerlo ahora no es ético, ni es justo, viola derechos humanos fundamentales y es un atentado al juramento hipocrático.
*El escritor y periodista Alvaro Vargas Llosa está escribiendo, bajo auspicio del Independent Institute, un libro sobre las reformas latinoamericanas de los años 90.
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