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La "abuelización" femenina del entorno laboral


TODOS LOS PAÍSES del mundo han enfrentado la reforma de su sistema de seguridad social. En todos el costo de las reformas, ha pasado por tranques, paros, huelgas y por lamentables muertos y episodios de dolor. Y lo peor de todo, la solución al problema del déficit es perentoria y cíclica. La razón ya la conocemos. El aporte de las cotizaciones no aguanta dos fenómenos principales, alrededor de los cuales giran los demás: Uno, es el aumento en la esperanza de vida, sobre todo, de las mujeres; y dos, la parálisis de la inversión, que acarrea una sensible baja en los ingresos por cotización.
Para resolver lo primero, los gobiernos han acudido al aumento de la edad y de la cantidad y densidad de las cuotas. El segundo, no depende de ellos, necesariamente. Los gobiernos, el nuestro y cualquier otro, echan mano al que tienen acceso y control, que, en términos prácticos, es la manipulación de las variables paramétricas, mediante corridas actuariales. Al respecto del segundo, hacen esfuerzos por atraer la inversión y mejorar las condiciones del empleo, pero como sobre éste no se tiene control, en lo inmediato, proceden a los inevitables ajustes en los parámetros. En el mejor de los casos, se formulan planes estratégicos y se legisla para atraer inversiones, pero éstas se comportan como un niño de dos años al que acabamos de conocer; que aunque le hablemos tiernamente y le ofrezcamos un caramelo, no es tan fácil que se acerque a nosotros.
Con la aplicación de ajustes paramétricos, aunque no se desee, los gobiernos presionan e inducen la precarización de los salarios, merman la calidad de vida laboral, aseguran la abuelización de los cargos y del entorno del trabajo y ralentizan el acceso de los jóvenes al mercado laboral. Esto último tiene efectos a largo plazo, en cuanto que mientras más trabajadores permanezcan activos y durante más tiempo, menor es la oportunidad que tienen los jóvenes de ingresar al empleo.
Pero la situación se torna más crítica, cuanto más legalizada esté la práctica de la temporalidad laboral y más amplios sean los períodos de cesantía. No disponemos de estadísticas frescas, pero se estimaría que, actualmente hay un porcentaje importante de trabajadores (as), en edad productiva, en pleno período de censantía laboral y un alto porcentaje, mayor del 12%, que aún no ingresan a su primer trabajo.
Las reformas a la CSS y, específicamente, el aumento de la edad trae una serie de consecuencias sobre la calidad de la vida laboral, que pegan directamente con la productividad y la calidad del desempeño de los trabajadores. Son consecuencias cardinales, que deben ser develadas para poder abordar los cambios en la dinámica de la relación trabajador-empleador y en la salud física y emocional de los trabajadores.
Si los empleadores privados panameños operaran con reglas como las de la Universidad de Panamá y de las entidades que tienen carrera administrativa, las reformas estarán propiciando el fenómeno de la "abuelización del empleo y del entorno laboral", ya notorio en varios escenarios institucionales. Y esto es más evidente al analizar la abuelización femenina.
De todos es conocido que las abuelas ejercen un papel importantísimo en la economía e higiene de la familia. El aumento de la edad de jubilación es para las mujeres, esto es, para las abuelas trabajadoras, un problema de salud y de economía familiar, con posibles efectos en su esperanza de vida. Los tres años adicionales, en el caso de las mujeres, significan entre seis y siete años de desgaste y de tensiones que deben ser estudiados, por la significación psicológica que tienen para las abuelas y por el papel de sostén que ellas representan en la dinámica general de la familia. Por ejemplo, en nuestro país, y de seguro en muchos otros, miles de abuelas contribuyen a la crianza y cuidado de sus nietos, sobre todo en los períodos de radicalización del desempleo, del medio empleo y de la precarización salarial. Este papel, es en muchos casos, una ayuda vital que equilibra las necesidades y urgencias que tienen las parejas, cuyos salarios no alcanzan a cubrir los costos del jardín infantil y de una empleada.
Debo señalar, enfáticamente, que dicho papel de soporte, deviene en muchísimos casos, como una consecuencia tristemente inevitable, de precarización de los salarios, que impide a los hijos una plena independencia, cuando forman pareja.
De todos modos, la abuelización femenina de la edad de jubilación tiene variadas como graves consecuencias, no solamente en la salud física y emocional de estas mujeres, sino en el apoyo y soporte que brindan la educación, cuidado y economía de la familia. A lo cual hemos de añadir que, seguramente, sus pensiones estarán afectadas por el alza consuetudinaria del costo de la vida.
Sería interesante pensar en un plan de calidad de vida laboral para los miles de abuelas que, a partir de ahora, aumentarán en los medios institucionales, mucho más que en los empresariales.

101 años de Panamá América

 
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