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La amenaza de la gripe aviar


Lo viene diciendo cada año desde que en el 2003, Asia entró en pánico y sacrificó no menos de la mitad de su capacidad avícola, tras la aparición de la gripe aviar, transmisible a humanos, mal al que llamaron inicialmente "sars". Pero poca atención se le prestó en otros continentes, pensando, acaso, que la distancia y los océanos de por medio serían una protección, como se creía erróneamente en siglos pasados.
La enfermedad en humanos pasó rápidamente desde Asia para América, afectando a pacientes de Estados Unidos, Canadá y Chile. En el último, el mal produjo pérdidas por B/. 20 millones. Panamá, que es centro de tránsito de migraciones intercontinentales, no registró empero ningún caso hasta ahora.
Pero en esta ocasión, la advertencia es más sonora. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho que la amenaza de aparición de una epidemia es inminente y que sólo cuestión de tiempo. Motivó la advertencia las conclusiones que arroja la colaboración de miles de científicos que estudian y buscan remedio. El virus muta a velocidad vertiginosa, más aprisa que la capacidad de los laboratorios del mundo para buscar remedios y vacunas. Se estima que cuando ataque masivamente, matará a no menos de 7.4 millones de personas en el mundo.
Con una frontera que más semeja una inmensa coladera, hay motivos de sobra para que nuestro Ministerio de Salud haya anunciado la adopción de medidas de prevención. Una de ellas es insistir en el "mapeo" o localización geográfica en áreas separadas unas de las otras, de las explotaciones avícolas. De ese modo, de aparecer en una de ellas la enfermedad, no habría que sacrificar al resto. Lo malo es que se ha descubierto que el virus viaja en las aves migratorias, de las muchas que usan nuestro país como puente de tránsito hacia el Norte o el Sur. La industria aporta no menos de B/. 100 millones al Producto Interno Bruto y proporciona unos seis mil empleos.

101 años de Panamá América

 
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