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La articulación entre las educaciones Media y Superior (I)


La educación se ha constituido en un elemento fundamental de las estrategias de desarrollo en todos los países del orbe. La importancia asignada para el crecimiento económico y social a la formación de los recursos humanos es un hecho que se declara enfáticamente en los pronunciamientos y documentos de gobiernos nacionales, organismos internacionales, y en los cónclaves de jefes de Gobierno y ministros de Estado.
Las aceleradas transformaciones que el mundo ha vivido en los últimos años han conformado nuevas condiciones y, en consecuencia, nos obliga al diseño de nuevas estrategias.
La superación de la bipolaridad política, la globalización de la economía y la regionalización de los mercados, está teniendo consecuencias que inciden en transformaciones que están afectando todos los niveles de la sociedad civil.
La nueva estructura que ha adoptado la economía mundial ha abierto un nuevo sistema de competitividad, que en síntesis replantea un nuevo perfil para todos los niveles formativos y en todas las sociedades.
En el caso de Panamá, el Pacto de Compromisos para el Desarrollo, firmado en Bambito en 1994 por representantes de empleados, empleadores y gobierno, acordó como un compromiso del gobierno nacional: "Concertar las bases para la estructuración de un nuevo sistema educativo, que prepare a los panameños para los retos de la globalización y el desarrollo sostenible."
La declaración de Bambito acuerpa lo que han venido expresando las cumbres de ministros de Educación, que señalan que nuestros sistemas educativos no están en capacidad de dar respuesta a los nuevos modelos de funcionamiento que se dan en el orden mundial, y los requerimientos que se presentan en el campo de la ciencia y la tecnología. Textualmente, los ministros de Educación manifestaron en Quito que: "el problema de la educación no era coyuntural, sino la expresión del agotamiento de las posibilidades de los estilos tradicionales de la enseñanza."
El problema es de gran complejidad y de extraordinaria importancia, porque nos señala la disyuntiva e impostergable, de cumplir con las nuevas exigencias o ser superados y definitivamente postergados en nuestros proyectos de desarrollo y superación social. Son muchos y grandes los problemas que hay que resolver para comenzar a caminar con el signo de los tiempos. Cada sector de la organización política, administrativa, económica y social del Estado debe ser modificado y dotado de nuevos y mejores recursos. El hecho planteado es, en síntesis, un problema general de búsqueda de calidad y excelencia.
Nuestra gestión ministerial se encaminó a lograr cambios cuantitativos, cualitativos, de equidad y eficiencia administrativa. Para eso, planteamos un plan decenal de mejoramiento educativo, que incluía una transformación curricular, el cual se validó en 110 centros pilotos en los años 1998 y 1999, aumentar el calendario escolar de 32 semanas (160 días) a 40 semanas; o sea, 200 días efectivos de clase; se extiende la duración del horario escolar de 35 a 50 minutos; la hora de clase; iniciamos la jornada completa de centros de nivel básico y medio; incluimos la materia de inglés desde el primer grado; hacimos de la capacitación a los maestros una prioridad constante en el tema de modernización educativa, desarrollo humano y transformación curricular durante los períodos de verano y la capacitación del 100% de los docentes multigrados en metodologías para su aulas; los colegios del nivel medio recibieron equipos de cómputo y con materiales de laboratorios de ciencia, talleres nuevos para los 60 colegios profesionales y técnicos; se entregaron miles de textos y guías, libros de bibliotecas escolares y de aulas, etc. Lastimosamente, en algunos casos no hubo seguimiento de políticas educativas.
Queremos hacer énfasis en la trascendencia de emprender estas transformaciones con un enfoque integral, y aunque por razones metodológicas nos vemos precisados a estudiar y analizar los problemas como si fuesen hechos aislados, no debemos olvidar que en verdad son elementos del tejido total de la sociedad y, en consecuencia, totalmente articulados con el resto del sistema.
Dentro de esa gama de problemas, uno de los puntos críticos es el que involucra la relación entre la educación media y la educación superior. Con el fin de ver algunos aspectos del mismo, veamos algunas cifras pertinentes. En el 2003, asistieron a las pruebas iniciales de ingreso 23,662 estudiantes y obtuvieron un índice mayor de 1, para poder ingresar, 12,324; o sea, el 52.08%. Lo que quiere decir que un poco más del 47% no aprobó las pruebas. Para este 2004, de 21,649 estudiantes que aplicaron para ingresar a la Universidad de Panamá, sólo 11,594 estudiantes (o sea, el 53.55%) obtuvieron el índice mayor de 1 para poder ingresar. Esto nos dice que más del 46% de los estudiantes que aplicaron no pasó las pruebas de ingreso. (Continuará en segunda entrega la próxima semana)

101 años de Panamá América

 
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