La basura en su lugar
La ligereza con la que estamos tratando el tema de la basura en Panamá puede tener gravísimas consecuencias para la salud de la población. Todos hemos visto en las últimas semanas como se acumulan los desperdicios orgánicos en las áreas urbanas, después de largos períodos en los que no se ha recogido la basura. Con esta desidia estamos contribuyendo a crear el ambiente ideal para la proliferación de toda clase de plagas, agentes patógenos y materias tóxicas que amenazan a los residentes con alergias y enfermedades. Si además añadimos el problema que enfrentamos con la distribución del agua potable por las ineficiencias en el suministro, bien podríamos encontrarnos en la antesala de una crisis sanitaria que puede degenerar en epidemias de disentería, rabia, dengue, encefalitis, tuberculosis y otros males que pensábamos ya superados. La situación se sale de control y nadie parece dar los pasos dramáticos y urgentes que se requieren. Todavía resuenan las palabras del alcalde de la ciudad capital que durante la campaña política prometió convertir la basura en fuente de riqueza, mientras explicaba todos los métodos modernos que emplearía en su aprovechamiento. Lo que tenemos en cambio es una completa anarquía que ha convertido las calles en basureros a cielo abierto, multiplicando focos de infección en cada esquina y presentando ante el turista y el inversionista la imagen de una ciudad repulsiva al olfato y a la vista.