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La burocracia


Hacer un análisis sobre el tema de la burocracia, incluye dificultades específicas, especialmente en los aspectos de la práctica y en los principios ideológicos puros o teóricos. Aquí es primordial la coyuntura socio-histórica y cultural, fundamentando el desarrollo del burocratismo, tanto el de ayer, como el del tercer milenio.
En el Diccionario de Ciencias Sociales de la UNESCO, se indican rasgos caracteristicos, tales como: el espíritu racional de las decisiones que se toman, la impersonalidad en las relaciones, el carácter rutinario y la centralización dogmática del poder. Todo esto nos está denotando que el aparato burocrático destruye la personalidad, establece la nivelación de conciencias individuales y deshumaniza el trabajo; en definitiva, el sujeto no deja de ser objeto de manipulaciones y es el peón de un juego que no es el suyo.
Si el burocratismo en lo netamente laboral se manifiesta como un fenómeno dado, el socialista libertario español José Manuel Vermudo Avila (1947) expone al respecto lo siguiente: "Un trabajo desalienado y no represivo, en el sentido de un trabajo-juego, de un trabajo ajeno a la división laboral, a la automatización, a la racionalización tecnológica, hoy por hoy, constituye una utopía". La tendencia burocrática, como estilo de prensar, es irreductiblemente opuesto al genuino progreso social. El progreso de la sociedad se apoyaría en la iniciativa de las masas, las cuales serían las auténticas creadoras de la historia; también se procura desplegar toda la riqueza de posibilidades existentes en cada individuo y en cualquier colectividad. El modo de pensar burocrático, por el contrario, mira con desconfianza lo mismo a las masas, como a la subjetividad reformadora. La iniciativa que viene de abajo y rompe los reglamentos a que se halla habituado, le parece una peligrosa anarquía.
En cualquier acción y motivo no provistos por el reglamento, el burócrata ve algo sospechoso y hostil. Para él, el hombre no es más que un objeto de dirección con el que se manipula. Este sistema funcional y automatizante de los hombres y las cosas, se contrapone a cualquier ampliación de las facultades a macronivel.
Federico Engels filósofo, economista y político alemán (1820-1895), vislumbró con una modalidad futurista, el mal que se avecinaba cuando destacó lo siguiente: "La sociedad no puede emanciparse, sin emancipar a cada hombre por separado". De ahí la peculiar síntesis que en la tendencia burocrática se lleva a efecto con el voluntarismo (cuando se trata de la labor de dirección) y el fatalismo (cuando se trata de las masas). En la labor administrativa, el burócrata se inclina hacia el voluntarismo reaccionario, pensando que con ayuda de directrices y circulares, es posible obtener cualquier resultado, sin tener presentes las condiciones objetivas.
La filosofía del pleno desarrollo individual y social, la relacionada con la socialización libertaria, con la innovación creativa, con el establecimiento de relaciones auténticamente humanistas y la vinculada al surgimiento del "Hombre Nuevo" (la riqueza espiritual, la excelencia intelectual, la pureza moral y el perfeccionamiento físico), haría hincapié en un profundo respeto hacia las masas con poder de inteligencia, con manifestación heroica y con una pluralidad de producciones revolucionarias. El burocratismo -sobre todo si ostenta un monopolio tecnócrata- es por su misma esencia anti-intelectual.
El futuro adversario tanto del individuo con toma de conciencia, como de las masas populares, sería indudablemente el advenedizo neoimperialismo globalizante, que gesticula a favor de un falaz "Nuevo Orden Mundial". Le concierne a los intelectuales honestos y a las masas creadoras, compeler a los gobiernos para que no se lleve a efecto esta nefasta situación, pues pretende ser el Alfa y Omega de la vida social, es como la serpiente que cambia de piel. La burocracia del siglo XXI pareciera apoyar más bien al sistema politiquero corrupto y a la tecnocracia mercantilista antipopular, que a la sociedad civil desarrollista. ¡Abajo este cáncer social!

101 años de Panamá América

 
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