La Cinta “Buhonera”
Así debería llamarse la pomposa, costosa, inoperante y peligrosa Cinta Costera, pues se ha convertido en un lugar plagado de problemas, suciedad y tranques por su mal diseño vial, amén de un verdadero mercado de buhoneros de todo tipo.
Invadiendo las aéreas supuestamente diseñadas solo para peatones y bicicletas, estos tienen que esquivar desde montones de excrementos de perro, hasta cientos de vendedores ambulantes de chichas, raspao, “hot dogs”, sodas, agua y paleteros, con sus respectivos carritos. Patacones, chorizos, carimañolas, empanadas y frituras de toda índole, eso sí preparadas ahí mismo en cómodas “cocinas” con tanques de gas totalmente expuestos con el peligro que esto acarrea; seguimos: dulces, teléfonos celulares y sus forros, relojes, pulseras, chaquiras, globos, algodón con azúcar, y un sinnúmero de baratijas y comidas. Pero… usted se ha preguntado: ¿en qué momento y dónde estos vendedores hacen pipí si no hay baños? ¿Dónde se lavan las manos, si no hay agua? ¿Con qué limpian los utensilios y los productos? ...
A lo anterior súmele que los parqueaderos de la Cinta “Buhonera” especialmente el que está ubicado frente al Club de Yates y Pesca, se han convertido en sitio predilecto para montar escenarios de cualquier cosa, desde una pelea de boxeo hasta un partido de fútbol, la celebración del día del niño, la niña, la abuelita, o de lo que usted quiera, todo animado por seis u ocho bocinas a todo volumen. Pero cuidado, también se puede encontrar cuatro o cinco locos tocando trompetas a altas horas de la noche, o autos con los maleteros abiertos cada uno con su respectivo “cooler” y tocando una música diferente a todo volumen.
Por allí también pasan durante toda la noche y la madrugada, violando todos los decretos alcaldicios sobre ruidos excesivos, 6 u 8 de las mal llamadas “Chivas Parranderas” con música al más alto volumen y claro todo esto justo frente a los hospitales Santo Tomás y Del Niño (que de acuerdo a la ley es una zona de silencio en tres cuadras a la redonda, pero que nadie cumple), reventando a su paso por zonas residenciales y de reposo cualquier vestigio de tranquilidad que los habitantes de esas áreas merecen y tienen derecho a exigir.
Pero ¿Quién debe corregir estos desmanes? ¿Porqué nadie ha hecho nada por impedir estos atropellos a la ciudadanía? ¿Quién regula las tales “Chivas” y sus “rutas”? ¿Cuándo se van a hacer cumplir las leyes, decretos y demás reglas sobre ruidos excesivos de manera seria y con mano dura?
Lo más grave es que hace poco algún “genio” propuso hacer los Carnavales en la Cinta, y además dejar permanentemente una “pantalla gigante” dizque para ayudar a financiar los gastos de la misma, ¡Qué ingenio! ¡Qué inteligencia! ¿Quién debe velar porque los niños con enfermedades terribles como el cáncer o los sufridos pacientes del Hospital Santo Tomás reciban el respeto, la tranquilidad y algo de paz que merecen?
Esperemos que la Alcaldía y el Municipio den a la ciudadanía una respuesta coherente, lógica y respetuosa a la gente que vive en esas áreas y a los citados hospitales sin que uno le tire la pelota al otro.
* Vicepresidente de la Asociación Panameña de Prensa Turística (APPTUR).
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