La convención MOLIRENA
EL ACTO POLÍTICO al cual nos referimos tuvo motivación en las situaciones internas del Partido MOLIRENA, existente desde hace tiempo, y nacido entonces de la unión de partidos políticos bastantes reducidos, que buscaron en la unión la posibilidad de continuar su presencia eleccionaria, al estilo tradicional. Su denominación (MOLIRENA) fue una extraña sigla, con los nombres iniciales que habían usado anteriormente, pero tal nombre resultó exótico y sin ningún contenido, porque adoptó cada frase inicial de las viejas denominaciones en peligro definitivo de desaparecer. Fue uno más de los requeteconocidos grupos políticos panameños que giran siempre en derredor de nuestra archiconocida Oligarquía, en su plan de usufructuaria del poder político.
Tras participaciones poco lucidas en varias elecciones presidenciales, las dos últimas (1999 y 2004) dieron la oportunidad inicial de que el MOLIRENA apoyara la nueva experiencia de una mujer como Presidenta de la República, lo que se tradujo en numerosos votantes de un MOLIRENA descolorido, pero en la última ocasión, de resonado fracaso de la experiencia presidencial femenina, el MOLIRENA quedó en crisis total. Fueron públicos los intríngulis que siguieron al fracaso electoral de ese "partido".
Una fracción de molirenas todavía en años finales de juventud, en su mayoría profesionales universitarios, se lanzó a la tarea de rescatar el Partido de manos en que estuvo últimamente, con cabezas actuantes de cierta calificación. El resultado de estos últimos días fue el de un nuevo Directorio que podemos ubicar socialmente en la clase media, siendo notoria la ausencia de sus jefes tradicionales, de los que únicamente dos unidades llegaron al final de la Convención, para demostrar que estaban ayudando a un pequeño sector del grupo de rescate, que obtuvo una estrecha mayoría sobre los candidatos que se empeñaron desde un par de años atrás, en pasar a la dirección del partido, identificándose como de clase media.
Fue el resultado de la crisis electoral última del MOLIRENA. Este final del nuevo Directorio nos llama la atención, porque no recordamos otro caso, en nuestra política meramente electorera, de un grupo de clase media que pasa, como conjunto, a la Dirección de un partido, siempre reservada a los poderosos caballeros que casi permanentemente actúan con sus gruesos aportes económicos de control lógico. Muy pocas personas creen en Panamá, en esos partidos, como conductores de un gobierno sano que trata de iniciar el camino general de responder como personeros de los sectores populares, hoy castigados en nuestro país a seguir en su pobreza crónica y creemos que sin esperanzas, ya que la partidocracia constitucionalizada es la que continúa en el poder, pese a las disputas eleccionarias de todos sus ilustres y, como decimos, poderosos dueños.
Nadie niega que Panamá vive en las últimas décadas una grave crisis general, resultado de antecedentes políticos de vieja data y de continuidad de los mismos, sólo que con agravaciones persistentes. Ello ha engendrado un descreimiento total de nuestra población en sus gobiernos y en los líderes que los encabezan. Y desde luego que esta actitud negativa es un serio peligro y realidad amenazante para todo nuestro país. Porque todos los caminos de verdaderas y necesarias rectificaciones están cerrados, sin que se vean atisbos ciertos de regeneraciones.
Creemos que, dentro de la situación conocida, el caso del Directorio de relevo del MOLIRENA, nada tiene de extraño, porque es un síntoma resultante de la pérdida de la creencia popular que se respira en las elecciones presidenciales y legislativas, en el sentido de que la esperanza eleccionaria dura poco y comienza a imponerse rápidamente una frustración que puede ser caldo de cultivo de cambios verdaderos, que se imponen por la fuerza de los hechos o que, por lo menos, tienden a buscar esa vía de salida. Seguiremos observando este ensayo político.
Tras participaciones poco lucidas en varias elecciones presidenciales, las dos últimas (1999 y 2004) dieron la oportunidad inicial de que el MOLIRENA apoyara la nueva experiencia de una mujer como Presidenta de la República, lo que se tradujo en numerosos votantes de un MOLIRENA descolorido, pero en la última ocasión, de resonado fracaso de la experiencia presidencial femenina, el MOLIRENA quedó en crisis total. Fueron públicos los intríngulis que siguieron al fracaso electoral de ese "partido".
Una fracción de molirenas todavía en años finales de juventud, en su mayoría profesionales universitarios, se lanzó a la tarea de rescatar el Partido de manos en que estuvo últimamente, con cabezas actuantes de cierta calificación. El resultado de estos últimos días fue el de un nuevo Directorio que podemos ubicar socialmente en la clase media, siendo notoria la ausencia de sus jefes tradicionales, de los que únicamente dos unidades llegaron al final de la Convención, para demostrar que estaban ayudando a un pequeño sector del grupo de rescate, que obtuvo una estrecha mayoría sobre los candidatos que se empeñaron desde un par de años atrás, en pasar a la dirección del partido, identificándose como de clase media.
Fue el resultado de la crisis electoral última del MOLIRENA. Este final del nuevo Directorio nos llama la atención, porque no recordamos otro caso, en nuestra política meramente electorera, de un grupo de clase media que pasa, como conjunto, a la Dirección de un partido, siempre reservada a los poderosos caballeros que casi permanentemente actúan con sus gruesos aportes económicos de control lógico. Muy pocas personas creen en Panamá, en esos partidos, como conductores de un gobierno sano que trata de iniciar el camino general de responder como personeros de los sectores populares, hoy castigados en nuestro país a seguir en su pobreza crónica y creemos que sin esperanzas, ya que la partidocracia constitucionalizada es la que continúa en el poder, pese a las disputas eleccionarias de todos sus ilustres y, como decimos, poderosos dueños.
Nadie niega que Panamá vive en las últimas décadas una grave crisis general, resultado de antecedentes políticos de vieja data y de continuidad de los mismos, sólo que con agravaciones persistentes. Ello ha engendrado un descreimiento total de nuestra población en sus gobiernos y en los líderes que los encabezan. Y desde luego que esta actitud negativa es un serio peligro y realidad amenazante para todo nuestro país. Porque todos los caminos de verdaderas y necesarias rectificaciones están cerrados, sin que se vean atisbos ciertos de regeneraciones.
Creemos que, dentro de la situación conocida, el caso del Directorio de relevo del MOLIRENA, nada tiene de extraño, porque es un síntoma resultante de la pérdida de la creencia popular que se respira en las elecciones presidenciales y legislativas, en el sentido de que la esperanza eleccionaria dura poco y comienza a imponerse rápidamente una frustración que puede ser caldo de cultivo de cambios verdaderos, que se imponen por la fuerza de los hechos o que, por lo menos, tienden a buscar esa vía de salida. Seguiremos observando este ensayo político.