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La crisis de los valores cívicos


Una de las más tristes y desalentadoras consecuencias del comportamiento ciudadano de nuestro tiempo es la crisis de los valores cívicos y morales. Situados en un observatorio estratégico, desde el cual podamos hurgar los motivos que llevan a millares de ciudadanos (especialmente jóvenes) a elegir una posición política (partidista o independiente), asistimos decepcionados al espectáculo de ver cómo la mayoría de ellos se siente enteramente desorientada y despreocupada, no concediendo al magno problema de su responsabilidad ética y cívica ciudadana la menor importancia, o en el mejor de los casos, tratando de resolverlo por simple pálpito.
La inscripción de cientos de ciudadanos en un determinado partido político, se produce hoy en Panamá de una manera tan fácil que espanta; obedece tan sólo al llamado de una propaganda política partidista, similar a la que se usa en los supermercados para vender un detergente o una bebida refrescante. ¿Cómo es posible que la propaganda política para explotar la inscripción masiva de ciudadanos panameños dependa apenas del criterio de funcionarios que, por ser elegidos por votación popular o por ser nombramiento político y transitorio, pueden (y acostumbran) ser venales?
Lo que priva en la motivación de la conducta del ciudadano común en las grandes ciudades pareciera no ser la satisfacción que se pueda obtener en el trabajo honrado, ni siquiera el servicio que con él sea factible prestar a la sociedad, sino apenas el logro económico y el supuesto prestigio social que su rendimiento proporcione. De cualquier manera se desea ser rico y poderoso, tener éxito y llevar cuanto antes una vida fácil, de placeres y diversiones, aunque para ello se tenga que violar toda las normas y reglas de la ética y la moral social. Por esto, inclusive, los ciudadanos y ciudadanas considerados como jóvenes serios, honestos y conscientes (los llamados buenos ciudadanos), aspiran mucho más a alcanzar cuanto antes determinadas posiciones que a utilizar sus conocimientos y habilidades en beneficio de sus semejantes. Así lo vemos, por ejemplo, terminar sus respectivas formaciones y permanecer incrustados en los grandes centros urbanos, procurando adscribirse parasitariamente a cualquier centro (público o privado) que les permita cuanto antes “proyectarse” en el escenario de la lucha profesional o política y triunfar en la llamada “feria de vanidades”. Aparece, entonces, como arte de magia, el mercado de la politiquería criolla con su oferta tentadora para atrapar al rebaño, y lo logra. ¡Son los jóvenes, los necesitados, los ignorantes y los pobres, los insatisfechos y fanáticos, las primeras víctimas!
Se da el caso también, por ejemplo, que de poco le sirven a los jóvenes profesionales y técnicos las angustiosas llamadas que a diario emergen de los recónditos y olvidados lugarejos del interior del país, en demanda de sus auxilios técnicos: ni los maestros quieren ir a enseñar, ni los médicos a medicar, ni los ingenieros a fabricar, ni los arquitectos a construir, a despecho de que se les asegure un razonable salario. Y no obstante, si los maestros tuviesen auténtica vocación magisterial, sabrían que allí encontrarían la mejor posibilidad de “enseñar a quien no sabe”; si los médicos tuviesen vocación sanitaria, también estarían convencidos de que es en la zona rural en donde más vidas podrían ser salvadas y más necesarios son sus servicios; si los ingenieros tuvieran auténtica vocación febril, procurarían ir a trabajar en donde más falta hace la industrialización; y si los arquitectos fuesen de veras, también irían en peregrinación para no dejar a sus semejantes expuestos a la intemperie, el frío y las inf ctaciones, construyéndoles viviendas económicas, pero seguras y sanas.
¿De qué manera se podría crear a la juventud una nueva actitud profesional, inculcar los principios de ética, civismo y moral ciudadana, lo mismo que de generosidad e idealismo por la cual no pretendiese ser un ciudadano irresponsable e indiferente, ni mucho menos ejercer la profesión como simple medio de obtener lucros y se dedicase a ella con fe, entusiasmo, desprendimiento y eficiencia, independientemente del lugar, del tipo de cliente o de la retribución monetaria que pudiese avizorar? El recurso más efectivo que cabe aquí sería: crear, desde el principio del aprendizaje vital, el convencimiento de que existe el deber de solidaridad humana y un compromiso con la democracia; la obligación imperativa de repartir nuestros bienes éticos, cívicos, morales, intelectuales y materiales cuando ellos se encuentren nítidamente por encima del nivel medio de nuestras necesidades y también se hallan en exceso respecto a los de la mayoría de nuestros semejantes.
En el presente y en el futuro en Panamá valorizar la vida exige y exigirá valorar el agua, no desperdiciarla, no contaminarla, no tomarla en cuenta sólo en la lista de nuestros derechos sino también de nuestros deberes. En el mismo sentido, para los responsables de la gestión de los recursos hídricos tomar decisiones apropiadas no sólo tiene urgencia económica, política, sanitaria, sino también una dimensión ética. Deben atreverse a tomar decisiones teniendo presente que atreverse sin conocer y abarcar la totalidad de los problemas es un riesgo fatal. La gravedad del problema del agua exige a los responsables que pongan en práctica políticas sensatas y conductas rectas con pleno y autentico conocimiento del problema en su integridad.
El administrador del Canal, ingeniero Alberto Alemán Zubieta, anunció recientemente en los medios de información, que en los próximos meses dará a conocer los estudios que se han venido realizando sobre el presente y el futuro de la Vía Interoceánica. La ciudadanía estará atenta a conocer el alcance, el contenido y las conclusiones relativas a la capacidad de potabilización y de descontaminación de las aguas de los ríos y lagos que conforman el sistema del Canal de Panamá.
Ella lo protege del duro sol mientras extrae la tosca, la cual sólo sirve para la época de verano, ya que durante el invierno "la lluvia se encarga de arrastrarla", como él mismo lo dice.
Alveo, al igual que el resto de sus compañeros, labora para el Motel Punta Chame y se dedica exclusivamente a esta labor.
Pasando la mano por el rostro quemado por el sol del trabajo diario, afirma tener ya tres años de estar dedicándose a esta tarea.
"La carretera está en muy malas condiciones y para invierno quizás no se pueda transitar por ella", afirma Rafael Aparicio, quien pertenece a la Asociación de Transportistas de Chame S.A. (TRANCHASA).
Detalló que esta situación perjudicará gravemente a estudiantes y a quienes trabajan en otros puntos del distrito de Chame.
Señaló que los múltiples puntos amarillos en la carretera, en referencia a los huecos que han sido rellenados con tosca, servirá de poco una vez inicien las lluvias y por el contrario hará aún más penoso el tránsito.
Cuestiona duramente la actitud del actual Gobierno que no se ha preocupado en "meterle mano a la carretera" al igual que critica la decisión tomada por el ejecutivo de no realizar el proyecto de reparación de los 12 kilómetros de carretera, aun cuando ya se había dispuesto la partida suficiente para ello.

Aparicio está convencido de que las ganancias diarias son para reparar el vehículo y comprar refacciones, de lo contrario se tendría que dejar de prestar el servicio existiendo ya la amenaza del propietario de una de los transportes de no trabajar durante la temporada de lluvias a fin de preservar su herramienta de trabajo.
Rechazó la tesis de que esta es una carretera privada, aludiendo al estudio realizado por la Junta Técnica Provincial.
Rafael Aparicio debe efectuar el recorrido de 26 kilómetros hasta Punta Chame cinco veces al día lo, lo que causa graves daños a su vehículo.
Pablo Escobar, otro de los transportistas que presta el servicio, afirma que en ocasiones debe acudir al mecánico hasta dos veces al día y por ende invertir en la compra de repuestos, en donde se gasta entre B/.40.00 y B/.50.00.
Alegó que aunque la población es consciente del estado de la carretera, las críticas por el incumplimiento en el horario son constantes.
"Ello se debe a que pocos son conscientes de que a medida que la carretera se deteriora aún más es necesario transitar más lentamente", dijo.
Otros que pierden por el mal estado de la vía son los pescadores, quienes alegan que el 50% de la carga se pierde debido a la demora en llegar al Mercado del Marisco, en la ciudad capital.
A ello se suma la inversiones que debes realizar para la reparación del vehículo que utilizas para transportar el producto y que suman arriba de B/.150.00.
El ex ministro de Obras Públicas (MOP), Víctor Juliao, había sentenciado la carretera hacia el Líbano y Punta Chame a no ser reparada bajo su administración por tratarse de una vía privada.
Actualmente no existe proyecto alguno en el MOP para la pronta reparación de la carretera ni siquiera de los 12 kilómetros ubicados en terrenos nacionales.

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