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La crisis final: el agua


El Banco Mundial, a través de la Comisión Nacional de Agua, acaba de revelar unas cifras escalofriantes: 2,100 millones de pobres del planeta usan agua sucia y contaminada; y 1,200 millones más, carecen de agua potable. Unos y otros sufren alta incidencia de enfermedades ligadas a esa deficiencia, la cual provoca 3.4 millones de muertes cada año, lo que incluye diarreas, tripanomiasis, nematodomiasis y otras.
A medida que la población crece y el medio am-biente se deteriora, sumado a la hipertrofia de las ciudades, el agua escasea y se encarece. Así por ejemplo, Canadá paga 0.31 centavos por metro cúbico de agua, Alemania paga 2.16 dólares por el mismo concepto, Argelia 0.38 centavos. La misma entidad calcula que para el año 2,025 habrá 2,300 millones de personas sin agua potable. ¿Estaremos los panameños entre ellos?
Aunque parezca increíble, la posibilidad de que nos toque padecer de escasez de agua potable y hasta de privación de ella en los años venideros, existe. De hecho hoy, pese a contar con abundantes fuentes naturales, el servicio de agua potable no llega a la mayoría de los panameños. Y en el caso del área metropolitana, el suministro es discontinuo y deficiente, con tendencia a un deterioro progresivo y merma de calidad. En el resto del país, peor. En Chiriquí, el 20% de los acueductos rurales no producen agua potable, mostrando diverso grado de contaminación.
El problema podría agravarse cuando en las pró-ximas dos décadas se construya el tercer juego de esclusas en el Canal, lo cual requerirá de quizás un tercio de todas las fuentes naturales de agua del país, para hacer posible el tránsito de buques post-panamax por un lago más ancho, alto y profundo, que requerirá de los mayores ríos de Panamá, Colón y Coclé. Tan solo hoy en día se vierte al mar 52 millones de galones por cada barco que pasa. Y cada año cruzan la vía 13 mil naves que involucran un consumo de 52 millones de galones de agua que se vierten al mar por cada una, resultando en 676 mil millones de galones por año.
Semejante gasto de agua dulce, en un mundo con 2,300 millones de personas sin una gota de agua potable, refleja insensatez, cuando debiéramos preservarla como el más preciado tesoro. Se trata pues de un difícil dilema al que se enfrentará la próxima generación de panameños.


101 años de Panamá América

 
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