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La "cuadrilla" del diálogo



Es probable que los altos funcionarios del Estado, los que son elegidos y los que son nombrados, estén muy ocupados para acercarse a hablar con la gente que tiene problemas en su comunidad. No decimos que esté bien que no se acerquen a hablar, sino que es probable que sientan que no tienen el tiempo disponible para hacerlo. Pero si el Estado no tiene interlocutores con los que la gente pueda entablar un diálogo, ¿qué es lo que queda? ¿La Policía? ¿Los anti-motines? Mejor que no sea así, porque la Policía no es el organismo público más competente para conversar. Su presencia se debe, precisamente, al hecho de que ya las palabras no bastan.
Con la cantidad de recursos que el Estado invierte en salarios, sería mejor que se estableciera una "cuadrilla" del diálogo, un grupo de gente que tenga una responsabilidad territorial de acercarse a aquellas poblaciones o aquellos grupos que sufren un malestar, expresan un descontento o, simplemente, quieren protestar por una situación que reprueban.
La "cuadrilla" del diálogo no sólo debe escuchar, que es una actitud muy pasiva que puede sugerir algo de indiferencia, sino que debe conversar con los miembros de la comunidad quejosos y buscar darle incentivos a la solución pacífica de los conflictos. El diálogo bien entendido parte del reconocimiento del otro y una predisposición activa hacia la propuesta sincera y considerada. Tenemos diputados, alcaldes y representantes de corregimientos que son lo que son por el voto de la gente; y también tenemos ministros, viceministros, directores nacionales, gobernadores, corregidores, cuyos salarios pagamos todos. Ambos grupos deben estar al servicio de la comunidad.
Es seguro que si el Estado muestra interés en establecer una conversación cara a cara con la gente que tiene problemas, ellos serán bien recibidos. Es la mejor manera de desarmar la violencia y la delincuencia. Es la forma más inteligente de defender la paz social. Y, sobre todo, es predicar con el ejemplo.

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