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La Declaración Universal de Derechos Humanos: Un ejercicio del presente y del futuro


El mundo conmemora el 60 aniversario de la promulgación de la Declaración Universal de Derechos Humanos, uno de los instrumentos ético-morales más importantes de nuestra historia y un baluarte de nuestra conducta como especie.

Allí se proclama el "ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos."

Este instrumento fue producto de una toma de conciencia ante las atrocidades cometidas contra el ser humano durante las dos grandes conflagraciones de la primera mitad del siglo XX.

Los postulados de aquella declaración constituyen valores universales que nos enaltecen, pues, a pesar de las diferencias que tenemos los distintos grupos humanos en función de la cultura, de las costumbres, de la idiosincrasia, del color de piel o de las creencias políticas o religiosas, somos parte de un mismo mundo en el que todos tenemos el mismo valor y la misma dignidad. En pocas palabras, consagra la igualdad, la equidad y la justicia para todas las personas, en todo momento y en todo lugar.

No ha sido fácil el transcurrir de estos compromisos durante estos años, pues aún persiste la incomprensión hacia estos valores y se han seguido cometiendo violaciones imperdonables contra los derechos humanos. De allí que la Declaración Universal de los Derechos Humanos sea un instrumento de extraordinaria vigencia en el mundo actual y constituya el fundamento sobre el cual se ha edificado toda la normativa legal para la defensa de estos principios ya que, aunque por sí misma no tiene carácter vinculante, ha logrado encarnar en instrumentos legales nacionales que sí lo tienen y es el elemento inspirador de nuestras acciones cotidianas.

Por otra parte, la Declaración constituye la razón de ser de la figura del Ombudsman, pues es a través de la visión de su grupo de redactores sobre la que transita nuestra labor y nuestro compromiso: la defensa y protección de los derechos humanos, conscientes de que el respeto de estos derechos aún no llega a todos los ciudadanos, ya que todavía existen personas a quienes no le son reconocidos y persisten el hambre, la pobreza, la discriminación, la falta de acceso a la salud, a la educación, a poseer una vivienda digna y, más recientemente, las amenazas a nuestro medio ambiente.

No es extraño percatarse de que muchas de las preocupaciones cotidianas de los sectores más vulnerables de la sociedad están consignadas en la Declaración, así como lo están en nuestra Constitución y en nuestra legislación. Creemos firmemente que el espíritu de la Declaración Universal de Derechos Humanos toma cuerpo en la medida en que nuestra labor de protección se transfigure en labor de promoción, pues sentimos que allí está una de las debilidades de nuestra conducta actual. A través de la divulgación y la capacitación en derechos humanos es como lograremos una efectiva protección de los mismos.

Celebremos y defendamos este triunfo de la raza humana y hagamos de él un apostolado generoso y solidario, enmarcados en el lema con el cual transitamos este año por este compromiso: "Dignidad y justicia para todas las personas", ya que con ello estamos consolidando un ejercicio primordial del presente y del futuro.

101 años de Panamá América

 
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