default

La degradación de la educación y la misión de la Universidad


Escribo estas líneas casi como una carta y solamente con la intención de dirigirlas a doña Rosario Arias vda. de Galindo, Presidenta de la Editora Panamá América, luego de haber leído la réplica del Rector de la Universidad a un editorial que apareció publicado el día 6 de los corrientes con un título muy llamativo. Por cierto, en el día de su publicación escapó a mi atención porque, desde hace muchos años, dejé de leer periódicos diariamente para no sufrir indignación tras indignación al ver lo que han hecho del idioma los graduados de la Universidad y sus discípulos. Sólo paso de los titulares de primera página cuando alguien me recomienda algo que me interesa personalmente como es el caso del endeudamiento estatal porque las deudas públicas las pagamos todos de un modo u otro.
La lectura de la réplica me llevó a rebuscar en la cocina los ejemplares que se reservan con miras a alguna de las inundaciones que un vecino ocasiona por dejar las plumas abiertas durante uno de los múltiples cortes del IDAAN a que vivimos sometidos.
Me llamó mucho la atención que el Rector de la Universidad no tomara en cuenta que los editoriales son la opinión del periódico, de sus dueños, y no de ningún periodista a sueldo ni nada parecido. Recuerdo, por cierto, una anécdota de un viejo periodista que, viéndose requerido para que escribiera un editorial sobre la Crucifixión en la víspera de un Viernes Santo, preguntó: "¿A favor o en contra?".
Ahora bien, aunque yo estuve viviendo en el Japón desde 1968 hasta 1981, o sea durante toda la época en cuestión, y allá inocentemente afirmaba con frecuencia que en Panamá se hablaba tal vez el mejor español de América, al regresar me di cuenta de que los panameños se comunicaban por aproximación, debido al desastre sintáctico, a los anacolutos y a las faltas de ortografía y el desconocimiento de las reglas de puntuación que disfrazan a las palabras con significados que no tienen. Desde entonces, no he perdido ocasión de preguntar qué es lo que ha pasado y por qué, y la gente seria indefectiblemente me dice que es el resultado de que la educación se ha rebajado hasta el más pobre denominador común, para hacer posible las matrículas de 50.000 universitarios y medio millón en primaria y secundaria, que es consecuencia de la eliminación de los cursos de español, de análisis gramatical y de sintaxis en la escuela primaria y la secundaria, y que además se debía a que la gente había dejado de leer. Por cierto, u ministro de la época de los militares me dijo una vez que eso "le quita el detonante a la juventud".
Fui descubriendo entonces que la lengua que tanto brillo recibió de manos de periodistas como Samuel Lewis, el Dr. Octavio Fábrega, Gil Blas Tejeira, el profesor Narciso Garay y Harmodio Arias Madrid, se había llenado de gusarapos, y que las corrupciones irracionales que ha sufrido el habla del hombre común y corriente en Méjico y su extensión lingüística en California se habían regado por la tierra nuestra también, hasta el punto de que hoy es el oyente y no el hablante el que decide el significado de lo que se dice. Amado Alonso en su famoso prólogo para el Curso de Saussure define la comunicación como la recreación (o reconstrucción) de una forma gramatical en la propia mente para extraer el significado preciso de lo que uno ha oído. Esta operación se ha hecho imposible en las mentes de una enorme proporción de la población. En otra ocasión escribiré sobre la jerga lastimosa que ha venido a sustituir lo que en un tiempo se llamó hablar bien o escribir bien, aunque la abigarrada réplica del Rector estaba escrita impecablemente.
Quiero felicitar a doña Rosario por la valentía de publicar críticas como la contenida en el editorial que hirió la sensibilidad de don Gustavo, porque en nuestro país, como consecuencia de los años de preeminencia militar, de la invasión permanente de la televisión en las horas que antes eran de conversación en el hogar o entre amigos, y de la otra invasión, pareciera que nadie se atreve a poner el dedo en la llaga aunque la llaga sea visible palmariamente, y al que no pone la otra mejilla, sea cristiano o no lo sea, lo tildan de loco.
No conozco, por cierto, de ninguna intervención de la Universidad para protestar por esta situación que, trasladada a las escuelas, no sólo impide que el niño desarrolle la facultad del lenguaje en las edades propias para hacerlo, o sea entre los 7 y los 14 años, a pesar de que no sólo los lingüistas, sino incluso los neurofisiólogos, como el Dr. William Calvin, entre otros, afirman que sin sintaxis no es posible planificar porque sin ella la mente no puede organizar los elementos de una realidad para sacar conclusiones. Esto desgraciadamente explica los tumbos que dan los gobiernos cuando surgen problemas previsibles, porque sólo reaccionan frente al hecho cumplido. No he tenido noticias tampoco de ninguna acción ni de ninguna medida curricular para paliar semejante tara cuando el joven llega a la universidad.
Recuerdo que Heidegger decía que el hombre habla primero y piensa después, y sin el debido desarrollo de la facultad del lenguaje, ni es posible pensar ni es concebible que se adquiera realmente el uso de razón en el sentido pleno de la expresión. Heidegger, en su conferencia "Qué es lo que llamamos pensar" hablaba de que la destreza manual refleja el dominio de la lengua y viceversa, y que "la mano se mueve en el reino del lenguaje". Esto puede apreciarse en la escultura, los grabados y las tallas de los grandes momentos de las lenguas europeas, y la ausencia de estas artes en el país que menos importancia le da a la adquisición de su idioma.
En España misma el 56 por ciento de los fracasos lo atribuyen las autoridades de educación a la falta de conocimiento del español y, entre las causas de esto, sobresale el hecho de que los niños y los jóvenes ya no leen. (¿No será por lo aburrido que resulta leer lo que uno no entiende?). No obstante, recuerdo haber oído al Rector de la Universidad, cuando en la Academia Panameña de la Lengua le ofrecieron un brindis a Mario Vargas Llosa, decirle al recién estrenado miembro de la Real Academia Española que los alumnos aprendían más con la educación audiovisual que con los libros, a lo que el novelista oriundo del Perú contestó que "los medios audiovisuales transmiten información, en tanto que los libros transmiten ideas". Yo hubiera querido terciar para comentar que los países creadores de tecnología, como el Japón y Alemania, dan una importancia enorme al idioma, y que en Francia han establecido un horario de 25 horas en primaria, de las cuales 9 son de francés y 5 de matemáticas, con el resto dividido en manualidades y música, entre otros pasatiempos formativos, y hasta hace poco en Inglaterra, el 70 por ciento de los puestos principales en la industria, la banca y el gobierno lo ocupaban los que habían estudiado latín en primaria y secundaria. Además, Platón, Virgilio, Dante, Pico de la Mirandola, Galileo, Newton, Harvey, los esposos Curie, y Einstein no tuvieron nunca esa alimentación audiovisual que actualmente incluso en Estados Unidos comienzan a ver como una fuente directa de irracionalidad, al punto de haber acuñado la palabra "audismo" para designar la tara.
Tal vez convenga que el Rector compare la "calidad mejorada" de la educación nuestra con lo que sugiere Karl Jaspers en su tratado "¿Qué es una universidad?". Por cierto, el mismo Jaspers en su estudio sobre los grandes filósofos relata que a Confucio una vez le preguntaron qué se puede hacer cuando todo anda mal, y Confucio contestó: "Hay que poner las palabras en su lugar", y termina la cita diciendo: "El hombre superior no tolera ninguna imprecisión en lo que dice".
Mientras la Universidad y sus intelectuales no asuman una posición beligerante frente al desastre de la educación oficial y la vergonzante calidad de los libros de texto, frente a una buena parte de dos generaciones de abogados, periodistas, maestros y demás diplomados que no pueden escribir dos líneas sin un disparate ortográfico o sintáctico, seguiremos por el camino de un despeñadero mayor que el que ahora parece ir tragándose nuestra tranquilidad, además de hacer irrealizable el anhelo de algunos que quisieran vivir en un país espiritualmente civilizado y no inundado de frontera a frontera con televisores y computadoras, y con una proporción creciente de población que ni puede razonar ni raciocinar ni pensar porque el instrumento y el ámbito de todas las actividades elevadas de la mente les ha sido escamoteado.
Ojalá doña Rosario se aferre firmemente al timón orientándolo hacia el lema que creó su padre para El Panamá América:
DIVULGAMOS LA VERDAD QUE LOS DEMAS OCULTAN.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América