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La democracia propositiva y reconstructiva


SOMOS partidarios de quienes hacen filas para enlistarse en el ejército de los hombres y mujeres que creen en la crítica propositiva. Nos declaramos enemigos virulentos del pensamiento superficial o de la teoría falsaria. Cuando la crítica se pretende justificar a sí misma arguyendo la "crítica por la crítica", sin duda se convierte en una crítica recreativa, cirquera, propia de los arlequines que pululan por doquier, en toda época y en todo escenario. Son aquellos a quienes les entusiasma llamar la atención o ser ellos el centro de ella. Así ello se logre a costas de payasadas, de morisquetas o de zalamerías, siempre quieren ser los figurones del momento. Se quedaron, los políticos que aman la crítica recreativa, en pasadas épocas en donde un superado concepto de la democracia representativa nunca pasaba por hacer una clara lectura del protagonismo ciudadano en las cuestiones propias del ejercicio del poder político. Hoy, por lo contrario, la democracia se tiene por concurrencia o suma de voluntades que ingresan al terreno de la crítica constructiva, aportativa, propositiva, haciendo o formulando sugerencias significativas en una agenda de gobierno y ello con el noble propósito de hacer mejores cosas por la nación y beneficio de las mayorías, sobre todo, las marginadas, las categorías sociales de la pobreza.
Una correcta y atinada lectura del protagonismo que ejercen los críticos sociales, políticos, morales, religiosos, éticos, culturales, etc., en toda sociedad, demanda que prestemos atención, si es que queremos conferirles grados o niveles de reconocimiento y de autoridad en el discurso, en primer lugar, a los aportes que hacen dentro del programa de construcción democrática. La pregunta sería entonces: ¿Qué es lo que propone Usted en el escenario democrático frente a un gobierno que constituye el objeto de sus críticas? La respuesta que se brinde a esta interrogante posibilitará la cabal comprensión del escenario democrático y nos permitirá el poder configurar, aquilatar, en su justa dimensión, la ponderación o defensa que en nuestra sociedad pueda o no tener el concepto democracia que se maneja en los albores de la actualidad: la democracia propositiva, pluralista y participativa.
Luego, entonces, el concepto de la democracia ha levantado vuelo por encima de otros que antaño considerábamos indispensables: la mera representación, los resortes electorales, la crítica al que ejerce el poder político, etc., para decantar en un escenario de omnicomprensión societaria, es decir, en donde todos y cada uno de los ciudadanos nos sentimos responsables en la gestión de gobierno y en la medida en que podamos comprender o entender que somos cogestores de la actividad política y de gobierno.
Esos conceptos, la representatividad, la legitimidad, la gobernabilidad, etc., sieguen siendo indispensables; pero no pueden seguir siendo vistos o analizados como elementos aislados del escenario democrático. Se requiere, luego, una convergencia social que ejemplifique las ideas prístinas de un auténtico contrato o pacto social, por encima de las comprensiones de Montesquieu o de Rousseau, de Hobbes o de Locke, y ello en el sentido de asumir, la sociedad civil, clara y real responsabilidad en las cuestiones propias del ejercicio del poder político. Se entiende así que si, el pueblo en general, la nación entera, somos los destinatarios del poder político, también todos somos corresponsables con las ejecutorias, logros, éxitos y fracasos de ese poder.
La segunda interrogante que surge es: ¿Qué hizo Ud. cuando advirtió los errores del gobierno que critica? Su respuesta está conectada con la que haya brindado a la primera interrogante. Y no puede ser de otra manera, dado que siempre hay que salvar el voto ante el altar de la Patria cuando los gobiernos cometen yerros o desafueros. Y la mejor manera de hacerlo es presentando ideas, planes, propuestas, sugerencias, superiores o mejores que las que atacamos o que son objeto de nuestros ataques personales. Surge así un nuevo concepto de democracia: la democracia reconstructiva. Ella es el efecto inmediato de la democracia propositiva. Los gobiernos que son reacios a escuchar las propuestas y sugerencias de sus ciudadanos tienden a sucumbir a consecuencia del menosprecio y desdén que administran a los hombres y mujeres que viven, de modo permanente, presentando buenas y nobles ideas para que la Patria se conduzca mejor. ¿Quién ha dicho que en los gobiernos están los mejores hombres y mujeres? Afirmarlo así, de esa manera, nos conduciría a garrafales errores. Debemos reconocer, sin mezquindad, que también en el seno social hay talentos, verdaderos pensadores, seres que viven gestando y pariendo ideas para fortalecer la nación y el concepto del buen gobierno. A los que integran un gobierno, a quienes se les llama gobernantes, frente a estos conceptos de democracia propositiva y reconstructiva, no les queda potra cosa que hacerse de las buenas ideas, de los aportes serios de sus ciudadanos, y actuar en bien de las grandes mayorías de la Patria. Como bien se le advertía a Monsieur Napoleón: "Con las bayonetas se puede hacer de todo, menos sentarse sobre ellas". Celebro que mi hermano Ramiro Guerra, haya sido el primer teórico, en Panamá, en traernos a través de varios ensayos este nuevo enfoque de la comprensión democrática de la actualidad.
(stekrakri@hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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