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La designación de los mejores hombres y mujeres


Confucio, gran pensador chino nacido en el año 551 A.C, sostuvo que para una administración eficiente del Estado, se requería de la designación de los mejores hombres. Este criterio que se expandió por la más connotadas civilizaciones de la época, sucumbe por la introducción de las actividades político-partidistas en la vida de la antigua Grecia y por ende en las futuras generaciones y culturas universales. Este nuevo rumbo que mezcló la actividad político-partidista, con las decisiones a tomar en el funcionamiento del aparato gubernamental del estado, dio origen a la fortificación de los grandes imperios y la corrupción en la administración de estos, a tal punto que llevó a la esclavitud y al enfrentamiento del hombre contra el propio hombre. Hoy día a pesar del tiempo y el espacio, aún persiste en la mentalidad de una cultura que mantiene a más de tres cuartos de la humanidad, viviendo en el subdesarrollo. En lo que al estado y sociedad panameña, atañe, estos fueron gobernados y dirigidos política y administrativamente por la misma ideología y clase política (liberales) quienes por más de 60 años, mezclaron ambas actividades, el cual dio como resultado una situación crítica que pasó a formar parte del modus vivendis de nuestro pueblo. De la época del militarismo (especialmente los últimos años), no nos referimos, ya que lo consideramos como una maldición del supremo. Prácticamente esta centuria, que está por finalizar se ha caracterizado por la proliferación de gobiernos donde prevalecieron los intereses políticos y personalistas en detrimento de un buen manejo de la casa pública. La administración del señor Endara, hizo algunas manifestaciones, aunque un poco temidas, por los grandes intereses de la dependencia político-partidista y la administración gubernamental. El actual gobierno, ha superado estas expectativas y ha creado un nuevo reto a los próximos gobernantes. Esta modalidad de países desarrollados enmarcada en el paradigma del trabajar con lo mejor, indistintamente de la ideología política, credo, color, sexo y status social, ha surtido grandes efectos, entre los cuales podemos mencionar, el fortalecimiento de los procesos democráticos y el mejor manejo de la administración. Esto comprueba una vez más que la persona auténticamente moral y por tanto independiente de ejecutorias político-partidistas se da sus propias normas, y se atiende a ellas. Es autónoma en todo su accionar. Cuando se administra la cosa pública, inmiscuyendo el amiguismo y la ligazón política, siempre se fracasa en la gestión de gobierno. Por ello lo más recomendable es la designación a través del concurso de los mejores hombres y mujeres, esto garantizará llevar a cabo una labor con eficiencia y eficacia a favor de la prestación de un mejor servicio público en beneficio de las mayorías. Sería bueno conocer la opinión de los candidatos presidenciales y sus partidos políticos acerca de este tema y la cuota o porcentaje del recurso humano, no allegados a sus ideologías políticas, proselitistas e independiente de toda afiliación política, que estarán dispuestos a nombrar como colaboradores en posiciones claves, de su gestión de gobierno. Cabe señalar por los últimos gobiernos, los escándalos de desfalco del erario público han sido perpetrado por funcionarios pertenecientes a los partidos políticos y/o allegados o amigos de los que están en el poder. En el actual gobierno existen muestras del buen trabajo realizados por hombres y mujeres, que no siendo amigos o copartidarios del presidente, han realizado una encomiable labor. Esto es lo que en la administración pública moderna se conoce como el paradigma de un perfil de trabajo comprometido con la eficiencia y la eficacia. No existen dudas que una buena administración del gobierno depende de la designación de los mejores hombres y mujeres.

101 años de Panamá América

 
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