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La doble moral de la OEA


Una mirada retrospectiva hacia la historia de los eventos que crearon la carta de la Organización de Estados Americanos, nos permitiría comprender que sus principios eran dignos de alabanza, y encomio. Que sus objetivos son la unificación e integración de todos los países latinoamericanos, un sueño y una meta; el fortalecimiento de los valores democráticos, la cooperación mutua, el debate de los grandes temas y problemas de la región. Un organismo que creara un foro multilateral, donde se discutiera la promoción y protección de los derechos humanos, la lucha contra la pobreza, el terrorismo y la corrupción, en otras palabras afianzar la paz y la seguridad del continente.

Todos sus objetivos y principios están plasmado claramente en la carta de dicho organismo. La comprensión de un mundo mejor, sin guerras, tensiones, conflictos, terrorismo, pobreza y convulsiones sociales. Sin embargo, la historia le ha sido adversa, sus verdaderas funciones se han invertido en el tiempo y el espacio. Las contradicciones en sus eventos y hechos no pueden ser más elocuente, motivo que da a pensar que ha sufrido una metamorfosis histórica. Su incapacidad y limitaciones en resolver los problemas vitales y fundamentales de Latinoamérica ha dado motivo a que pierda toda credibilidad.

Recién su creación, a finales de la década de los cuarenta, fue inútil su participar en la solución de la convulsión social que se formó en Colombia denominada” El Bogotazo”, a raíz del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán, muerto por un fanático enviado por la oligarquía colombiana de los Ospinas, quienes no permitían que ninguna persona de la clase media o pobre tenía derecho a aspirar al poder; dicha organización no pudo impedir la guerra revolucionaria comunista que llevó a cabo Fidel Castro en Cuba y evitar que muchos disidentes y contrarrevolucionarios fueran a parar a los paredones de fusilamiento; la Revolución Comunista Sandinista en Nicaragua.

Todo estos acontecimientos dieron motivo a que los golpes militares se hicieron de moda. Las dictaduras militares empezaron a imponerse sobre la voluntad de los pueblos que vivían en democracia, los militares incursionaban sobre la vida privada del ciudadano, las libertades fueron totalmente conculcadas en países como Chile, Cuba, Paraguay Uruguay, Bolivia, Argentina, Panamá, Salvador entre otros. Estos países fueron víctimas del genocidio, la violación sistemática de los derechos humano, represiones, carcelazos, desapariciones forzadas, etc.

Nuestro país no escapó de las garras de los gorilas. Omar Torrijos con el consentimiento y la complicidad de la O.E.A. decapitó la democracia en Panamá, y durante veintiún años, junto a Manuel Antonio Noriega impusieron el régimen del terror, ante la mirada impávida de un pueblo que solo quería paz, libertad y democracia.

La pregunta que nos hacemos es la siguiente: ¿Que autoridad moral tiene la O.E.A. en resolver los conflictos y los problemas del continente?, cuando lo que hace cincuenta años era malo, hoy en día es bueno, lo que condenaban y censuraban hacen cincuenta años, hoy en día se solidarizan con la política llevada a cabo por los gobiernos de izquierda.

La doble moral de dicha organización es lo que la ha convertido en objeto de críticas, señalamiento, fuertes acusaciones y censuras en cuanto a su existencia se refiere.

101 años de Panamá América

 
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