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La educación científica, un cambio conceptual


Uno de los cuestionamientos que nos hacemos los docentes cuando finaliza cada año escolar radica en la necesidad de conocer hasta qué punto hemos logrado influenciar un cambio positivo en nuestros participantes de curso, sobre todo, si tomamos en cuenta que la mayoría de los cursos que se dictan en secundaria tienen carácter científico sino en el fondo, en la forma, porque se dictan siguiendo una metodología previamente establecida y muchas veces previamente aprobada.
Es un hecho que la educación se imparte como un conocimiento científico, que responde a leyes naturales, llegando a estas mediante inducción o deducción, cualquiera que sea el método, nuestro objetivo principal no es sólo transmitir premisas. La idea es incidir en el pensamiento docente para lograr que se dé el cambio conceptual necesario para dejar de ver la educación como un instrumento para ascender en los niveles escolares, sino como lo que realmente es, un instrumento para entender nuestra realidad, nuestro entorno, y por supuesto, por el conocimiento llegaremos al control, ejemplo de esto lo vemos en la clonación de organismos pluricelulares y altamente complejos.
Autoevaluarnos, como docentes, o permitir que nuestros estudiantes nos evalúen pudiera ser una forma de constatar nuestras fortalezas y debilidades, y de esa forma promover un cambio paradigmático del papel que ejecuta el docente en el aula, porque como ya he mencionado en otras ocasiones, tenemos sobre nuestros hombros la responsabilidad de formar seres humanos, más humanos y más científicos (más críticos, más reflexivos, más analíticos).
Durante los últimos años hemos podido observar un realce en las producciones científicas de los colegios secundarios y muchos de los primarios; la imaginación adolescente asesorada por una línea científica ha dado lugar a significativos aportes a la educación y la cultura, como también ha logrado agudizar la afectividad del adolescente por los cursos de ciencias, hecho que se traducirá en disminución de fracasos y mayor producción de mentes geniales.
Lamentablemente, no se hace público el resultado del esfuerzo de los estudiantes participantes en eventos de índole científico, por lo que aprovecharé este medio para exhortar a las autoridades educativas a contribuir con la formalización de este aspecto, que desde un enfoque sociológico sería tan gratificante como estimulante tanto para los estudiantes como para los docentes.
Trabajar en el desarrollo de una educación científica significa asegurarnos un producto que forjará cambios esenciales en el desarrollo de nuestro país, si logramos un tipo de profesional que no sólo se limite a recibir instrucciones y ejecutarlas, sino que también sea capaz de proponer acciones, proyectarse en la sociedad por y para el mejoramiento de ésta, con una mentalidad crítica, constructiva, analítica, en veinte años no necesitaríamos un comité de censura ni la importación de expertos, porque nuestros propios ciudadanos tendrían la formación científica que les permita emitir y plantear razonamientos con suficiente fundamentación para lograr juicios correctos.

101 años de Panamá América

 
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