La encuestología
Comienzo por explicar el título de este artículo. La lexicología, por ejemplo, "es el estudio de las unidades léxicas de una lengua y de las relaciones sistemáticas que se establecen entre ellas". Siguiendo la misma cuerda, la "encuestología" vendría a ser "el estudio de los componentes de una encuesta y de las relaciones sistemáticas (aunque muchas carezcan de todo sistema) que se establecen entre ellos (especialmente quienes las financian y quienes las realizan).
Después del introito, entremos en materia, como solía decir un filósofo popular del antigua café Coca Cola, donde en otras épocas "los analistas políticos" vaticinaban, basados en rumores y mucha intuición, y también con mayor certitud, cabría decir, los pronósticos políticos electorales.
Como ahora vivimos otros tiempos, los antiguos gurúes del Coca Cola han sido desplazados por sabihondos modernos que, armados de tecnología, se dedican a "interpretar y vaticinar el porvenir", de preferencia el electoral que parece ser el favorito para su "científico quehacer".
En un artículo reciente que titulé "Pero es que las elecciones no son mañana", traté de alertar a los "encuestólogos" (se corresponde con encuestología) sobre la intrascendencia de medir coyunturas de efimerísima duración. Medir preferencias electorales, cuando faltan 14 meses para los comicios, y todavía no hay candidato en firme, pues ni siquiera el presunto del PRD las tiene todas consigo, con todo respeto, me parece una soberana pérdida de tiempo. Tal vez es divertido, alegra los corrillos y representa ingreso para algunos, pero nada más.
Si se comparan sondeos realizados hace unas semanas con otros más recientes, se verá que el vaticinio de abstenciones masivas se quedó sin asidero. Las últimas mediciones desautorizan los primeros pronósticos. La inmensa mayoría de la ciudadanía dice que votará en las elecciones del 2004. Y si la comparación se extiende a otras áreas, se podrá comprobar que muchos favoritos iniciales ni siquiera salieron del partidor, hablando en términos hípicos.
222 Después de los resultados tan diferentes que evidencian los últimos sondeos, bien valdría que rompieran el círculo de las preguntas manidas que producen respuestas que son previsibles...
Otra apreciación, o presunción sería más apropiado denominarla, producto de encuestas prematuras, que parece navegar hacía la deriva, es la supuesta pujanza de la "tercera fuerza". Nuevamente los encuestados, apartándose de vaticinios y especulaciones, contradicen a los "analistas políticos" y la van poniendo a la vera del camino.
Los ejemplos mencionados, debieran servir para que los gurúes de nuevo cuño, los encuestólogos, revisaran sus métodos y, especialmente, los cuestionarios que someten a los entrevistados. Después de los resultados tan diferentes que evidencian los últimos sondeos, bien valdría que rompieran el círculo de las preguntas manidas que producen respuestas que son previsibles y que están más en línea con las tendencias que inducen los medios, comentaristas interesados y promotores, pero no reflejan convicciones razonadas de los encuestados.
Limpiar a las encuestas de elementos sugerentes y de la generalización que por fácil es peligrosa y desorientadora, para obtener resultados más objetivos, requeriría de otra actitud de parte de los encuestadores, que no parecen estar dispuestos a ensayar. Sin embargo, creo que deben intentarlo.
Tanto se ha insistido, por ejemplo, en ver corrupción por todas partes, que los encuestados automáticamente responden, cosa que no es cierta, que en Panamá no hay estamento que se salve de ese flagelo. No es verdad, como parecen decir algunas encuestas, que todo cuanto vive y respira dentro de nuestras fronteras está teñido de corrupción. Rechazo que esa sea nuestra realidad. Eso no sólo es falso sino también injusto y además, le hace muy flaco favor a nuestra imagen como nación, de la que también son parte, aunque a veces lo olvidan "los encuestólogos".
Después del introito, entremos en materia, como solía decir un filósofo popular del antigua café Coca Cola, donde en otras épocas "los analistas políticos" vaticinaban, basados en rumores y mucha intuición, y también con mayor certitud, cabría decir, los pronósticos políticos electorales.
Como ahora vivimos otros tiempos, los antiguos gurúes del Coca Cola han sido desplazados por sabihondos modernos que, armados de tecnología, se dedican a "interpretar y vaticinar el porvenir", de preferencia el electoral que parece ser el favorito para su "científico quehacer".
En un artículo reciente que titulé "Pero es que las elecciones no son mañana", traté de alertar a los "encuestólogos" (se corresponde con encuestología) sobre la intrascendencia de medir coyunturas de efimerísima duración. Medir preferencias electorales, cuando faltan 14 meses para los comicios, y todavía no hay candidato en firme, pues ni siquiera el presunto del PRD las tiene todas consigo, con todo respeto, me parece una soberana pérdida de tiempo. Tal vez es divertido, alegra los corrillos y representa ingreso para algunos, pero nada más.
Si se comparan sondeos realizados hace unas semanas con otros más recientes, se verá que el vaticinio de abstenciones masivas se quedó sin asidero. Las últimas mediciones desautorizan los primeros pronósticos. La inmensa mayoría de la ciudadanía dice que votará en las elecciones del 2004. Y si la comparación se extiende a otras áreas, se podrá comprobar que muchos favoritos iniciales ni siquiera salieron del partidor, hablando en términos hípicos.
222 Después de los resultados tan diferentes que evidencian los últimos sondeos, bien valdría que rompieran el círculo de las preguntas manidas que producen respuestas que son previsibles...
Otra apreciación, o presunción sería más apropiado denominarla, producto de encuestas prematuras, que parece navegar hacía la deriva, es la supuesta pujanza de la "tercera fuerza". Nuevamente los encuestados, apartándose de vaticinios y especulaciones, contradicen a los "analistas políticos" y la van poniendo a la vera del camino.
Los ejemplos mencionados, debieran servir para que los gurúes de nuevo cuño, los encuestólogos, revisaran sus métodos y, especialmente, los cuestionarios que someten a los entrevistados. Después de los resultados tan diferentes que evidencian los últimos sondeos, bien valdría que rompieran el círculo de las preguntas manidas que producen respuestas que son previsibles y que están más en línea con las tendencias que inducen los medios, comentaristas interesados y promotores, pero no reflejan convicciones razonadas de los encuestados.
Limpiar a las encuestas de elementos sugerentes y de la generalización que por fácil es peligrosa y desorientadora, para obtener resultados más objetivos, requeriría de otra actitud de parte de los encuestadores, que no parecen estar dispuestos a ensayar. Sin embargo, creo que deben intentarlo.
Tanto se ha insistido, por ejemplo, en ver corrupción por todas partes, que los encuestados automáticamente responden, cosa que no es cierta, que en Panamá no hay estamento que se salve de ese flagelo. No es verdad, como parecen decir algunas encuestas, que todo cuanto vive y respira dentro de nuestras fronteras está teñido de corrupción. Rechazo que esa sea nuestra realidad. Eso no sólo es falso sino también injusto y además, le hace muy flaco favor a nuestra imagen como nación, de la que también son parte, aunque a veces lo olvidan "los encuestólogos".