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La estructura que falta 


Definitivamente que la Democracia Liberal y la Economía de Mercado son dos pilares del sistema que puede producir mayor felicidad a los pueblos; sin embargo, un sistema sostenido sólo por dos pilares es muy inestable.

Después de dos décadas de pragmatismo exacerbado y de haber declarado muertas a las ideologías, el mundo post guerra fría se tambalea en sus fundamentos políticos y económicos. En este frenesí de parches y remedios improvisados para apuntalar la economía mundial, emerge como un gran tumor el problema fundamental. No es un problema que se resuelve simplemente con imprimir más dinero, tampoco se evita con nuevas y rebuscadas leyes, mucho menos es un problema de los incentivos correctos.

El gran problema es que al sistema surgido del triunfo de la democracia sobre el totalitarismo, le falta un tercer pilar fundamental, le falta el pilar moral. Es la moral el conjunto de normas íntimas de cada persona y cada pueblo que le indican qué hacer en medio de su libertad. Es la moral la brújula que le dice dónde está el norte y dónde está el camino al precipicio. Es la moral la que le dice, en una voz muy queda o en un estruendoso grito social, "eso no se hace" o "este es tu deber". Sin la moral el mercado y la política no funcionan sin excesos autodestructivos. Sin la moral el mercado se convierte en oligopolio o en explotación y la democracia degenera en demagogia o en oligarquía. Ya lo dijo el poeta: "La revolución será moral, o no será revolución".

En este momento histórico debemos trascender los parches y remedios de coyuntura, y plantearnos la construcción de un sólido pilar moral que le devuelva la estabilidad a nuestro sistema político y el vigor a nuestro sistema económico. Sólo con estos tres pilares debidamente establecidos podremos construir nuestra felicidad.

101 años de Panamá América

 
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