La ley de esterilización
A través de los medios de comunicación he visto o leído una serie de críticas de muchos lados, incluyendo la Iglesia, a un proyecto de ley sobre la esterilización femenina. Me llamó la atención el planteamiento que hizo la Iglesia y me pareció que estaban equivocados, con el respeto que me merecen. Leí el proyecto porque me parecía que estaba planteado desde otro punto de vista y, efectivamente, es así. Desde hace muchos años existe una regulación sobre el tema, incluida en las Normas Técnicas Administrativas del Programa de Salud Integral de la Mujer que reglamenta a la mujer. ¿Por qué no se regula la esterilización masculina? El hombre que desea hacerlo va al médico y no pide permiso a nadie. ¡Injusticia! Ya es hora de que la mujer también sea dueña de su cuerpo y decida lo que quiera sin importar el marido, que es un accidente en su vida. Es justo que la mujer decida cuántos hijos y a qué edad los quiere tener. La mujer tiene una vida sexual activa y larga. ¿Por qué llenarse de hijos que luego no puede mantener, aunque tenga esposo, ya que la situación económica es difícil? Una mujer que se casa joven, a los 28 años, ¿cuántos hijos tendrá, si no se cuida?
La mujer es la que cuida los hijos, los atiende, decide sobre su alimentación, vestuario, etc. Por lo tanto, es la mujer la que debe decidir cuántos hijos quiere. Los hombres andan por el mundo dejando hijos sin responsabilidad y nadie dice nada; pueden comulgar y confesarse, pueden no atenderlos ni alimentarlos y la sociedad y la Iglesia callan. Ya es hora que se considere a la mujer como ser humano igual a los hombres y con las mismas prerrogativas. Basta ya de discriminación, de inequidad y de castigo a las mujeres, porque así fue desde los primeros siglos y la Biblia es clara en esto.
No crean que, para la gente humilde, es fácil criar tres o más hijos. Si no hay vivienda suficiente, aparece la promiscuidad; padres e hijos duermen en un mismo ambiente; repartir lo poco que consiguen de alimentos entre cinco no es lo mismo que entre dos. ¿Cuál es el índice de absentismo en las escuelas, aún contra la ley, por necesidades o porque deben trabajar los niños para ayudar a sus padres?
Definitivamente, los tres factores que están actualmente, hay que cambiarlos y darle a la mujer derecho sobre su cuerpo y su familia. Sin embargo, habría que afinar un poco lo de la libertad de decidir a qué edad quiere ser esterilizada ya que, las niñas que comienzan muy temprano su actividad sexual, podrían pedir esterilizarse a los 17 años. No sé hasta dónde sería conveniente esto o lo que dice el proyecto. También veamos el desgaste del organismo femenino cada vez que tiene hijos. Las familias grandes y la crianza de las mismas sólo acaban a las mujeres, cosa que no interesa a muchos hombres en el mundo machista, que aún saca su tentáculo para impartir latigazos a las mujeres.
Lo cierto es que no veo nada de malo en defender los derechos femeninos, pisoteados hasta ahora en todo sentido, inclusive por la Iglesia.
El mundo moderno ha evolucionado tanto, que no es ni sombra de lo que vivimos nosotras. El mundo de la tecnología ha avanzado hasta dejar atrás a las sociedades pobres e ignorantes. Es una de las razones por las cuales me opongo a las teorías neoliberales que buscan llevar a los pueblos a ser cada vez más pobres, sin acceso a la educación, la salud, buena vivienda y, por ende, sin acceso a los poderes económicos, sociales o políticos. En vez de propulsar teorías absurdas, propugnemos por una sociedad más equitativa en su repartición de las riquezas; por un mundo en donde la igualdad de género predomine sobre ideas absurdas y anticuadas que no deben existir en esta época. Pensemos en la pobreza y no en la riqueza para ayudar en la primera con la participación de la segunda.
La mujer es la que cuida los hijos, los atiende, decide sobre su alimentación, vestuario, etc. Por lo tanto, es la mujer la que debe decidir cuántos hijos quiere. Los hombres andan por el mundo dejando hijos sin responsabilidad y nadie dice nada; pueden comulgar y confesarse, pueden no atenderlos ni alimentarlos y la sociedad y la Iglesia callan. Ya es hora que se considere a la mujer como ser humano igual a los hombres y con las mismas prerrogativas. Basta ya de discriminación, de inequidad y de castigo a las mujeres, porque así fue desde los primeros siglos y la Biblia es clara en esto.
No crean que, para la gente humilde, es fácil criar tres o más hijos. Si no hay vivienda suficiente, aparece la promiscuidad; padres e hijos duermen en un mismo ambiente; repartir lo poco que consiguen de alimentos entre cinco no es lo mismo que entre dos. ¿Cuál es el índice de absentismo en las escuelas, aún contra la ley, por necesidades o porque deben trabajar los niños para ayudar a sus padres?
Definitivamente, los tres factores que están actualmente, hay que cambiarlos y darle a la mujer derecho sobre su cuerpo y su familia. Sin embargo, habría que afinar un poco lo de la libertad de decidir a qué edad quiere ser esterilizada ya que, las niñas que comienzan muy temprano su actividad sexual, podrían pedir esterilizarse a los 17 años. No sé hasta dónde sería conveniente esto o lo que dice el proyecto. También veamos el desgaste del organismo femenino cada vez que tiene hijos. Las familias grandes y la crianza de las mismas sólo acaban a las mujeres, cosa que no interesa a muchos hombres en el mundo machista, que aún saca su tentáculo para impartir latigazos a las mujeres.
Lo cierto es que no veo nada de malo en defender los derechos femeninos, pisoteados hasta ahora en todo sentido, inclusive por la Iglesia.
El mundo moderno ha evolucionado tanto, que no es ni sombra de lo que vivimos nosotras. El mundo de la tecnología ha avanzado hasta dejar atrás a las sociedades pobres e ignorantes. Es una de las razones por las cuales me opongo a las teorías neoliberales que buscan llevar a los pueblos a ser cada vez más pobres, sin acceso a la educación, la salud, buena vivienda y, por ende, sin acceso a los poderes económicos, sociales o políticos. En vez de propulsar teorías absurdas, propugnemos por una sociedad más equitativa en su repartición de las riquezas; por un mundo en donde la igualdad de género predomine sobre ideas absurdas y anticuadas que no deben existir en esta época. Pensemos en la pobreza y no en la riqueza para ayudar en la primera con la participación de la segunda.