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La llamada más importante


Piense usted. Está en un momento de urgencia. Necesita un médico, un bombero o un policía. Lo primero que hace es ir al teléfono y hacer una llamada que podría hacer la diferencia entre una anécdota a relatar y una tragedia a lamentar. Quizás a usted no le haya tocado un caso como ése, pero créame que para miles de personas el teléfono es el instrumento de comunicación más útil en momentos de necesidad. Esa utilidad es multiplicada cuando se trata de comunidades rurales o apartadas donde el teléfono público lo puede resolver todo o casi todo.
Hoy, quiero hacer una llamada. La llamada más importante, porque se trata de un momento vital el que estamos enfrentando. Mucho se ha hablado en la palestra pública sobre los servicios de telefonía, lo que incluye la concesión a Cable & Wireless y lo que deja de incluirse a partir de este año.
También se ha hablado de la necesidad de legislar adecuadamente para que todas las empresas que participan del mercado de la telefonía hagan su aporte para seguir manteniendo eso que se conoce como servicios públicos no rentables. Y explico a qué me refiero.
Si usted es un ciudadano común, como yo, puede que estos asuntos le suenen como algo muy alejado de su realidad cotidiana. Pero quisiera invitarle a pensar en grande, a pensar en el país.
No me cabe en la cabeza que en Panamá vayamos a quedarnos sin los servicios gratuitos de Internet a escuelas y universidades, sin las llamadas gratuitas de urgencia a la Cruz Roja, la Policía o los bomberos, sin un teléfono público (que funcione siempre) en las comunidades más necesitadas y recónditas. Y todo, porque no se ha logrado aún que el aparato parlamentario acoja el proyecto de ley de universalización de estos servicios. Esto es lo que está en el tapete: Cable & Wireless no tiene obligación contractual para seguir dando estos servicios y ninguna de las empresas que ofrecen servicios de telefonía tiene la obligación (ni el interés) de hacerlo.
La única posibilidad es que, por ley, todas las empresas aporten en partes iguales para que estos servicios sigan siendo subsidiados. Entonces, mi llamada es a la gestión pública para que se resuelva este asunto lo antes posible; mi llamada es a la opinión pública para que entendamos que si no podemos ponernos de acuerdo en algo tan sencillo como repartir la responsabilidad de la misma forma en que repartimos las ganancias, cómo pretendemos construir un país con solidez ética. Mi llamada es urgente. Es importante. Y afortunadamente, todavía tengo el medio para hacerla. Pregúntese qué harán aquellos que se quedarán sin el medio para hacer la suya, la que define una respuesta. Ojalá esto no sea una tragedia que lamentar.
Yo pienso que no se trata de mantener el odio y el rencor hacia el PRD, brazo político de la narcodictadura, sino mantener a todos sus maleantes políticos en cuarentena porque hasta ahora no han probado su propósito de la enmienda.
A la par, no puedo creer que elegiremos un presidente porque su estrategia de pasar agachado fue brillante y exitosa. Pensemos, analicemos.
Elijamos al que va a dar al traste con la dictadura de partidos cuyos intereses no son precisamente los intereses de Panamá.

101 años de Panamá América

 
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