La mujer y las nuevas formas de manipulación política
Aunque la regla general es que la gente no crea en grandes conspiraciones internacionales ocultas ni tampoco en programas de control del pensamiento y de manipulación de la conducta de las masas, no está de más denunciar de vez en cuando algunas realidades nuevas en las sociedades contemporáneas como posibles manifestaciones de lo opuesto de todo lo que pretenden parecer. Hace más de medio siglo el escritor inglés George Orwell, en su novela 1984, describía al mundo compuesto por tres grandes bloques en los cuales los gobiernos engañaban al pueblo proclamando y publicando lo contrario de la realidad. Así, la dependencia gubernamental que se encargaba de mantener a todo el mundo engañado se llamaba precisamente "Ministerio de la Verdad".
Los movimientos fascistas se valieron de ese método, o sea mentir diciendo lo contrario de lo que era la realidad: lo blanco es negro, lo frío es caliente, y el crimen es lo justo. Hasta el "guru" principal de la economía capitalista, John Maynard Keynes lo aconsejó en palabras tajantes cuando dijo en 1930 que, "durante los próximos cien años, debemos repetirnos que el mal es el bien y el bien es el mal porque el mal es útil y el bien no lo es".
Como la anticultura estadounidense desde hace tiempo es la que impone la mayoría de los cambios en las costumbres sociales y en el comportamiento de las masas, me referiré a algunas de las cosas que nos vienen de allá. Por ejemplo, en la década de los 60, cuando se produjo un movimiento político renovador gigantesco, y la juventud y los progresistas opuestos a la guerra de Vietnam se convirtieron en un problema para el gobierno de Lyndon Johnson, surgió el auge de las píldoras alucinantes, después vino la "democratización" de las drogas heroicas que convirtió a las famosas LSD en juego de niños, y se generalizó el cultivo de la marihuana en los patios y en los balcones como el "kick" de los más pobres.
Al mismo tiempo surgió la llamada cruzada para la liberación sexual de la mujer, con tan fecundos frutos políticos como los habían tenido los alucinantes, los estimulantes y las drogas heroicas. A eso se unió como condimento adicional, el movimiento llamado "PRO LIFE". Como los hombres se resistían más al matrimonio porque la unión sexual ya no lo exigía, aumentó la proporción de madres solteras, o sea la figura ideal para destruir la militancia política en la mujer precisamente en los años en que más fuerte y más impaciente es el deseo de cambiar las cosas. El viejísimo dicho que comienza "Si no hay anillo…." pasó a la historia.
Tres décadas después, pocos países hay donde la juventud sea tan apática, y donde las mujeres sean una proporción tan baja de los movimientos populares que exigen cambios o protestan contra la guerra o las injusticias. Por cierto, en ningún país del mundo hay una proporción tan elevada de jóvenes que no se casan, de parejas amancebadas. (Calificación de A+ para los que idearon los nuevos neutralizadores del detonante político que es tan natural en la juventud).
Ahora han lanzado un torpedos más, esta vez dirigido a menoscabar el desarrollo intelectual. Han embarcado a un montón de gente medianamente seria y soberanamente ingenua en un movimiento para lograr que se rechace una norma gramatical que, por cierto, prevalece en todos los idiomas que tienen género gramatical desde que aparecieron en el planeta las grandes civilizaciones y las lenguas cultas. La norma que tiene más de tres mil años se reduce a que, cuando un sustantivo de género femenino se une a un sustantivo de género masculino juntos forman el plural en masculino, y lo mismo les pasa a los artículos, a los adjetivos y a los participios adjetivados.
Últimamente han pretendido inculcarles a las mujeres el disparate de que esa regla gramatical es machista. En todas las gramáticas de la lengua española, desde la de Antonio de Nebrija publicada en el año del descubrimiento de América, hasta la última de la Real Academia Española, pasando por las de Bello y Cuervo, el principio siempre del plural masculino está claramente consagrado. A pesar de que la mixtificadora ley nuestra dice que no se puede ir contra las reglas de la Real Academia Española, como nadie las conoce, la nueva desgracia nacional ha llegado al extremo de que exigen que los textos escolares se escriban en ese galimatías que, entre otras cosas, muy convenientemente contribuirá a mantener los niveles de ignorancia que necesitan los políticos enquistados en la ubre de los fondos públicos.
A ninguna de las militantes de esta obra de destrucción de la lengua le han explicado que entre China y Taiwan, sin contar sus emigrantes que seguirán siendo chinos hasta la cuarta generación, unidos a las dos Coreas y al Japón, junto con las áreas del Sudeste del Asia donde predomina alguno de los muchos dialectos chinos, suman casi la tercera parte de todas las mujeres del mundo, pero a esos mil millones de mujeres nunca podrán aplicarles el nuevo artificio "liberador" porque en esos idiomas no existe género gramatical. (Lo anterior no toma en cuenta cientos de millones de mujeres en los países de habla inglesa, ya que el inglés tampoco tiene género). No les dicen a las entusiastas del loslasismo que, si sus hijos crecen hablando y leyendo todo con esa adulteración de los plurales, no podrán llegar a dominar el idioma en la medida necesaria para entender después los libros que son indispensables en toda buena educación, y si crecen aprendiendo a usar la arroba como si fuera un signo hermafrodita para escribir l@s niñ@s y a leer ese híbrido como si dijera los niños y las niñas, mejor los dan por perdidos para toda existencia calificable como civilizada, y ni siquiera podrán comprender las ciencias si no adquieren las estructuras lógicas del lenguaje.
Más ganarían las madres panameñas preocupándose de que actualmente sus hijos no están aprendiendo ni a leer bien ni a escribir bien en las escuelas porque ese vacío será un lastre terrible durante todas sus vidas. En Europa y en el Asia, donde están ocurriendo cosas parecidas, sí se han dado cuenta de que es una estrategia de dominación, y de que, llevada al extremo, puede ser dañina para la vida humana en sociedad. Para terminar, recuerdo que hace muchos años vi una película francesa en que el gran economista Colbert le dijo a Luis XIV: "Si quiere Vuestra Majestad hacer libres a las mujeres francesas, enséñeles francés".
Los movimientos fascistas se valieron de ese método, o sea mentir diciendo lo contrario de lo que era la realidad: lo blanco es negro, lo frío es caliente, y el crimen es lo justo. Hasta el "guru" principal de la economía capitalista, John Maynard Keynes lo aconsejó en palabras tajantes cuando dijo en 1930 que, "durante los próximos cien años, debemos repetirnos que el mal es el bien y el bien es el mal porque el mal es útil y el bien no lo es".
Como la anticultura estadounidense desde hace tiempo es la que impone la mayoría de los cambios en las costumbres sociales y en el comportamiento de las masas, me referiré a algunas de las cosas que nos vienen de allá. Por ejemplo, en la década de los 60, cuando se produjo un movimiento político renovador gigantesco, y la juventud y los progresistas opuestos a la guerra de Vietnam se convirtieron en un problema para el gobierno de Lyndon Johnson, surgió el auge de las píldoras alucinantes, después vino la "democratización" de las drogas heroicas que convirtió a las famosas LSD en juego de niños, y se generalizó el cultivo de la marihuana en los patios y en los balcones como el "kick" de los más pobres.
Al mismo tiempo surgió la llamada cruzada para la liberación sexual de la mujer, con tan fecundos frutos políticos como los habían tenido los alucinantes, los estimulantes y las drogas heroicas. A eso se unió como condimento adicional, el movimiento llamado "PRO LIFE". Como los hombres se resistían más al matrimonio porque la unión sexual ya no lo exigía, aumentó la proporción de madres solteras, o sea la figura ideal para destruir la militancia política en la mujer precisamente en los años en que más fuerte y más impaciente es el deseo de cambiar las cosas. El viejísimo dicho que comienza "Si no hay anillo…." pasó a la historia.
Tres décadas después, pocos países hay donde la juventud sea tan apática, y donde las mujeres sean una proporción tan baja de los movimientos populares que exigen cambios o protestan contra la guerra o las injusticias. Por cierto, en ningún país del mundo hay una proporción tan elevada de jóvenes que no se casan, de parejas amancebadas. (Calificación de A+ para los que idearon los nuevos neutralizadores del detonante político que es tan natural en la juventud).
Ahora han lanzado un torpedos más, esta vez dirigido a menoscabar el desarrollo intelectual. Han embarcado a un montón de gente medianamente seria y soberanamente ingenua en un movimiento para lograr que se rechace una norma gramatical que, por cierto, prevalece en todos los idiomas que tienen género gramatical desde que aparecieron en el planeta las grandes civilizaciones y las lenguas cultas. La norma que tiene más de tres mil años se reduce a que, cuando un sustantivo de género femenino se une a un sustantivo de género masculino juntos forman el plural en masculino, y lo mismo les pasa a los artículos, a los adjetivos y a los participios adjetivados.
Últimamente han pretendido inculcarles a las mujeres el disparate de que esa regla gramatical es machista. En todas las gramáticas de la lengua española, desde la de Antonio de Nebrija publicada en el año del descubrimiento de América, hasta la última de la Real Academia Española, pasando por las de Bello y Cuervo, el principio siempre del plural masculino está claramente consagrado. A pesar de que la mixtificadora ley nuestra dice que no se puede ir contra las reglas de la Real Academia Española, como nadie las conoce, la nueva desgracia nacional ha llegado al extremo de que exigen que los textos escolares se escriban en ese galimatías que, entre otras cosas, muy convenientemente contribuirá a mantener los niveles de ignorancia que necesitan los políticos enquistados en la ubre de los fondos públicos.
A ninguna de las militantes de esta obra de destrucción de la lengua le han explicado que entre China y Taiwan, sin contar sus emigrantes que seguirán siendo chinos hasta la cuarta generación, unidos a las dos Coreas y al Japón, junto con las áreas del Sudeste del Asia donde predomina alguno de los muchos dialectos chinos, suman casi la tercera parte de todas las mujeres del mundo, pero a esos mil millones de mujeres nunca podrán aplicarles el nuevo artificio "liberador" porque en esos idiomas no existe género gramatical. (Lo anterior no toma en cuenta cientos de millones de mujeres en los países de habla inglesa, ya que el inglés tampoco tiene género). No les dicen a las entusiastas del loslasismo que, si sus hijos crecen hablando y leyendo todo con esa adulteración de los plurales, no podrán llegar a dominar el idioma en la medida necesaria para entender después los libros que son indispensables en toda buena educación, y si crecen aprendiendo a usar la arroba como si fuera un signo hermafrodita para escribir l@s niñ@s y a leer ese híbrido como si dijera los niños y las niñas, mejor los dan por perdidos para toda existencia calificable como civilizada, y ni siquiera podrán comprender las ciencias si no adquieren las estructuras lógicas del lenguaje.
Más ganarían las madres panameñas preocupándose de que actualmente sus hijos no están aprendiendo ni a leer bien ni a escribir bien en las escuelas porque ese vacío será un lastre terrible durante todas sus vidas. En Europa y en el Asia, donde están ocurriendo cosas parecidas, sí se han dado cuenta de que es una estrategia de dominación, y de que, llevada al extremo, puede ser dañina para la vida humana en sociedad. Para terminar, recuerdo que hace muchos años vi una película francesa en que el gran economista Colbert le dijo a Luis XIV: "Si quiere Vuestra Majestad hacer libres a las mujeres francesas, enséñeles francés".