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La nueva Constitución será federalista


No se puede tomar de otra manera. La consideración de la nueva Constitución ha de tomarse con una actitud seria, honesta y con la profundidad que se merece la Suprema Ley de la República.
El Derecho sufrió un colapso cuando un grupo de militares antepuso sus ambiciones personales por un golpe de Estado al Estado de derecho de ese momento, y desde entonces el país fue, de tumbo en tumbo, hasta llegar al inaudito hecho de conferir todos los poderes a un sólo hombre. El cambio del Estado de derecho al Estado de hecho, convulsionó a toda la nación desde sus cimientos dejándonos sometidos a la voluntad de los dictadores durante tantos años.
Panamá obtuvo así una tradición que se enquistó en la estructura jurídica de nuestra Nación con Constituciones hechas con sometimientos total e incondicional de unos poderes a otros, según satisfacía a los mandatarios.
Así han aparecido estos gobiernos corruptos y autócratas. Si para Luis XIV el Estado era él: "L"état c"est moi", el omnipotente funcionario público cree personificar todos y cada uno de los miembros de la comunidad panameña. Es típico oír en su voz: "Panamá quiere, Panamá no quiere", sin la más mínima consulta a la ciudadanía. O sea con el más solemne desprecio a la opinión ciudadana.
Sólo por la destrucción total del aparato de guerra de los instrumentos sumisos de "Las Fuerzas de Defensa", se pudo volver al Estado de derecho, por lo que aún muchos sienten lo que el constitucionalista don "Checho Quintero" llama: "El miedo, no; el "terror" que sienten algunos sectores a la Constituyente". Y hasta algún alto funcionario del gobierno entrante expresó que: "No se debe alterar la vida institucional".
Como si en esto pudiéramos andarnos con pañitos tibios, como si la Constitución soportara este o aquel parche y no una revisión íntegra y actualizada. Sin mirar el ansia de poder de este o aquel grupito o las susceptibilidades de miopes e ignorantes.
Toda Constitución es por su propia naturaleza un todo orgánico, tiene que ser como un mosaico donde se armonicen y fijen total y completamente los derechos y deberes, funciones y límites de cada uno de los órganos del Estado, de modo que se produzca la funcionalidad para obtener la consecución del bien de la Nación, el de todos y cada uno de los miembros de la comunidad.
Si tuviéramos una Constitución como la de los Estados Unidos, que aún existe incólume después de tantos siglos, bastaría hacerle como se le ha hecho a ella, unas cuantas enmiendas; no así nuestra muy accidentada Constitución.
Para que la futura Constitución no sea el guiñapo de limpieza de los dictadores de opereta, de los aspirante sa tiranuelos, de los grupejos especialistas en triquiñuelas de cuanto grupo de esa clase hemos visto llegar al poder; es absolutamente necesario que la nueva Constitución se funde en los principios óptimos del derecho, de modo que no sea la palabra "democracia" el adorno hueco que se usa para adornar partidos dictatoriales o pintar fachadas de instituciones que son exactamente lo contrario; tiene que expresar su significado auténtico y veraz, y como ese principio de filosofía social han de consignarse todos los otros principios de excelencia del derecho.
Para crear una nueva Constitución óptima y por tanto permanente, hay que fundamentarla en los principios básicos del Derecho, para tal fin, como son: la separación e interrelación de poderes, la funcionalidad democrática, la consulta permanente, una justicia distributiva bien establecida, etc.
Pero nuestro principal objetivo al escribir este artículo es subrayar la total y absoluta necesidad de tomar en cuenta y la aplicación del principio de subsidiaridad. Y es la lógica consecuencia de dicho principio la Constitución de una República Federal.
Es tiempo de hacer un cambio total, positivo, óptimo, en nuestra Carta Magna, es el reto que tiene este pueblo con su gobierno, es la oportunidad única que quizás no vuelva más sino dentro de muchos años. El pueblo y el gobierno tienen ahora la palabra.

101 años de Panamá América

 
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