La oportunidad que ofrece China
Un tratado de libre comercio de Panamá con el país más poblado y de más pujante crecimiento económico de la tierra es imposible. Para eso necesitaríamos establecer relaciones diplomáticas con él, China, y sus 1,300 millones de habitantes; y no podemos porque ese país exige que rompamos con Taiwán, nación a la que reconocemos como titular de la personería internacional del estado chino.
La posición tradicional de Panamá es la de continuar las relaciones diplomáticas con Taiwán y tener relaciones comerciales con China. Pero el desarrollo de estas últimas empieza a tropezar con el techo que representa el no contar con el correspondiente intercambio de embajadores. De más está decir que en el resto del mundo, sólo una pequeña minoría de países reconoce a Taiwán por encima de China.
Taiwán, por su parte, se prodiga en atenciones con el grupo de países que todavía mantienen relaciones con ella. Y la suscri´pción de tratados de libre comercio, como el firmado hace algunos meses con Panamá es parte de esa política. No obstante, el resto de naciones que optó por reconocer a China, no nos está envidiando para nada, beneficiándose inmensamente del intercambio comercial con el gigante asiático.
En América Latina, tan sólo el año pasado, las exportaciones provenientes de esta región a China, aumentaron 72.1% según informe de la CEPAL. El país asiático se ha convertido en el tercer mayor comprador de bienes latinoamericanos. Y quienes mayor provecho sacaron fueron Argentina cuyas ventas a China aumentaron 143%, Brasil 80%, Chile 59%, Perú 13% y México 12%, en el mismo rubro.
El informe revela también que los productos que más compra China en la región son los agrícolas (cereales, oleaginosas, aceites vegetal, celulosa y azúcar), así como materia prima (hierro, cobre, gas natural).
Las cifras son astronómicas. Brasil, por ejemplo, vende a China bienes por $$4,500 millones gracias a estrechas relaciones cultivadas por el gobierno del presidente Lula Da Silva.
¿Y Panamá? En exportaciones, en esencia, nada. Cualquier pequeño municipio chino podría comprar todos nuestros excedentes agropecuarios y acabar con las penurias de los productores nacionales. Es cuestión de sentarse a negociar y ya. El próximo gobierno debe esforzarse más para aprovechar la oportunidad de ese inmenso mercado.
La posición tradicional de Panamá es la de continuar las relaciones diplomáticas con Taiwán y tener relaciones comerciales con China. Pero el desarrollo de estas últimas empieza a tropezar con el techo que representa el no contar con el correspondiente intercambio de embajadores. De más está decir que en el resto del mundo, sólo una pequeña minoría de países reconoce a Taiwán por encima de China.
Taiwán, por su parte, se prodiga en atenciones con el grupo de países que todavía mantienen relaciones con ella. Y la suscri´pción de tratados de libre comercio, como el firmado hace algunos meses con Panamá es parte de esa política. No obstante, el resto de naciones que optó por reconocer a China, no nos está envidiando para nada, beneficiándose inmensamente del intercambio comercial con el gigante asiático.
En América Latina, tan sólo el año pasado, las exportaciones provenientes de esta región a China, aumentaron 72.1% según informe de la CEPAL. El país asiático se ha convertido en el tercer mayor comprador de bienes latinoamericanos. Y quienes mayor provecho sacaron fueron Argentina cuyas ventas a China aumentaron 143%, Brasil 80%, Chile 59%, Perú 13% y México 12%, en el mismo rubro.
El informe revela también que los productos que más compra China en la región son los agrícolas (cereales, oleaginosas, aceites vegetal, celulosa y azúcar), así como materia prima (hierro, cobre, gas natural).
Las cifras son astronómicas. Brasil, por ejemplo, vende a China bienes por $$4,500 millones gracias a estrechas relaciones cultivadas por el gobierno del presidente Lula Da Silva.
¿Y Panamá? En exportaciones, en esencia, nada. Cualquier pequeño municipio chino podría comprar todos nuestros excedentes agropecuarios y acabar con las penurias de los productores nacionales. Es cuestión de sentarse a negociar y ya. El próximo gobierno debe esforzarse más para aprovechar la oportunidad de ese inmenso mercado.