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La otra dictadura


El pasado siglo XX legó a la humanidad un abultado catálogo de dictadores. Unos eran bendecidos o tolerados, otros eran criticados, pero casi todos, en su mayoría, contaron con el apoyo del poder económico mundial. Casi todos irrumpieron cuando por algún olvido, el juego democrático logró que un reformador o, peor aún, que un transformador llegara al poder poniendo en peligro el "statu quo".
Los últimos 25 años han servido para que un grupo de propagandistas especializados pongan en boga un glosario socioeconómico que busca mimetizar el "tratamiento" aplicado a todos los pueblos del mundo, basado en un conjunto de "recetas" que faciliten la imposición de un "pensamiento único" (o consenso de Washington), porque "no hay otra alternativa" como diría, en su momento, Margaret Thatcher.
Esta nueva dictadura se hace llamar "economía de mercado", "globalización" o "apertura económica", como si el mundo sufriera de amnesia o como si un manto de estupidez hubiera cubierto toda posibilidad de inteligencia. La economía de mercado es tan antigua como Matusalem, como la Ruta de la Seda, como los fenicios y el Mediterráneo.
La primera gran globalización la constituyó el descubrimiento de América, y a partir de allí los más significativos avances técnicos y científicos han permitido acortar distancias y disminuir tiempo en las comunicaciones entre los distintos países y pueblos que integran el planeta. La computadora y la Internet son partes de los últimos avances en el largo proceso de globalización que pudo tener su punto de partida en 1492, hace ya cinco siglos.
Llamada apertura económica, después de las independencias estuvo vinculada a las relaciones entre los países, a sus riquezas y sus necesidades. Antes eran relaciones coloniales y después fueron neocoloniales. Tenía relación con quien adquiriera la materia prima, la procesara y la mercadeara como producto final. El Estado de Bienestar activó el comercio mundial y dejó establecido con claridad el significado de los servicios públicos bajo el control del Estado y la prestación de los servicios básicos a la sociedad.
En las últimas décadas, las Instituciones Financieras Internacionales fueron interviniendo de manera más directa en las políticas de los Estados con el pretexto de negociar la deuda externa y la concesión de créditos. Las políticas de Ajuste Estructural derivaron en las privatizaciones de las propiedades públicas, con el fin de reducir al mínimo el histórico papel del Estado y garantizando, a su vez, la máxima libertad de los mercados desregulados.
Las políticas neoliberales, después de un acelerado baile de máscaras, llegan al poder con Reagan y Thatcher en EE.UU. y el Reino Unido, respectivamente, imponiendo un neodarwinismo social que propugna la ley de la selva, borrando cualquier rastro humanizado del sistema e imponiendo el totalitarismo del individuo sobre la colectividad social.
Con la coartada ideológica de la competitividad de la economía de mercado en un mundo globalizado, la nueva dictadura sustenta más y mayores desregulaciones laborales, justifica despidos, privatizaciones de servicios públicos, ablandamiento fiscal, recortes presupuestarios a los programas sociales, desmantelamiento y despojo de bienes públicos. En fin, se trata también de la sustitución del derecho público por el derecho privado, con el fin de sustituir la rentabilidad social, por la rentabilidad económica, la abolición del sindicalismo obrero y de los gremios profesionales.
Los sectores populares y las capas medias ya han comenzado a sentir los embates de esta dictadura violenta, voraz e insaciable que coloca la concentración de riqueza para unos pocos, por encima de las necesidades humanas elementales. La codicia del neoliberalismo totalitario le lleva hasta el genocidio.
De acuerdo con datos de la FAO, entre 1979 y 1993 el consumo de calorías disminuyó en un tres %en México, 41 % en Argentina, un 10,9 en Kenia, un 10 % en Tanzania y un 9,9 % en Etiopía. Esto sin contar como las industrias farmacéuticas poderosas niegan con sus precios las medicinas que son vitales para los enfermos del segundo y tercer mundo.
El movimiento antineoliberal desde Seattle, Quebec, Barcelona, Porto Alegre y próximamente en Génova, es apenas el inicio de un a rebelión humana globalizada que no tolera ni permitirá la dictadura mundial de los mercaderes de la muerte. Ya los hombres y mujeres del mundo, cada vez más, han levantando las banderas de la dignidad, del autorespeto, del bienestar de nuestros hijos, del planeta y del auténtico derecho a defender la vida, con el fin de construir, entre todos, una sociedad más justa y humana.

101 años de Panamá América

 
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