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La Pena de Muerte


Salvo Guatemala y algunos estados de Estados Unidos, no hay en América otro país con la pena de muerte. En las últimas semanas la posibilidad de que se aplique en Panamá ha vuelto al tapete. ¿Por qué y de dónde sale tal reclamo? Después de la invasión de 1989, Panamá ha registrado, por distintas razones, un promedio diario de tres crímenes, unos 20 mil muertos en los últimos 20 años. Muchos, pero muchos más que los registrados durante la invasión. Una verdadera masacre. Si convenimos en que tales cifras han sido el resultado de una intensa actividad delincuencial, que ha afectado la seguridad ciudadana, tendríamos que concluir en que el éxito de los delincuentes ha sido gracias al fracaso del sistema de seguridad imperante. Si a ese panorama sumamos los asaltos, hurtos y robos a residencias, volveremos a la pregunta de: ¿dónde han estado las instituciones de seguridad?

Sin dudas el sistema ha colapsado. Desgraciadamente esas debilidades, que algunos han atribuido a una penetración sensible en esos organismos por parte del crimen organizado, se traducen en una desesperación colectiva que se expresa en la convocatoria a la aplicación de la pena de muerte, como si esa fuera la solución al problema. Si en la mayoría de los países del mundo ha sido eliminada, es que porque la pena de muerte no ha resuelto el problema. Lo urgente es la depuración de los organismos de seguridad y de justicia, la aplicación de las leyes existentes, y tolerancia cero ante los delincuentes.

101 años de Panamá América

 
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