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La política del Fondo y el fondo de la política


Hace apenas unos días un alto representante del equipo del nuevo gobierno informaba a través de los medio de comunicación sobre sus recientes conversaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), destacando que durante las mismas se trató el tema de la estrategia económica del nuevo gobierno. Esto, que en principio puede parecer trivial y carente de significado, constituye, por el contrario, una peligrosa señal en torno al estilo que puede adquirir el manejo de la economía en el próximo período presidencial.

En primer lugar, el hecho de que se haya discutido una estrategia económica con el FMI y que la misma aún no se haya divulgado y mucho menos discutido a nivel nacional, no solo expresa un bajo nivel de interés por la opinión pública local, sino que, además, llama la atención sobre el peligro de que sean nuevamente los intereses externos los que se conviertan en el factor determinante en el manejo de la economía panameña. En este sentido, se abre el riesgo inminente de que nuevamente se haga realidad la idea de Rodrigo Carazo Odio en cuanto a que más que gobiernos nacionales nuestros países cuentan con lo que él llama “country managers”.

El problema está dado aquí por la posibilidad real de un escenario en el que un gobierno habilitado para realizar un significativo déficit fiscal pero que, en condiciones de crisis internacional, tiene dificultades para captar financiamiento privado internacional, encuentre conveniente acercarse a las llamadas IFI’s, entre las que se destaca el FMI, con el fin de saciar su apetito de endeudamiento. Se trata de una situación que, de concretarse, tendrá graves consecuencias sobre la economía nacional.

Si algo caracteriza al FMI, así como al resto de las IFI, es su insistencia de que sus préstamos o avales se vinculen, de manera estricta, con el cumplimiento de un conjunto de condicionalidades de política, las cuales impactan seriamente en la evolución de las economías nacionales. Con el fin de ejemplificar esto, se puede recordar que fue en este marco que el país se encaminó, a partir del llamado Plan Ford, hacia una estrategia guiada a abandonar el criterio de seguridad alimentaria y a enfatizar en la exportación de frutas. La actual situación de crisis de la agroexportación panameña y la creciente inseguridad y carencia de soberanía alimentaria llaman la atención sobre el fracaso de este tipo de condicionalidad.

Si se tiene en cuenta el actual avance de la instalación del modelo neoliberal en nuestro país, no queda duda que las nuevas exigencias del FMI y las IFI se expresarán en imposiciones guiadas hacia su consolidación y profundización. Se trata, entonces, de condiciones referentes a asuntos tales como la tendencia hacia la privatización de los servicios de abastecimiento de agua potable y la liberalización del uso de los recursos naturales, así como hacia la privatización de los servicios públicos de salud y educación. No menos probable serán los condicionamientos referentes a la revisión de la legislación laboral y el manejo de intercambio de información tributaria.

En estas circunstancias, el desarrollo de una estrategia de desarrollo alternativa y la organización política de la población constituyen las tareas principales del momento. De su cumplimiento depende la preservación y promoción de los más altos intereses de la nación y de los sectores más necesitados del país.

¡Manos a la obra!

101 años de Panamá América

 
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