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La política y la misión de un buen político


LA HORA ACTUAL que vive la República de Panamá, un tanto crítica, sobre todo en lo que atañe a las complejas actividades que dependen de la política y del comportamiento de nuestros políticos, merece desde todo punto de vista, serias observaciones y reflexiones en función de nuestra misión de servir como maestro de ciudadano. He aquí el contenido de las mismas.
La política ha sido definida, desde la antigüedad, de distintas maneras; no obstante ahora, nos interesa más una definición que sea eminentemente humana. No otra cosa merecen nuestros pueblos. En este sentido, concebimos la política como algo que lo abarca todo: trabajo, salud, educación, vivienda, economía, equilibrio social, refinamiento espiritual, filosofía, doctrina de amor, proscripción de odios y anhelo infinito de elevar la condición material y moral de nuestros semejantes.
Necesitamos practicar una política que, sin dejar de ser idealista, sea fundamentalmente realista. Una especie de condición martiniana de la política que parte de la existencia de núcleos humanos vigorosamente organizados. Para Martí, como ejemplo, la política ha de tener por aspiración suprema la salud y el robustecimiento del pueblo. Pero ¿qué es el pueblo? "Un pueblo es el conjunto de dolores y esperanzas, de vileza que se ha de sujetar y de virtud que se le ha de defender, de ignorancia apasionada y de luces e instintos que salvan y dirigen, de hombres a quienes se ha de servir como sirve el médico al enfermo que le muerde la mano".
Por otra parte, hay que tomar en cuenta que en la composicón de un pueblo entran muchas voluntades, puras o pervertidas, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por el error. "Un pueblo, según Martí, está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan: del acomodo que acapara, y de la justicia que se rebela: de la soberbia que sujeta y deprime, y del decoro que no priva al soberbio de su puesto, ni cede el suyo: de los derechos y opiniones de sus hijos todos está hecho un pueblo, y no de derechos y opiniones de una clase sola de sus hijos; y el gobierno de un pueblo es el arte de ir encaminando sus realidiades, bien sean rebeldías o preocupaciones, por la vía más breve posible, a la condición única de paz, que es aquella en que no hay un solo derecho mermado".
Queda claro que la función primera de la política es sanear y poner en movimiento las fuerzas útiles que levantan a un pueblo y lo convierten en sostén y honra de la Patria.
En cuanto a los políticos, éstos deben reunir especiales cualidades que lo distingan como personas de gran sensibilidad social, idealistas, visionarios, apostólicos con rica experiencia en todos los planos del hacer político; deben tener una filosofía viviente, fraguada en la experiencia, en lecturas profusas, en contacto permanente con la gente; demostrar don de mando, autoridad de presencia y dotes de organizador; y, a veces, bulliciosos y movedizos, sagaces y de buen humor.
La misión del buen político -el que necesitamos- está en despejar al hombre y a la mujer panameños su mejor camino. Y el mejor camino para los panameños está en la unión, la comprensión, la tolerancia y el amor que nos debemos los unos a los otros.
Siendo Panamá un país fundamentalmente de gente humilde, generosa y buena, en cuya masa flota débilmente un mínimo de población afortunada y que puede por sí misma procurarse los bienes de la cultura, de la comodidad y la felicidad, toca a los políticos --en función de gobierno o de oposición-- poner toda su conciencia y todo su esfuerzo en el mejoramiento de las clases infortunadas, en el mejor encausamiento de las clases trabajadoras, en elevar la mentalidad de los atrasados y en procurar un constante mayor bienestar para los cientos de miles de panameños y panameñas necesitados. ¡Dios permita que así sea!

101 años de Panamá América

 
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