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La política y los políticos en Panamá


Es lamentable que siendo la actividad política tan imprescindible y básica en la vida y el destino de la nación, se le haya hecho un concepto tan desagradable ante la opinión pública, a tal grado que hablar de ella es compararla con el flagelo de las drogas y el lavado de dinero. La culpa no es de la política, sino de quienes manejan su mecanismo y su inofensivo nombre.
Hablar hoy día de la política dentro del ambiente de la sociedad es una ignominia, una vergüenza y un irrespeto a los sectores honestos de la nación. Ello se debe al concepto que le han creado los malos panameños y políticos egoístas y mercantiles, algo así como aquellos que por estar sufriendo de las injusticias y diferencias sociales cometen el injusto error de expresar que la patria debería hundirse y desaparecer, cuando los que deberían hundirse y desaparecer son los que la manejan de manera egoísta, antipatriótica e inhumana.
La patria y la política no son responsables de su presente y su futuro, sino de los malos panameños y políticos que la han tomado como un botín de conveniencias a sus intereses personales, económicos, sociales, políticos y gubernamentales, mediante las leyes que ellos, políticamente, han creado. La política como un ente imprescindible y necesario en la vida de la nación, no es culpable de la situación inmoral en que vive el país, como tampoco la patria. La culpa viene siendo de los políticos corruptos que mantienen a la nación en un caos de corrupción y de incredibilidad sobre el destino de la nación, donde no actúan con criterio nacional y patriótico, sino con un criterio de intereses personales.
Es lamentable esta situación con la patria, si llevamos en cuenta que ésta ya no es una niña sin madurez y experiencia, sino una adulta a punto de cumplir un centenario de vida republicana e independiente. Su experiencia y su prestigio dependen de su población civil y, sobretodo, de su población política que es la más representativa entre los estamentos que la conforman. Sobre esta situación, los pueblos no son responsables en la escogencia de sus gobernantes, ellos cumplen con su deber cívico de ir a las urnas. La culpa es de los políticos, que al manejar a su antojo esa inofensiva actividad, le imponen a los pueblos las figuras que a ellos les convienen para sus intereses. La única forma en que la patria y la política puedan cambiar su rumbo y su destino, sería cuando las leyes electorales establezcan que las candidaturas de elección popular, sean sólo para los candidatos independientes sin la manipulación de los partidos políticos tradicionales.

101 años de Panamá América

 
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