La sociedad civil organizada y el desarrollo nacional
El tutelaje al que hemos estado sometidos los panameños durante toda nuestra existencia como nación, así como las intervenciones frecuentes de potencias extranjeras en nuestros asuntos económicos, políticos, sociales y culturales, han producido en la mayor parte de nuestra población, especialmente la que reside en la franja central del istmo, sentimientos de incapacidad, dependencia, inseguridad, conformismo y frustración. Hace apenas diez meses que nuestro país se encuentra libre de fuerzas militares extranjeras y recibió el Canal, con lo cual se perfeccionó la independencia nacional, con soberanía plena en todo su territorio.
Sin embargo, notamos que la mayor preocupación de muchos empresarios, profesionales y trabajadores, es la ausencia de militares en nuestras ciudades más importantes, por lo que esa presencia significaba para la economía y la seguridad nacional. Esta preocupación y esta añoranza adquieren muchas veces ribetes vergonzosos, que sonrojan a muchos istmeños que sentimos que nuestro país libre y soberano tiene que desarrollar con urgencia un sentimiento de optimismo y de fe en el destino de nuestra patria, así como el concurso de todos los ciudadanos para elevar el nivel de vida de toda la población.
Una vida mejor para todos los panameños, los de la ciudad y los del campo, significa que no haya desempleo, que todos puedan alimentarse y tengan acceso a buenos servicios de salud, que todos los niños puedan asistir a la escuela y completar su educación básica, con oportunidades para alcanzar una educación superior. También significa que todos puedan vivir en viviendas adecuadas y tengan facilidades para una recreación sana, la cual debe incluir la elevación cultural y espiritual. Es imprescindible que el sistema democrático que nos rige se perfeccione para que los gobernantes puedan escogerse entre los mejores ciudadanos, mediante un sistema eleccionario moderno y realmente representativo de las mayorías. El sistema de seguridad social debe cubrir a toda la población, de manera que nadie carezca de atención médica ni de una pensión de vejez. El sistema judicial requiere ser modernizado y agilizado, para que merezca el respeto y la confianza de nacionales y extranjeros. El "rgano Legislativo necesita ser reestructurado y modernizado, para que sea realmente representativo de la nación y no de sectores aislados.
Son innumerables las tareas que debemos completar para obtener el bienestar colectivo que mencionamos anteriormente. Sin embargo, los ciudadanos de todos los estratos sociales nos preguntamos con frecuencia por qué nuestra república, fundada hace casi un siglo, con una población actual que no llega a los tres millones de habitantes, con un canal norteamericano enclavado en el centro de nuestro territorio y con una franja angosta que ha sido por siglos un puente natural por el que han pasado riquezas fabulosas de todas partes del mundo, no ha podido eliminar el analfabetismo, la desnutrición, el desempleo, la injusticia, la deshonestidad, la inseguridad, la deficiencia gubernamental, la falta de patriotismo y la pobreza.
No es fácil encontrar la respuesta precisa para estas interrogantes, pero podemos mencionar algunos factores que han contribuido a impedir una distribución más humana y más abarcadora del progreso que muestra en sus aspectos físicos la capital de nuestro país. Las características de nuestra geografía y nuestra función de puente del mundo (Pro Mundi Beneficio) ha generado en los panameños un sentimiento de poco arraigo, de transitoriedad. Todo es pasajero, nada es permanente. Estamos esperando que elementos foráneos nos "tiren la toalla" para resolver nuestros problemas del presente, del aquí y el ahora, aunque la mayor parte de la población se mantenga al margen del bienestar. Los partidos políticos, que son necesarios para renovar el gobierno, suelen tener como principal meta la llegada al poder para repartir los puestos públicos y resolver las necesidades económicas de sus adherentes. Todo el mundo está de acuerdo en que Panamá tiene grandes atractivos turísticos, pero las posiciones diplomáticas y consulares se reparten sin tomar en cuenta la preparación de los candidatos para realizar una labor que contribuya a mejorar la imagen de nuestro país en el exterior. Se repite con insistencia que los embajadores son representantes personales del Presidente de la República, por lo tanto, el mandatario nombra en el servicio exterior a sus parientes más cercanos y a sus amigos personales y políticos, aunque nada puedan hacer con eficiencia para servirle a la patria, que requiere en esos puestos a los ciudadanos mejor preparados para esa delicada función.
Los salarios de los altos y medianos funcionarios son exorbitantes, muy alejados del salario mínimo vigente, lo cual contribuye a reafirmar el convencimiento popular de que el partido gobernante comete un abuso al consumir una porción enorme del presupuesto para sufragar esos astronómicos emolumentos.
El sistema democrático que nos rige se fundamenta en la constitución castrense de 1972, cortada a la medida del proceso oligárquico y autocrático que nos gobernó desde 1968 hasta 1989. Esta carta fundamental tiene disposiciones que hacen muy difícil su modificación y está diseñada para perpetuar el sistema de acceder al poder a través de partidos políticos que están basados en intereses crematísticos y familiares.
Las principales características de los gobiernos que ha producido este sistema son la corrupción, el nepotismo, la incapacidad administrativa, el culto a la personalidad, la postergación indefinida de las decisiones, la negación sistemática de los problemas, las arbitrariedades de los gobernantes, la inseguridad jurídica, el servicio exterior ineficiente e improductivo, el abandono de los sectores más necesitados de la población (indígenas, campesinos, obreros, mujeres, niños, estudiantes y adultos mayores). Las plataformas electorales de los partidos políticos contienen impresionantes programas para atender todas las necesidades de la población, pero se convierten en letra muerta cuando se llega al poder.
Frente a este panorama tan desolador, que es comprendido por todos los sectores de la población, no queda otro camino que la organización de la sociedad civil para exigirle a los gobernantes el cumplimiento de sus promesas electorales, así como también la consulta de los grupos organizados para la toma de decisiones que afectan a toda la población.
Los medios de comunicación, principalmente la prensa, la radio y el Internet, nos permiten en estos momentos comunicarnos con rapidez y organizarnos con la participación de todos los grupos que integran la sociedad. La población entera está llamada a participar en esta cruzada de fortalecimiento de las instituciones democráticas con el fin primordial de mejorar la calidad de vida de todos los panameños.
Algunos conciudadanos, especialmente los pesimistas y los escépticos enarcan las cejas y sonríen con sarcasmo frente a estas proposiciones, pues tienen las experiencias de movimientos anteriores que han terminado en grupos llenos de ambiciones personales y deseos de protagonismo político. A estos ciudadanos sólo podemos aconsejarles que sean optimistas y que apoyen esta causa en forma desinteresada y positiva, con lo cual aliviarán su espíritu y recibirán los honores que la patria otorga a sus mejores hijos. La patria necesita una sociedad civil organizada.
Sin embargo, notamos que la mayor preocupación de muchos empresarios, profesionales y trabajadores, es la ausencia de militares en nuestras ciudades más importantes, por lo que esa presencia significaba para la economía y la seguridad nacional. Esta preocupación y esta añoranza adquieren muchas veces ribetes vergonzosos, que sonrojan a muchos istmeños que sentimos que nuestro país libre y soberano tiene que desarrollar con urgencia un sentimiento de optimismo y de fe en el destino de nuestra patria, así como el concurso de todos los ciudadanos para elevar el nivel de vida de toda la población.
Una vida mejor para todos los panameños, los de la ciudad y los del campo, significa que no haya desempleo, que todos puedan alimentarse y tengan acceso a buenos servicios de salud, que todos los niños puedan asistir a la escuela y completar su educación básica, con oportunidades para alcanzar una educación superior. También significa que todos puedan vivir en viviendas adecuadas y tengan facilidades para una recreación sana, la cual debe incluir la elevación cultural y espiritual. Es imprescindible que el sistema democrático que nos rige se perfeccione para que los gobernantes puedan escogerse entre los mejores ciudadanos, mediante un sistema eleccionario moderno y realmente representativo de las mayorías. El sistema de seguridad social debe cubrir a toda la población, de manera que nadie carezca de atención médica ni de una pensión de vejez. El sistema judicial requiere ser modernizado y agilizado, para que merezca el respeto y la confianza de nacionales y extranjeros. El "rgano Legislativo necesita ser reestructurado y modernizado, para que sea realmente representativo de la nación y no de sectores aislados.
Son innumerables las tareas que debemos completar para obtener el bienestar colectivo que mencionamos anteriormente. Sin embargo, los ciudadanos de todos los estratos sociales nos preguntamos con frecuencia por qué nuestra república, fundada hace casi un siglo, con una población actual que no llega a los tres millones de habitantes, con un canal norteamericano enclavado en el centro de nuestro territorio y con una franja angosta que ha sido por siglos un puente natural por el que han pasado riquezas fabulosas de todas partes del mundo, no ha podido eliminar el analfabetismo, la desnutrición, el desempleo, la injusticia, la deshonestidad, la inseguridad, la deficiencia gubernamental, la falta de patriotismo y la pobreza.
No es fácil encontrar la respuesta precisa para estas interrogantes, pero podemos mencionar algunos factores que han contribuido a impedir una distribución más humana y más abarcadora del progreso que muestra en sus aspectos físicos la capital de nuestro país. Las características de nuestra geografía y nuestra función de puente del mundo (Pro Mundi Beneficio) ha generado en los panameños un sentimiento de poco arraigo, de transitoriedad. Todo es pasajero, nada es permanente. Estamos esperando que elementos foráneos nos "tiren la toalla" para resolver nuestros problemas del presente, del aquí y el ahora, aunque la mayor parte de la población se mantenga al margen del bienestar. Los partidos políticos, que son necesarios para renovar el gobierno, suelen tener como principal meta la llegada al poder para repartir los puestos públicos y resolver las necesidades económicas de sus adherentes. Todo el mundo está de acuerdo en que Panamá tiene grandes atractivos turísticos, pero las posiciones diplomáticas y consulares se reparten sin tomar en cuenta la preparación de los candidatos para realizar una labor que contribuya a mejorar la imagen de nuestro país en el exterior. Se repite con insistencia que los embajadores son representantes personales del Presidente de la República, por lo tanto, el mandatario nombra en el servicio exterior a sus parientes más cercanos y a sus amigos personales y políticos, aunque nada puedan hacer con eficiencia para servirle a la patria, que requiere en esos puestos a los ciudadanos mejor preparados para esa delicada función.
Los salarios de los altos y medianos funcionarios son exorbitantes, muy alejados del salario mínimo vigente, lo cual contribuye a reafirmar el convencimiento popular de que el partido gobernante comete un abuso al consumir una porción enorme del presupuesto para sufragar esos astronómicos emolumentos.
El sistema democrático que nos rige se fundamenta en la constitución castrense de 1972, cortada a la medida del proceso oligárquico y autocrático que nos gobernó desde 1968 hasta 1989. Esta carta fundamental tiene disposiciones que hacen muy difícil su modificación y está diseñada para perpetuar el sistema de acceder al poder a través de partidos políticos que están basados en intereses crematísticos y familiares.
Las principales características de los gobiernos que ha producido este sistema son la corrupción, el nepotismo, la incapacidad administrativa, el culto a la personalidad, la postergación indefinida de las decisiones, la negación sistemática de los problemas, las arbitrariedades de los gobernantes, la inseguridad jurídica, el servicio exterior ineficiente e improductivo, el abandono de los sectores más necesitados de la población (indígenas, campesinos, obreros, mujeres, niños, estudiantes y adultos mayores). Las plataformas electorales de los partidos políticos contienen impresionantes programas para atender todas las necesidades de la población, pero se convierten en letra muerta cuando se llega al poder.
Frente a este panorama tan desolador, que es comprendido por todos los sectores de la población, no queda otro camino que la organización de la sociedad civil para exigirle a los gobernantes el cumplimiento de sus promesas electorales, así como también la consulta de los grupos organizados para la toma de decisiones que afectan a toda la población.
Los medios de comunicación, principalmente la prensa, la radio y el Internet, nos permiten en estos momentos comunicarnos con rapidez y organizarnos con la participación de todos los grupos que integran la sociedad. La población entera está llamada a participar en esta cruzada de fortalecimiento de las instituciones democráticas con el fin primordial de mejorar la calidad de vida de todos los panameños.
Algunos conciudadanos, especialmente los pesimistas y los escépticos enarcan las cejas y sonríen con sarcasmo frente a estas proposiciones, pues tienen las experiencias de movimientos anteriores que han terminado en grupos llenos de ambiciones personales y deseos de protagonismo político. A estos ciudadanos sólo podemos aconsejarles que sean optimistas y que apoyen esta causa en forma desinteresada y positiva, con lo cual aliviarán su espíritu y recibirán los honores que la patria otorga a sus mejores hijos. La patria necesita una sociedad civil organizada.