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La tarea social


EXISTE PREOCUPACIÓN por los costos sociales que han tenido las políticas de ajuste y de reestructuración y el cambio del modelo de desarrollo. Pero en la medida que éstos parecieran superarse persiste la confianza en que pronto se restablecerá el crecimiento económico y se recuperará el empleo y los ingresos de los sectores más pobres. Se piensa, además, que mediante programas sociales focalizados se irá eliminando el problema de la pobreza y atenuando la desigualdad. Ese optimismo resulta cada vez menos convincente. Si bien es cierto que el comportamiento de la economía en los últimos años muestra que se mantiene la recuperación que se inició hacia 1990, también lo es que el ritmo de crecimiento se mantiene moderado, del orden del 3 al 4%, lo que significa una mejoría muy modesta del PIB per cápita. Por otra parte, no parece probable que este crecimiento se acelere sustancial y sostenidamente en los próximos años.
Los niveles de inversión se han recuperado sólo modestamente gracias, sobre todo, al sector marítimo y la construcción. Pero el coeficiente de inversión está aún muy por debajo de lo que sería necesario para obtener tasas de crecimiento similares a la década del 60. Para lograr elevarlo sustancialmente, es imprescindible un aumento considerable del ahorro interno, privado y público, sólo probable que se logre, en el mediano plazo.
Otro factor determinante del crecimiento y de las inversiones es el comportamiento real y esperado del sector exportador. Pero nada garantiza que ese dinamismo sea perdurable, porque se producen tendencias contradictorias. Por un lado, un proceso acumulativo y progresivo de aprendizaje empresarial y nacional en la conquista de mercados externos. Pero, por otro, una eventual desaceleración en la medida que se vayan agotando los impulsos iniciales por la escasa diversidad de nuestras exportaciones. El valor de las exportaciones se estima que crecerá moderadamente. Este es un ritmo insuficiente para impulsar tasas de inversión y crecimiento adecuado. La dinamizacion de las exportaciones latinoamericanas mediante su diversificación tiene sólo dos exponentes importantes. Brasil y México, gracias a sus políticas deliberadas de exportación de manufacturas de más de dos décadas. Los otros países, incluyendo el nuestro con las actuales políticas económicas. Por éstas y otras razones relacionadas con el lento crecimiento de la economía internacional (excepto la Rep. Popular China), sus tendencias al proteccionismo, limitaciones a la transferencia tecnológica, efectos de biotecnología sobre nuestras ventajas comparativas, deterioro de los ecosistemas y otros factores, considero que Panamá tenderá a mantener un ritmo de crecimiento modesto en los próximos años.
Parece inevitable que se acentúe la heterogeneidad entre y dentro los diferentes sectores productivos, las regiones, las áreas rurales y urbanas, y los distintos estratos sociales. Esta heterogeneidad económica y social se caracteriza por diferencias culturales, institucionales, políticas y demográficas que tienden a sus reproducción. De modo que las nuevas generaciones que viven en la pobreza y el desempleo tienen escasas posibilidades de superarla.
La tarea social que enfrentamos en Panamá es de gran envergadura, pero no debe llevarnos a tomar decisiones desesperadas sin una adecuada evaluación de costo-beneficio.
Cuando Teresita me relató lo ocurrido. Me fui enseguida al consulado cubano, esperé media hora y el Cónsul me recibió. En tono cortés me repitió lo que había dicho a Teresita, que ella necesita una autorización especial por haber nacido cubana y ser considerada cubana, y que yo con visa de turista no podía presentar un libro. Todo lo que le dije para hacerlo recapacitar, fue inútil. Pero al día siguiente empeoró las cosas cuando me llamó para avisarme que en esta oportunidad no me darían una visa de turista. Las presuntas razones eran, según le entendí, que la Iglesia no había pedido permiso para celebrar el acto dentro del cual se presentaba el libro y que habían empapelado la ciudad con anuncios de dicha presentación.
Sin embargo, pude confirmar con el Obispado de Pinar del Río, y se lo comuniqué al consulado , que la Iglesia no pide permiso para los actos que celebra dentro de sus edificios y que los anuncios se habían colocado sólo en los muros de dentro y de fuera de los edificios de la Iglesia como era la costumbre para anunciar actos similares.
Como le dije al Cónsul, todo este comportamiento me deja un sabor muy amargo porque no han mantenido el mutuo respeto que habíamos establecido en nuestra relación a pesar de nuestras diferencias políticas. Además, considero que no es un comportamiento amical para con Panamá.
Por nuestra parte sólo podemos establecer relaciones de civilidad o amistad con personas u organizaciones en la adhesión estricta al respeto que ambas partes se merecen como seres o entes humanos.
(ariyan@sinfo.net)

101 años de Panamá América

 
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