default

La tiranía del PRD


Los hombres somos los principales protagonistas en el escenario universal y la responsabilidad que recae sobre nuestros hombros es única. Tenemos no sólo que mantener el planeta en condiciones óptimas que permita nuestro existir, como lo es el medio ambiente y los recursos no renovables, sino también un sistema socioeconómico que permita la cohabitación pacífica y la igualdad de oportunidades para que cada cual pueda lograr el desarrollo deseado, sin menoscabar el de sus semejantes. Lamentablemente ello no ocurre y existen evidencias que en un desenfreno por el consumo nos hemos olvidado de la preservación del planeta y de la instauración de un sistema socio económico que favorezca a las mayorías.
Las condiciones socio económicas del panameño, por ejemplo, dejan mucho que desear lo que evidencia que el sistema no está funcionando y por lo tanto hay que sustituirlo. Un modelo económico sólo es útil si produce indicadores tangibles de bienestar. Lamentablemente los que gobiernan se han preocupado de asegurar sus goces y suerte y se han despreocupado de los demás. Panamá sólo ha existido para ellos y no han sido tomadas en cuenta las grandes mayorías. El gobierno en forma déspota ha establecido la tiranía del mercado, el imperio "del capitalismo salvaje", sin importarle si los efectos de las líneas económicas sólo producen acumulación y grandeza en los que ya, de por sí, tendían oportunidades y riqueza económica. No les ha importado, o al menos así ha dado la impresión, que el modelo cada vez con mayor dramatismo aleja las posibilidades del avance social.
Nuestro gobierno pareciera, en ocasiones, que le molesta tratar con los pobres y así vemos cómo tratan, como problemas de segundo orden, la solución de sus problemas. Esto los ha llevado a no tener un correcto orden de prioridades en el gasto público.
Han insistido hasta la saciedad en imponernos un modelo económico foráneo, antipanameño, cuyos indicadores tangibles no dan ninguna muestra de bienestar para los sectores más desprotegidos de la población lo que ha agravado las dificultades y profundizado las desigualdades. Han preconizado medidas económicas entreguistas a intereses foráneos, siempre con miras a idolatrar a quien han endiosado: el mercado.
Desean someter al hombre al mercado, al capital.
Lo grave es que pareciera que muy pocos somos conscientes de esta realidad y si de nuestros políticos se trata éstos yacen perezosos, no desean complicarse la existencia con estos problemas. Se mantienen en espera de algún suceso de la naturaleza, más no de la política, que pueda cambiar las cosas. Son cómplices silenciosos de todo lo que ocurre. Mientras tanto, juegan sus fichas a las circunstancias imperantes y no hacen nada por modificar la injusta situación. Ayudan a crear el oscurantismo al repetir que "no hay otro camino", que "nos dejará el tren del progreso" y otro poco de sandeces, si no se adoptan tales o cuales medidas, discriminatorias y sádicas, contra las mayorías nacionales. Emplean el terror para imponer sus doctrinas.
El gobierno ha traicionado los intereses nacionales y ha entregado a Panamá a los intereses de los países industrializados quienes, con cuentos de hadas y promesas a tan largo plazo que no tendremos vida para constatarlo, han desnaturalizado las relaciones humanas y a todos nos han sometido a la tiranía de un modelo económico que sólo desesperanza ha creado en la ciudadanía.
Si estamos equivocados entonces que nos refuten con ejemplos tangibles y no con la acostumbrada retórica. Que nos muestren los logros del modelo económico que con tanto ímpetu defienden porque éste sólo será útil si produce indicadores tangibles de bienestar. Nuestros gobernantes parecen no haber entendido que para mantener y acrecentar la gobernabilidad democrática y la estabilidad económica es menester un cambio inmediato en los beneficios traducidos en justicia social.
Debemos rechazar la concepción neocapitalista que reduce la educación a obtener mano de obra barata para la producción de bienes y servicios. No caigamos en la celada y como tontos útiles repitamos las consignas del neoliberalismo que propugna por una educación sólo tecnológica. La educación debe ser también humanista para que tengamos hombres y mujeres críticos de la realidad actual y capaces de cambiarla.
Nuestra presunta democracia no es más que una idealización. El sistema democrático panameño es ineficiente por la injusticia, la fusión o control de los poderes del Estado por el Organo Ejecutivo, la violencia, la corrupción, la distribución desigual de la riqueza y el lavado de dinero del narcotráfico internacional y de otros delitos contra las arcas del Estado. Todos debemos, en las próximas elecciones, votar en contra del continuismo de las políticas neoliberales del presente gobierno.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América